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viernes, 21 de julio de 2017

Los Tiempos expresa preocupación por el retorno del tema explosivo de los cocales en el ámbito boliviano. hubo relativa calma introduce, que reaparece después de 11 anos. los sucesos en Colomi ojalá no se expandan y el pleito quede allí.


Los cocales y su potencial explosivo


Después de 11 años de relativa calma, el tema vuelve a poner en vilo la estabilidad política, económica y social de nuestro país. Es de esperar que el desafío sea afrontado con la seriedad que merece.

Tal como viene ocurriendo desde hace ya muchos años, la publicación del informe anual del Monitoreo de Cultivos de Coca en los Yungas, que se realiza como labor conjunta entre el Estado Plurinacional y la Organización de las Naciones Unidas Contra las Drogas y el Delito (Onudc), ha vuelto a poner en el primer plano de la agenda pública nacional el tema relativo a la evolución de los cultivos de coca en Bolivia, Perú y Colombia.

Este año, a diferencia de los anteriores, los datos presentados por Onudc han tenido una especial repercusión por diferentes motivos. Uno de ellos, el más visible, se debe a que durante el último año se habría revertido una tendencia descendente en la cantidad de hectáreas destinadas a las plantaciones de coca. Es decir, se habría agotado una fórmula que hasta el año pasado fue defendida por el Gobierno nacional con el franco apoyo de varios organismos internacionales.

Es verdad que siempre hubo muchas dudas sobre la veracidad de las cifras en las que se basaban esos balances, a pesar de que se llegó a cierto consenso para reconocer que el “modelo boliviano”, pese a sus limitaciones, era el mejor de los posibles. Ayudaba a esa percepción positiva el contraste frente a los pésimos resultados obtenidos en años y décadas pasadas en nuestro país y las cifras mucho más negativas que arrojaban las evaluaciones hechas en Perú y Colombia.

A lo anterior se suman dos noticias que durante los últimos días han dado una nueva dimensión al problema de la coca y el narcotráfico en nuestro país. Nos referimos, por una parte, a la ola de violencia que ha puesto en evidencia la existencia de organizaciones delictivas directamente relacionadas con el negocio del narcotráfico y a las que dan cuenta del involucramiento de personas muy cercanas al entorno gubernamental en esas actividades.

Los hechos que tras esas noticias salieron a luz no son novedosos, pues desde hace ya mucho tiempo se podían ver serios indicios del avance del crimen organizado y de las pugnas entre diversas organizaciones de productores de coca. Sin embargo, la contundencia con que se han hecho presentes en la agenda nacional ha vuelto a poner en evidencia la complejidad de la cadena productiva y comercial que va desde la producción de coca hasta la comercialización de la cocaína y lo vulnerable que es nuestro país ante sus efectos económicos, políticos y sociales.

Si a ello se suman otros temas cuyo potencial conflictivo es todavía muy grande, como el relativo al avance de las plantaciones de coca sobre los parques nacionales y áreas protegidas, como el Isiboro Sécure, Carrasco, Cotapata, Amboró, Apolobamba y Madidi se puede constatar que los datos presentados por Onudc, a pesar de su muy cuestionado valor estadístico, dan cabal cuenta de la magnitud de un problema que después de 11 años de relativa calma vuelve a poner en vilo la estabilidad política, económica y social de nuestro país.

La experiencia acumulada durante las últimas décadas indica que minimizar la importancia de todo lo que eso significa sería un grave error. Por eso, es de esperar que más allá de las mezquindades y dogmatismos habituales, el desafío sea afrontado con la seriedad que merece.

lunes, 17 de julio de 2017

no menciona para nada Carlos Mesa en el texto que sigue el tema en debate de "los adefesios en construcción en Plaza Murillo" aunque queda claro que cuando habla del monoblogk de la San Simón, obra entregada en 1948, describe la obra de Emilio Villanueva inspirada en Tiahuanaco auténticamente boliviana.


