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miércoles, 29 de mayo de 2013

Lizandro Olmos se refiere a esos valores imponderables de la honestidad de quién como Presidiente debería ostentar tal virtud para gobernar. se refiere a Maduro, al papel higiénico y la mentira

La honestidad consiste, básicamente, en ser justo, recto y honrado en el accionar. Esa rectitud implica vivir bajo los principios que se dice defender y actuar siguiendo los valores en los que se dice creer.
Cuando lo que se dice está divorciado de lo que se hace nos encontramos, sin duda alguna, ante actos de deshonestidad.
El Sr. Nicolás Maduro ostenta el poder gubernativo de Venezuela, es verdad, pero no estamos seguros respecto de su legitimidad como gobernante democrático, así lo han advertido decenas de países, instituciones y organismos defensores de la democracia en el subcontinente sudamericano.
El desatendido pedido de un recuento de votos, por los ajustados resultados en las elecciones venezolanas y a causa de las irregularidades registradas en ellas, y la cruenta represión contra los peticionarios, que resultó en al menos siete venezolanos muertos, han dejado entrever la intención de Maduro de dejar las cosas como están. Esta actitud debería despertar, por lo menos, serias dudas sobre la autenticidad que podría adquirir el adjetivo “democrático” sobre el gobernante del país caribeño.
Se debe destacar que todo esto empeora cuando recordamos la descarada concentración de poder que, a través de reformas a la constitución, el sistema electoral y otros ordenamientos, han conseguido los sucesivos regímenes chavistas, metamorfoseando el sistema de gobierno de Venezuela, de una democracia poco consolidada a un autoritarismo pseudo democrático o a una democracia semi dictatorial.
Para colmo de males, la escasez de artículos de limpieza –entre los que se cuenta, por supuesto, el papel higiénico– y alimentos, debida al sistemático ataque y destrucción de la empresa privada, y al destierro casi de facto de la iniciativa individual para producir y comerciar, han tenido su cruda confirmación por los acuerdos firmados con Bolivia, que requieren de ésta precisamente todo aquello que falta en Venezuela.
Es, por ello, difícil de entender cómo es que un Gobierno que dice creer y defender los principios y valores democráticos, reciba sin reparos a un gobernante que se niega a dar las explicaciones debidas a su pueblo y a los demócratas de América. ¡Difícil pero no imposible! seguramente todo se trata de simple y vulgar conveniencia, más les vale estrechar las manos de los antiimperialistas con quienes comparten líneas ideológicas, que ser consecuentes en la defensa de la democracia.
Por ese camino se puede llegar a apoyar a los tiranos más salvajes, con tal de mantener como verdades las mentiras, con tal de ocultar los fracasos económicos y sociales, con tal de sostener una ilusión por encima de la realidad, y todo para continuar embaucando a millones de ciudadanos ilusionados y necesitados de respuestas.
Más difícil de entender es, sin embargo, el voto de una concejal de Cercado en favor de declarar “Huésped Ilustre” al señor Maduro. La concejal Lazarte, que alguna vez dijo defender y luchar por principios y valores democráticos, rindiéndole tributo al dudoso gobernante de Venezuela, a ese ilustrísimo embustero. Seguramente el interés es más importante que los principios.
Así las cosas, no queda más que dar crédito a Jean François Revel cuando decía que “La primera fuerza que dirige el mundo es la mentira”.
El autor es analista político
www.lizandrocolmos.com

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