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miércoles, 9 de septiembre de 2009

los medios de España han montado en cólera por la cobertura que Zapatero ofrece a Evo y a Chávez y parece respaldar los ataques a la prensa del primer


Desfile populista de Chávez y Morales en el actual discurso zapaterista

por José Javaloyes

No serán pocos los que se pregunten qué pito tocará nuevamente en España este próximo viernes Hugo Chávez, compadre de Mahmud Ahmadineyad, presidente de la República Islámica de Irán por la gracia de Alí Jamenei –Líder Supremo de la Revolución Islámica– en contra de la mayoría absoluta de los iraníes; de la misma manera que su acólito Evo Morales dos días después.

Venido uno luego de los festejos tripolitanos conmemorativos del XL Aniversario de la dictadura gadafiana, floración inversa del integrismo islámico, tras de la visita a Teherán para acordar transfusiones de gasolina a la clerecía enturbantada, y de su desfile por la pasarela del Festival de Venecia, acompañado de Oliver Stone, vertedero del anticapitalismo a tanto cada plano de la convenida imagen.

Y tras de Chávez con su estela llegará, como digo, Evo Morales con sus afanes en consolidar su propio turno contra la libertad de expresión en la Bolivia de los sobresaltos, al propio compás del ecuatoriano Rafael Correa. El que parecía aseado economista, pulido en las Universidades norteamericanas, también la tiene emprendida, como Chávez y como Morales, no sólo con las empresas del mundo de la información sino, a título personal, con periodistas a quienes insulta desde la tribuneta semanal que se ha montado en la televisión pública a la manera de su maestro de Caracas.

Si no se sabe qué concreto pito tocará el primero, menos aún se conoce cuántos hará sonar la entera orquesta bolivariana. Puede obsequiarnos cualquiera día de estos, mientras corren impacientes las semanas a la espera de que España asuma la presidencia semestral de la Unión Europea y el Faro de la Moncloa ilumine con sus haces el futuro, el pasado y el presente de la UE.

Impaciente e inquieta por saber en qué consiste la mágica fórmula de la Economía Sostenible. Acaso, bálsamo redentor y talismán de las mil virtudes, capaz de rescatarnos a todos los europeos de las mismas fauces de la gran crisis. Sí, será posiblemente por esto por lo que vendrán hasta Madrid, de Levante y de Poniente, las nuevas estrellas del populismo iberoamericano.

Operación Zelaya
Añadidamente, arribarán también para expresar la gratitud de todos ellos por la presteza con que la diplomacia española, mandó al cuerno la Doctrina Estrada sobre las relaciones interhispánicas –concebidas a nivel de pueblos y no de Gobiernos ni regímenes– con motivo de la operación Zelaya, removido de la poltrona presidencial por manipular los impedimentos constitucionales a ese tipo de propósitos.

Con aquella decisión conjunta del Parlamento y del Tribunal Supremo de Honduras se fue a pique una operación de fichaje político –de Zelaya por el chavismo– a cuyo lado palidecen las vicisitudes que rodearon el fichaje de Cristiano Ronaldo por el Real Madrid Club de Fútbol.

Nunca se había llegado a tanto, excepto por el propio Rodríguez Zapatero, como convocar a los Gobiernos de la UE para que procedieran a la retirada de sus embajadores en Tegucigalpa. Procedió así de parecida manera a cuando alentó desde Túnez a los aliados de Estados Unidos en Irak a que retiraran sus tropas, siguiéndole a él que había hecho lo propio con los soldados españoles que estaban allí. Lo reiteró en esta ocasión al tiempo de traerse a Ignacio Rupérez de Tegucigalpa, donde se encontraba como embajador de España luego de haber tenido ese mismo destino diplomático en Bagdad.

En fin, ¿qué sentido tiene esta pasarela del chavismo por Madrid en los actuales momentos del escenario político, económico y social de España? Es un negativo subrayado exterior del disparado populismo en el discurso interior del zapaterismo por los caminos de la argentinización de España.

Las imágenes del mitin institucional de Rodiezno, pese a lo cargado de sus tintas, o precisamente por ello, valen tanto como la plástica del paradigma retro-izquierdista por el que se orienta en estas horas el discurso gubernamental sobre la crisis y sus remedios.


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