La obra estelar de Emilio Villanueva


Con el monoblock de la UMSA, Emilio Villanueva culminó su larga carrera como arquitecto, en él plasmó y aplicó todas sus ideas respecto a la arquitectura. Este edificio se convierte, por esto, en el testimonio hasta hoy más conseguido en el difícil camino para lograr una arquitectura nacional y universal. Fue pensado y construido hace nada menos que setenta años…
Entre 1910 y 1950, por más de 40 años, Emilio Villanueva revolucionó los moldes tradicionales de la arquitectura boliviana y plasmó en la construcción y en el urbanismo conceptos que eran hasta entonces desconocidos en nuestro medio. El arquitecto buscó un estilo nacional que no consideraba ya la posibilidad de una arquitectura puramente boliviana, al ser esta una expresión universal que responde a necesidades y problemas comunes y, en definitiva, a una cosmovisión global que permitía la búsqueda de soluciones similares en muchas partes del planeta.
Se hacía eco entonces de una arquitectura que a partir del racionalismo de Le Corbusier planteaba sistemas de aplicación mundial.  El concepto superaba el lirismo chauvinista y buscaba la integración de la arquitectura boliviana a la universal, imprimiendo en ésta algunas características que la identificaran.
Si bien las ideas racionalistas que se estaban aplicando en Europa fueron acogidas plenamente por Villanueva, el academicismo al que había estado apegado en sus inicios no había desaparecido totalmente. Su primer gran proyecto en la nueva dirección fue el Estadio Hernando Siles (1930). Pero donde realmente estableció su visión de una nueva arquitectura fue en el monoblock central de la Universidad Mayor de San Andrés estrenado el 24 de julio de 1948. Se planteó allí la cuestión del estilo. Villanueva se refirió al tema y dijo: “independiente del estilo, está la rúbrica que imponen las condiciones locales y de origen. Para imprimir esta fisonomía se han insinuado dos figuraciones de la arqueología tiahuanacota; el ‘signo escalonado’ y el ‘signo sol’.  Estas alusiones no pretenden dar un tono ni en la estructura ni en el detalle”.
Por eso aplicó el motivo recurrente en el frontis del monoblock, un gran cuerpo central y dos laterales a modo de alas, el frontis principal superpuesto a los brazos, y éstos terminados en dos pequeños añadidos escalonados detrás de las alas.  De este modo la planta del frontis repite la figura escalonada.  No es casual que Villanueva volviera a recurrir a una forma clásica, que implica simetría y figuras geométricas. El funcionalismo superó y rechazó totalmente la simetría, sin embargo, no podemos negar una búsqueda funcionalista en el monoblock. Conscientemente o no, Villanueva aplicó formas estructurales que querían imprimir una característica nacional y ecuménica. En el caso concreto del frontis del edificio universitario debemos considerar la influencia de los diseños de Kis sobre la ciudad de Tiahunaco, que el autor reprodujo en uno de sus libros teóricos y que después quedaron desechados por investigadores como Ponce en base a las excavaciones posteriores a la romántica y puramente teórica imagen que tenía Kis.
Una solución de planta cuadrada para el bloque central del edificio parecía inverosímil.  Villanueva la justificó así: “También se ha dicho que la planta del cuerpo elevado debió ser rectangular y no cuadrada. Esta apreciación es errada.  Lo que se busca en un plano típico, ante todo, es la economía de costo y de espacio sin afectar la parte funcional. Una buena planta es una planta compacta, y el perímetro de una planta compacta no puede ser sino un cuadrado”. Hay que añadir que la planta cuadrada responde a esta extraña mezcla de formas simétricas y aplicación funcional en el uso, características del último período de nuestro autor.
Como él mismo dice, dos son los signos utilizados en lo decorativo: el signo escalonado y el signo sol, imagen de la divinidad solar en la cosmogonía de esa gran cultura andina. Ambos aparecen en el frontis y en la coronación del edificio; se repiten en las puertas de ingreso, muy bien terminadas y de un gran sentido plástico, en el enrejado que rodea al edificio, en la parte superior del escenario del Paraninfo y en los diseños interiores de los ascensores. El signo imperante es el escalonado, muy propio para rejas y puertas.  El signo sol y los guerreros de la puerta del sol se aplican en el bloque central del frontis, estilizados aún más que los originales. El remate del piso 13, además de los frisos zigzagueantes y escalonados, termina en cuatro pequeñas cabezas al estilo de las del templete semisubterráneo.
La distribución del cuerpo central del frontis guarda indudable relación con la Puerta del Sol; quedando el vano de la puerta tiahuanacota delimitado por todo el espacio ocupado por las puertas y ventanas de la fachada, lo que nos da la pauta de que por una vez en Bolivia, se hizo el aprovechamiento adecuado de los motivos originales, dándoles sentido dentro de una arquitectura funcional.
Con el monoblock de la UMSA, Emilio Villanueva culminó su larga carrera como arquitecto, en él plasmó y aplicó todas sus ideas respecto a la arquitectura. Este edificio se convierte, por esto, en el testimonio hasta hoy más conseguido en el difícil camino para lograr una arquitectura nacional y universal. Fue pensado y construido hace nada menos que setenta años…

El autor fue presidente de la República
http://carlosdmesa.com/ 
Twitter: @carlosdmesag

viernes, 7 de julio de 2017

la frase "cuento chino" se reproduce no sólo en Bolivia, también en Nicaragua cuando todo el mundo se creyó "lo del Canal de Nicaragua" emulando al Canal de Panamá como una via sustituta que generaría medio millón de empleos en aquel pobre país centroamericano en manos del "ultimo chavista" o penúltimo si se quiere...todo resultó siendo un cuento chino, o sea un engano, una mentira, lo dice Oppenhamer en su último artículo.


