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jueves, 1 de agosto de 2013

qué pasa en las ffaa? se pregunta Alvaro Puente Calvo, otrora tenido como un intelectual masista. no deberían ser las primeras en reaccionar?

Casi a diario las Fuerzas Armadas nos sobresaltan con la noticia macabra de alguna muerte espeluznante. Un disparo misterioso que nadie hizo, una muerte en una bacanal inundada de alcohol, una brutal golpiza que acaba en muerte, otro que se escapa con el camión del cuartel para morir. Lo peor es que entre las explicaciones dudosas que nunca convencen está escondido el más triste componente: la complicidad institucional. En una de las inexplicables muertes se descubrió, escondido en un cuartel, al militar involucrado en otra muerte. Ellos lo tenían ahí, guardado y protegido, lejos de la justicia. Tuvo que llegar el nuevo escándalo para encontrar al prófugo y dejar a los jefes en evidencia.


En primer lugar, si los jefes quisieran unas FFAA limpias, ejemplares, transparentemente correctas, al servicio pleno de la patria, serían ellos los primeros en saltar cuando un demente dispara el tiro que nunca debería salir de sus armas. Serían ellos los primeros en saltar ante la mínima mancha que pudiera denigrar a su institución y a su patria. Si esconden al asesino, si disculpan al gatillero, si trastabillan inventando confusas explicaciones, es porque no aman tanto a su institución. Es más fuerte el espíritu de cuerpo, de clan de amigos que se apoyan por encima de todo. Tienen la debilidad de las logias y de las pandillas, que antes son amigos que servidores de una causa, de un pueblo, de una verdad.
En segundo lugar, este irresponsable y salvaje uso de sus armas y de su autoridad es un terrible medidor de la calidad de nuestras FFAA. En ningún Ejército del mundo se cuentan ni la cuarta parte de las muertes que hay en nuestros cuarteles. Es indicio de la calidad de los que las conducen. Es síntoma de lo débiles que son sus principios, su responsabilidad, su conciencia de ser los más seguros y confiables guardianes de su tierra y de su gente.
Por último, es el momento de preguntarnos si vale la pena gastar para esto la mitad de nuestra riqueza. ¿Este grupo que cree que las armas y las vidas que les confiamos son juguetes, estos que dan rienda suelta a sus odios y rencillas hasta matar, este grupo que cree que se forma a los soldados matándolos a golpes, es más importante que la educación y el crecimiento de nuestra gente? ¿Este grupo, que jamás podrá defendernos del ataque de ninguno de nuestros vecinos, es más importante que la salud, que la vida y el consuelo de nuestros enfermos? ¿Este grupo es más importante que nuestro desarrollo económico? ¿No es este el mejor momento para declarar al mundo que renunciamos al uso de la fuerza en nuestra relación con los demás países? (Está en El Deber, SC, Bolivia)

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