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martes, 6 de agosto de 2013

adviertan los lectores. han pasado 5 días de nuestro artículo "Crisis de Credibilidad", ahora El Deber hace suyos nuestros fundamentos.

En cuanto las acciones de un Gobierno dejan de ser creíbles, significa que debe corregir su rumbo, adoptando medidas que devuelvan la confianza de los ciudadanos en quienes los gobiernan. De no ser así, si los anuncios y planes gubernamentales presumen de engañosos ante la opinión pública, se perderá irremisiblemente el favor popular y se obtendrá repudio y dudas.
Naturalmente que si nos referimos a este tema es porque nos preocupa que la actual administración se haya convertido en algo tan poco creíble, que tenga un manejo tan plagado de contradicciones y falsedades. Este proceder lleva consigo que la gente desconfíe de todo cuanto expresan el Gobierno, sus representantes, y, lo que causa mayor daño, en lo que manifiesta el jefe del Estado.

En el curso de los últimos siete años se ha producido un verdadero desgaste en la menguada confianza que tenía la palabra del señor presidente, hasta que se está llegando a los niveles más bajos de credibilidad. Un hecho impactante, que sorprendió y que influyó en la pérdida de confianza en el gobernante, sucedió cuando este puso en entredicho que hubiera anunciado públicamente su renuncia a candidatear en las elecciones generales de 2014, cuando todo el país lo sabía y lo había escuchado de boca del primer mandatario. Además, era algo que estaba estipulado expresamente en la Constitución y no era un acto de desprendimiento ni mucho menos.

Una secuela de hechos inexplicables ha sucedido en los últimos meses, donde las contradicciones entre el presidente, el vicepresidente, algunos ministros excesivamente locuaces y el deficiente aparato comunicacional del Gobierno han confundido a los ciudadanos. Las desinteligencias se producen porque algunos planteamientos carecen de estudio y seriedad en el Órgano Ejecutivo, y, por tanto, lo quieren interpretar mediante aclaraciones posteriores y forzadas que no son las más oportunas. Esto deriva, por impotencia, en acusaciones del Gobierno contra los medios, a quienes se sindica de informar erróneamente o con mala intención.

La primicia que el Instituto Nacional de Estadística ofreció al jefe de Estado en enero pasado, para que anunciara un adelanto de los datos del censo 2012, ha sido deplorable, un ‘presente griego’, porque aquellas cifras no tenían nada que ver con los resultados oficiales que se conocieron la semana pasada. Por el contrario, provocaron desazón y malestar, y, como es natural, menos credibilidad en la palabra presidencial y en la actuación del Gobierno.

Consejo Editorial: Pedro F. Rivero Jordán, Juan Carlos Rivero Jordán, Tuffí Aré Vázquez, Lupe Cajías, Agustín Saavedra Weise y Percy Áñez Rivero

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