El cuento chino del canal de Nicaragua


Los políticos suelen anunciar grandiosas obras públicas que nunca llegan a concretarse, pero el presidente nicaragüense Daniel Ortega debería ingresar al Libro Guinness de récords por haber prometido uno de los megaproyectos más ambiciosos y surrealistas del mundo que probablemente nunca verá la luz del día.
Hace cuatro años, Ortega hizo titulares en todo el mundo al anunciar que una firma china construiría un canal interoceánico de $us 40.000 millones en Nicaragua, que competiría con el Canal de Panamá y convertiría a Nicaragua en una línea oceánica clave a nivel mundial. En una acción que parecía sacada de una novela de realismo mágico de Gabriel García Márquez, Ortega ordenó a su bancada mayoritaria en la Asamblea Nacional que aprobara una “ley especial” que básicamente transfería la soberanía nacional por 50 años —con una opción de ser extendidos por otros 50 años— a un entonces misterioso empresario chino llamado Wang Jing.
La ley del 13 de junio de 2013 otorgaba a la compañía de Wang, HKND, una concesión exclusiva para construir un canal interoceánico y siete proyectos relacionados, incluyendo puertos, aeropuertos y centros turísticos. La ley nicaragüense fue aprobada en cuestión de días, sin un referéndum ni un debate nacional.
La ley aseguraba que el Canal de Nicaragua haría crecer el producto interno bruto de Nicaragua en un 15 por ciento en 2016 y generaría más de 550.000 empleos directos e indirectos. Laureano Ortega, el hijo de 27 años del presidente, un cantante de ópera y asesor gubernamental, fue nombrado como el enlace del gobierno con HKND.
Wang fue a Nicaragua en 2013 y lanzó el proyecto junto a Ortega en una ceremonia que hizo grandes titulares en todo el mundo. En ese momento, había especulaciones generalizadas de que el Gobierno chino estaba detrás de Wang, y que China aumentaría significativamente su influencia en América Latina controlando una de las principales vías marítimas del mundo.
Ortega pintó el proyecto del Canal como el cumplimiento de un sueño secular de Nicaragua. “Tanto tiempo nuestro pueblo yendo por el desierto, buscando la tierra prometida. ¡Llegó el día! ¡Llegó la hora de alcanzar la tierra prometida!”, dijo Ortega en la ceremonia de anuncio del Canal, parado junto a quien llamó “hermano” Wang.
En diciembre de 2014, Wang hizo una nueva aparición en Nicaragua, esta vez para inaugurar lo que dijo sería “el comienzo del proyecto del Canal” en Brito, en la costa del Pacífico. “Este es un momento importante para la humanidad”, dijo Wang, al anunciar la ampliación de un camino de tierra de seis kilómetros que conduce al puerto.
A principios de esta semana, llamé a Carlos Fernando Chamorro, el director de la prestigiosa revista Confidencial de Nicaragua, para preguntarle sobre el estado actual del canal interoceánico de Nicaragua.
“No hay nada, absolutamente nada”, me dijo Chamorro. “Ensancharon en un metro ese camino de tierra de seis  kilómetros, y eso fue todo. El camino sigue siendo de tierra”.
A finales de 2015, Wang perdió gran parte de su fortuna cuando su empresa de telecomunicaciones Xinwei fue afectada por una fuerte caída en la bolsa de Hong Kong, según Bloomberg.com.
Desde entonces, HKND ha anunciado esporádicamente nuevos estudios de impacto ambiental, pero no hay construcción de canal a la vista. Ortega no ha hablado del “hermano” Wang ni del proyecto del Canal en los últimos dos años, me dijo Chamorro.
HKND recientemente apareció como patrocinador del “Festival Puccini” de ópera en Nicaragua. Allí se exhibió la ópera Tosca, con el tenor —ya lo habrán adivinado— Laureano Ortega.
Mi opinión: Toda esta historia sería un excelente guión para una película cómica, pero es un triste reflejo de un país asolado por la pobreza que es manejado como un feudo familiar por Ortega y su esposa. Como me dijo Chamorro, la conclusión es que no hay Canal, y hay crecientes temores de un esquema de corrupción masiva.
Hay temores de que Wang ahora pueda usar su concesión de 50 años para vender los derechos de puertos, aeropuertos y complejos turísticos, con cero beneficio para el pueblo nicaragüense. Sería un caso de estudio de cómo los regímenes autoritarios a menudo se convierten en los más incompetentes, y los más corruptos.

El autor es columnista de The Miami Herald y El Nuevo Herald.
(C) 2017 El Nuevo Herald Distribuido por Tribune Content Agency

sábado, 10 de junio de 2017

magnífica crónica ilustrada de INFOBAE que ayuda a comprender cuáles son las fuerzas a las que se enfrenta el pueblo venezolano en sus salidas a la calle. 85 muertos hasta ahora desde que empezaron las protestas. Maduro gasta ingentes sumas en reprimir esta manifestaciones ante los ojos del mundo entero.


Radiografía de los 6 "ejércitos" que tiene el chavismo para reprimir las protestas civiles


Los seis ejércitos con los que cuenta el chavismo
Tras dos meses y diez días de intensas protestas, la feroz respuesta represiva de un régimen al que se le cayó la máscara democrática ya mató a 85 personas. Miles de ciudadanos se movilizaron el jueves a la noche en Caracas para recordar a la última víctima, Neomar Lander, de 17 años. Murió luego de que un policía le disparara una bomba lacrimógena en el pecho mientras marchaba en la céntrica avenida Francisco de Miranda.
Las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 dejaron en claro que el gobierno de Nicolás Maduro perdió el apoyo popular y se volvió una expresión minoritaria. Por eso impidió que se realizara un referéndum revocatorio que habría implicado su salida del poder. La irrefrenable ola de protestas que comenzaron a principios de abril demuestra que ya ni siquiera tiene el control de la calle, que había dominado desde el ascenso de Hugo Chávez.
El principal sostén del chavismo hoy son las fuerzas armadas y de seguridad, que a pesar de la debilidad del gobierno se mantienen firmes en la decisión de ahogar toda forma de expresión política opositora. Los dos principales "ejércitos" son la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que están todos los días en la calle reprimiendo al grueso de las protestas.
Efectivos de la Policía Nacional reprimen una protesta opositora (Reuters)
Efectivos de la Policía Nacional reprimen una protesta opositora (Reuters)
Policía y Guardia Nacional, las dos fuerzas de choque
"Ambos cuerpos operan de forma conjunta. Básicamente, primero interviene la PNB, y luego, de acuerdo a la dimensión de la protesta, la GNB. Además, la Guardia Nacional se ve desplegada en las principales ciudades del país, en las cuales toma avenidas y puntos claves con tanquetas, equipos y efectivos que restringen el paso y el libre tránsito de los ciudadanos", contó José Antonio Rivas Leone, profesor del Centro de Investigaciones de Política Comparada en la Universidad de Los Andes Mérida, consultado por Infobae.
La PNB es un órgano civil, cuenta con unos 16.000 efectivos y depende directamente del Ministerio de Relaciones Interiores. En cambio, la GNB, que tiene 70.000 agentes, es una de las cuatro ramas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), así que no tendría por qué ocuparse del control de la seguridad interior. Sin embargo, la PNB está supeditada a la GNB, ya que su jefe, el mayor general Juan Francisco Romero Figueroa, y el ministro de Interiores, el mayor general Néstor Luis Reverol Torres, son los hombres fuertes de la Guardia Nacional. Por encima de ellos, como máxima autoridad políticomilitar por debajo de Maduro, está el mayor general Vladimir Padrino López, que es ministro de la Defensa y Comandante Estratégico Operacional de la FANB.
Manifestantes confrontan a agentes de la Guardia Nacional (EFE)
Manifestantes confrontan a agentes de la Guardia Nacional (EFE)
"La gran promesa que se hizo en Venezuela en 1999, cuando se aprobó la Constitución, fue la desmilitarización de la seguridad ciudadana. Ese compromiso nunca pudo ser honrado y lo que vemos hoy es la militarización en su máxima expresión. Lo único que sostiene al gobierno es el control del Ejército sobre el pueblo", explicó a Infobae Rocío San Miguel, presidente de la asociación civil Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional.
Señalado por ser el principal responsable político de la brutal represión, Reverol fue destituido este jueves por la Asamblea Nacional, controlada por la oposición. Si bien el parlamento tiene la facultad constitucional para remover ministros, en los hechos fue despojado de toda autoridad por el gobierno y su títere, el Tribunal Supremo de Justicia. Por eso el funcionario continuará en el cargo. "A partir de este momento además de asesino le diremos usurpador", dijo la presidenta de la Comisión de Política Interior, Delsa Solórzano.
Al grave problema de que la seguridad y el orden público sean abordados con un lógica militar, hay que sumar otro aún más grave: la politización de los uniformados. "La partidización e ideologización de la FANB durante las presidencias de Chávez y Maduro terminó hipotecando su prestigio y desempeño —dijo Rivas Leone—. Sirve no a la nación venezolana, sino al gobierno, a una parcialidad política, llámese Revolución Bolivariana, Socialismo del Siglo XXI o chavismo".
Soldados del Ejército Nacional, en uno de los tantos desfiles que organiza el gobierno (EFE)
Soldados del Ejército Nacional, en uno de los tantos desfiles que organiza el gobierno (EFE)
Las fuerzas de reserva
Hasta el momento, el Ejército Nacional no participó directamente en la represión. Pero al régimen le fascina hacer desfiles mostrando su poderío y Maduro no va a dudar en utilizarlo si considera que su gobierno corre peligro. Tiene uno 130.000 efectivos y su jefe directo es el mayor general Juan de Jesús García Toussaintt, aunque por encima de él está Padrino López. "En teoría no debería intervenir, a menos que haya una escalada de violencia o una explosión social que desborde la capacidad operativa de la GNB y de los cuerpos de seguridad", dijo San Miguel.
Una fuerza con la que Chávez y Maduro buscaron amedrentar a sus detractores, aunque todavía no utilizaron, es la Milicia Nacional Bolivariana. Son civiles armados por el gobierno para servir de complemento a la FANB en caso de que se desaten emergencias o se declare el estado de excepción. Su comandante es el mayor general César Vega González y se calcula que tiene unos 100.000 miembros, aunque Maduro anunció el 17 de abril, sólo 15 días después de que se desataran las protestas, un plan para que lleguen a ser medio millón.
"Este inminente despliegue de fuerzas militares y de milicias civiles ordenado por el Poder Ejecutivo representa una grave amenaza a los estándares en materia de protección de la seguridad ciudadana y de los derechos humanos", aseguró la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en un comunicado difundido el pasado 20 de abril.
Milicianos chavistas durante una demostración (AFP)
Milicianos chavistas durante una demostración (AFP)
Hay un órgano —quizás el más importante de todos— que opera en las sombras. Es el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Su presupuesto y su plantilla son clasificados, así que no hay datos certeros sobre sus integrantes. Ni siquiera se puede tener clara dimensión de cuáles son todas sus actividades. Pero es cada vez más relevante en la estructura de poder del chavismo.
No es una fuerza de choque así que, formalmente, no participa de la represión. No obstante, muchos de los manifestantes detenidos son trasladados a cárceles del Sebin, lo cual carece de toda lógica, a menos que el objetivo sea obtener información para aumentar el control sobre la oposición. Por otro lado, durante las movilizaciones de 2014 fue notoria la participación de agentes de inteligencia en los ataques contra los manifestantes. De hecho, fotos y videos registraron el momento en que el comisario del Sebin José Ramón Perdomo Camacho asesinó a balazos al estudiante Bassil Da Costa, el 12 de febrero de 2014. Luego sería condenado a 29 años y 6 meses de prisión.
"Es la policía política del estado venezolano. Ha hecho detenciones y seguimientos", contó Luis Alberto Buttó, director del Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad de la Universidad Simón Bolívar, en diálogo con Infobae. También es dirigido por un militar, Gustavo González López. Aunque el jefe político es el vicepresidente Tareck el Aissami, uno de los civiles más poderosos en la estructura del chavismo.
Agentes del Sebin durante un operativo
Agentes del Sebin durante un operativo
El ejército irregular
La sexta fuerza es sin dudas la más peligrosa, porque está al margen de las estructuras estatales. Se los conoce como "colectivos" y son bandas criminales, fuertemente armadas, que responden al gobierno. El poder político y militar les brinda impunidad para que se dediquen a una amplia gama de negocios ilegales y, a cambio, operan como grupos de choque que emboscan, atacan y eventualmente asesinan a manifestantes opositores. Controlan algunos barrios marginales de la periferia de Caracas y de otras grandes ciudades, y se hacen notar porque se mueven en moto.
"Son grupos armados que están al margen de la ley, y que son afines a la defensa de la revolución —contó San Miguel—. Están operando en muchos estados con la anuencia de las autoridades militares. Esto ha quedado demostrado en Caracas, Táchira, Mérida, Carabobo, Barinas y Lara. No ha existido ni una sola operación registrada para reprimir a los colectivos".
Miembros de los colectivos chavistas (AFP)
Miembros de los colectivos chavistas (AFP)
Al ser extremadamente violentos e inorgánicos, se volvieron cada vez más incontrolables. "Ahorita no existe una autoridad única, hay quienes son más cercanos a Diosdado Cabello, otros a Freddy Bernal (el jefe nacional de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción) y otros a Maduro", explicó Rafael Uzcátegui, coordinador general del Programa Venezolano de Educación – Acción en Derechos Humanos (Provea), recientemente entrevistado por Infobae.
"Estas fuerzas irregulares o paraestatales operan con la complicidad y el apoyo del gobierno y de los propios organismos de seguridad. 'Colectivos', 'círculos bolivarianos' y otros siembran terror en ciertos sectores y lugares de Venezuela, queman y atentan contra particulares y bienes públicos y privados. Hemos visto que se cuestiona su actuación desde el punto de vista verbal, mas no en términos de la realidad, donde pareciera que cooperan en las acciones de represión contra los venezolanos que están en las calles mostrando inconformidad con unas políticas que se traducen en hambre, miseria, desnutrición, escasez de medicinas y alimentos, inseguridad, corrupción y demás", afirmó Rivas Leone.
Vladimir Padrino López junto a Nicolás Maduro
Vladimir Padrino López junto a Nicolás Maduro
Una anarquía creciente
"No quiero ver un guardia nacional más cometiendo una atrocidad en la calle. El que se aparte de la línea de estado, de la preeminencia de los derechos humanos, y que se comporte no como un profesional, entonces tiene que asumir su responsabilidad", dijo Padrino López esta semana durante un acto en el Fuerte Tiuna de Caracas.
La declaración del máximo responsable de la seguridad y la defensa en el país generó mucha sorpresa. Algunos dirigentes y comentaristas elogiaron su honestidad, que esconde una autocrítica implícita, algo que choca con los cánones del discurso chavista. Pero otros lo consideraron una hipocresía, ya que tomó distancia del accionar de agentes que no hicieron más que ejecutar sus órdenes.

Radiografía de los 6 "ejércitos" que tiene el chavismo para reprimir las protestas civiles

Los seis ejércitos con los que cuenta el chavismo
Tras dos meses y diez días de intensas protestas, la feroz respuesta represiva de un régimen al que se le cayó la máscara democrática ya mató a 85 personas. Miles de ciudadanos se movilizaron el jueves a la noche en Caracas para recordar a la última víctima, Neomar Lander, de 17 años. Murió luego de que un policía le disparara una bomba lacrimógena en el pecho mientras marchaba en la céntrica avenida Francisco de Miranda.
Las elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 dejaron en claro que el gobierno de Nicolás Maduro perdió el apoyo popular y se volvió una expresión minoritaria. Por eso impidió que se realizara un referéndum revocatorio que habría implicado su salida del poder. La irrefrenable ola de protestas que comenzaron a principios de abril demuestra que ya ni siquiera tiene el control de la calle, que había dominado desde el ascenso de Hugo Chávez.
El principal sostén del chavismo hoy son las fuerzas armadas y de seguridad, que a pesar de la debilidad del gobierno se mantienen firmes en la decisión de ahogar toda forma de expresión política opositora. Los dos principales "ejércitos" son la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB), que están todos los días en la calle reprimiendo al grueso de las protestas.
Efectivos de la Policía Nacional reprimen una protesta opositora (Reuters)
Efectivos de la Policía Nacional reprimen una protesta opositora (Reuters)
Policía y Guardia Nacional, las dos fuerzas de choque
"Ambos cuerpos operan de forma conjunta. Básicamente, primero interviene la PNB, y luego, de acuerdo a la dimensión de la protesta, la GNB. Además, la Guardia Nacional se ve desplegada en las principales ciudades del país, en las cuales toma avenidas y puntos claves con tanquetas, equipos y efectivos que restringen el paso y el libre tránsito de los ciudadanos", contó José Antonio Rivas Leone, profesor del Centro de Investigaciones de Política Comparada en la Universidad de Los Andes Mérida, consultado por Infobae.
La PNB es un órgano civil, cuenta con unos 16.000 efectivos y depende directamente del Ministerio de Relaciones Interiores. En cambio, la GNB, que tiene 70.000 agentes, es una de las cuatro ramas de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), así que no tendría por qué ocuparse del control de la seguridad interior. Sin embargo, la PNB está supeditada a la GNB, ya que su jefe, el mayor general Juan Francisco Romero Figueroa, y el ministro de Interiores, el mayor general Néstor Luis Reverol Torres, son los hombres fuertes de la Guardia Nacional. Por encima de ellos, como máxima autoridad políticomilitar por debajo de Maduro, está el mayor general Vladimir Padrino López, que es ministro de la Defensa y Comandante Estratégico Operacional de la FANB.
Manifestantes confrontan a agentes de la Guardia Nacional (EFE)
Manifestantes confrontan a agentes de la Guardia Nacional (EFE)
"La gran promesa que se hizo en Venezuela en 1999, cuando se aprobó la Constitución, fue la desmilitarización de la seguridad ciudadana. Ese compromiso nunca pudo ser honrado y lo que vemos hoy es la militarización en su máxima expresión. Lo único que sostiene al gobierno es el control del Ejército sobre el pueblo", explicó a Infobae Rocío San Miguel, presidente de la asociación civil Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada Nacional.
Señalado por ser el principal responsable político de la brutal represión, Reverol fue destituido este jueves por la Asamblea Nacional, controlada por la oposición. Si bien el parlamento tiene la facultad constitucional para remover ministros, en los hechos fue despojado de toda autoridad por el gobierno y su títere, el Tribunal Supremo de Justicia. Por eso el funcionario continuará en el cargo. "A partir de este momento además de asesino le diremos usurpador", dijo la presidenta de la Comisión de Política Interior, Delsa Solórzano.
Al grave problema de que la seguridad y el orden público sean abordados con un lógica militar, hay que sumar otro aún más grave: la politización de los uniformados. "La partidización e ideologización de la FANB durante las presidencias de Chávez y Maduro terminó hipotecando su prestigio y desempeño —dijo Rivas Leone—. Sirve no a la nación venezolana, sino al gobierno, a una parcialidad política, llámese Revolución Bolivariana, Socialismo del Siglo XXI o chavismo".
Soldados del Ejército Nacional, en uno de los tantos desfiles que organiza el gobierno (EFE)
Soldados del Ejército Nacional, en uno de los tantos desfiles que organiza el gobierno (EFE)
Las fuerzas de reserva
Hasta el momento, el Ejército Nacional no participó directamente en la represión. Pero al régimen le fascina hacer desfiles mostrando su poderío y Maduro no va a dudar en utilizarlo si considera que su gobierno corre peligro. Tiene uno 130.000 efectivos y su jefe directo es el mayor general Juan de Jesús García Toussaintt, aunque por encima de él está Padrino López. "En teoría no debería intervenir, a menos que haya una escalada de violencia o una explosión social que desborde la capacidad operativa de la GNB y de los cuerpos de seguridad", dijo San Miguel.
Una fuerza con la que Chávez y Maduro buscaron amedrentar a sus detractores, aunque todavía no utilizaron, es la Milicia Nacional Bolivariana. Son civiles armados por el gobierno para servir de complemento a la FANB en caso de que se desaten emergencias o se declare el estado de excepción. Su comandante es el mayor general César Vega González y se calcula que tiene unos 100.000 miembros, aunque Maduro anunció el 17 de abril, sólo 15 días después de que se desataran las protestas, un plan para que lleguen a ser medio millón.
"Este inminente despliegue de fuerzas militares y de milicias civiles ordenado por el Poder Ejecutivo representa una grave amenaza a los estándares en materia de protección de la seguridad ciudadana y de los derechos humanos", aseguró la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en un comunicado difundido el pasado 20 de abril.
Milicianos chavistas durante una demostración (AFP)
Milicianos chavistas durante una demostración (AFP)
Hay un órgano —quizás el más importante de todos— que opera en las sombras. Es el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin). Su presupuesto y su plantilla son clasificados, así que no hay datos certeros sobre sus integrantes. Ni siquiera se puede tener clara dimensión de cuáles son todas sus actividades. Pero es cada vez más relevante en la estructura de poder del chavismo.
No es una fuerza de choque así que, formalmente, no participa de la represión. No obstante, muchos de los manifestantes detenidos son trasladados a cárceles del Sebin, lo cual carece de toda lógica, a menos que el objetivo sea obtener información para aumentar el control sobre la oposición. Por otro lado, durante las movilizaciones de 2014 fue notoria la participación de agentes de inteligencia en los ataques contra los manifestantes. De hecho, fotos y videos registraron el momento en que el comisario del Sebin José Ramón Perdomo Camacho asesinó a balazos al estudiante Bassil Da Costa, el 12 de febrero de 2014. Luego sería condenado a 29 años y 6 meses de prisión.
"Es la policía política del estado venezolano. Ha hecho detenciones y seguimientos", contó Luis Alberto Buttó, director del Centro Latinoamericano de Estudios de Seguridad de la Universidad Simón Bolívar, en diálogo con Infobae. También es dirigido por un militar, Gustavo González López. Aunque el jefe político es el vicepresidente Tareck el Aissami, uno de los civiles más poderosos en la estructura del chavismo.
Agentes del Sebin durante un operativo
Agentes del Sebin durante un operativo
El ejército irregular
La sexta fuerza es sin dudas la más peligrosa, porque está al margen de las estructuras estatales. Se los conoce como "colectivos" y son bandas criminales, fuertemente armadas, que responden al gobierno. El poder político y militar les brinda impunidad para que se dediquen a una amplia gama de negocios ilegales y, a cambio, operan como grupos de choque que emboscan, atacan y eventualmente asesinan a manifestantes opositores. Controlan algunos barrios marginales de la periferia de Caracas y de otras grandes ciudades, y se hacen notar porque se mueven en moto.
"Son grupos armados que están al margen de la ley, y que son afines a la defensa de la revolución —contó San Miguel—. Están operando en muchos estados con la anuencia de las autoridades militares. Esto ha quedado demostrado en Caracas, Táchira, Mérida, Carabobo, Barinas y Lara. No ha existido ni una sola operación registrada para reprimir a los colectivos".
Miembros de los colectivos chavistas (AFP)
Miembros de los colectivos chavistas (AFP)
Al ser extremadamente violentos e inorgánicos, se volvieron cada vez más incontrolables. "Ahorita no existe una autoridad única, hay quienes son más cercanos a Diosdado Cabello, otros a Freddy Bernal (el jefe nacional de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción) y otros a Maduro", explicó Rafael Uzcátegui, coordinador general del Programa Venezolano de Educación – Acción en Derechos Humanos (Provea), recientemente entrevistado por Infobae.
"Estas fuerzas irregulares o paraestatales operan con la complicidad y el apoyo del gobierno y de los propios organismos de seguridad. 'Colectivos', 'círculos bolivarianos' y otros siembran terror en ciertos sectores y lugares de Venezuela, queman y atentan contra particulares y bienes públicos y privados. Hemos visto que se cuestiona su actuación desde el punto de vista verbal, mas no en términos de la realidad, donde pareciera que cooperan en las acciones de represión contra los venezolanos que están en las calles mostrando inconformidad con unas políticas que se traducen en hambre, miseria, desnutrición, escasez de medicinas y alimentos, inseguridad, corrupción y demás", afirmó Rivas Leone.
Vladimir Padrino López junto a Nicolás Maduro
Vladimir Padrino López junto a Nicolás Maduro
Una anarquía creciente
"No quiero ver un guardia nacional más cometiendo una atrocidad en la calle. El que se aparte de la línea de estado, de la preeminencia de los derechos humanos, y que se comporte no como un profesional, entonces tiene que asumir su responsabilidad", dijo Padrino López esta semana durante un acto en el Fuerte Tiuna de Caracas.
La declaración del máximo responsable de la seguridad y la defensa en el país generó mucha sorpresa. Algunos dirigentes y comentaristas elogiaron su honestidad, que esconde una autocrítica implícita, algo que choca con los cánones del discurso chavista. Pero otros lo consideraron una hipocresía, ya que tomó distancia del accionar de agentes que no hicieron más que ejecutar sus órdenes.
"Las críticas tienen que concretarse en hechos operativos. Si bien suponen un reconocimiento de la atrocidades que se cometieron, no hasta con una declaración de principios. Es necesario que haya sanciones contra los funcionarios que transgredieron la ley y violaron los derechos humanos. Esas palabras deben hacerse buenas. Es una obligación", dijo Buttó.
Más allá de las interpretaciones sobre sus motivaciones, lo que dijo Padrino López evidencia algo que resulta cada vez más claro para cualquier observador: las fuerzas represivas están descontroladas. Actúan como bandas, y si se les sacara el uniforme, resultaría muy difícil distinguirlas de los colectivos. El ejemplo más burdo es el video que muestra a cuatro policías robándoles las pertenencias a dos mujeres que participaron del Gran Plantón del lunes pasado.
"Se está viendo que no hay una unicidad de mando, especialmente de parte del comandante estratégico y ministro de Defensa. Hay reglas de enfrentamiento distintas dependiendo de quién es el comandante de la GNB en cada estado. En algunos casos se respetan más los derechos humanos, pero en otros se violan franca y deliberadamente. Es algo muy peligroso porque pueden generarse mecanismos de anarquía. Tengo la impresión de que en este momento nadie en Venezuela puede atribuirse el control total de las Fuerzas Armadas", concluyó San Miguel.
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Más allá de las interpretaciones sobre sus motivaciones, lo que dijo Padrino López evidencia algo que resulta cada vez más claro para cualquier observador: las fuerzas represivas están descontroladas. Actúan como bandas, y si se les sacara el uniforme, resultaría muy difícil distinguirlas de los colectivos. El ejemplo más burdo es el video que muestra a cuatro policías robándoles las pertenencias a dos mujeres que participaron del Gran Plantón del lunes pasado.
"Se está viendo que no hay una unicidad de mando, especialmente de parte del comandante estratégico y ministro de Defensa. Hay reglas de enfrentamiento distintas dependiendo de quién es el comandante de la GNB en cada estado. En algunos casos se respetan más los derechos humanos, pero en otros se violan franca y deliberadamente. Es algo muy peligroso porque pueden generarse mecanismos de anarquía. Tengo la impresión de que en este momento nadie en Venezuela puede atribuirse el control total de las Fuerzas Armadas", concluyó San Miguel.
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