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sábado, 8 de diciembre de 2012

Transparencia Internacional nos da el tercero de los peores, otras encuestas sitúan mal a Bolivia mientras en el interior el Vice se encarga de "los cantos de sirena" puro bluff. cuento. distracción. la realidad es otra difícil de enmascarar. El Deber en su nuvo look


Los últimos acontecimientos referidos a la corrupción de algunos funcionarios del Gobierno en la manipulación de la justicia vienen a conocerse cuando la imagen del país ya estaba muy deteriorada en el exterior. Respecto de la situación económica, organizaciones internacionales han hecho saber en los últimos días informes que dejan la fama de Bolivia con una mala nota.
Las notas positivas sobre la economía nacional que habían producido algunas calificadoras de riesgo en octubre tenían alguna falla, a juzgar por los indicadores que surgieron luego.
Algunos analistas económicos deslizaron la sospecha de que aquellas notas altas de los calificadores pudieron ser parte del acuerdo para la colocación de los bonos soberanos que esas mismas empresas debían ayudar a vender. De todos modos, esas calificaciones hicieron, aunque sea por unos días, que los bolivianos piensen que las cosas no estaban tan mal como parecían, que la economía no estaba reposando exclusivamente en ingresos ilegales ni en cotizaciones inusualmente altas de las materias primas.
Pero luego llegaron indicadores reales de la economía que mostraron una situación similar, o peor, a la que se daba antes de las buenas notas concedidas por las calificadoras. Transparencia Internacional entregó su último informe en medio del escándalo del caso Ostreicher, dando a Bolivia una muy mala calificación. El indicador más preciso quizá sea el referido a las inversiones extranjeras. Si hay o no confianza en Bolivia en el exterior, lo dicen los inversionistas. Ser el tercer peor país para las inversiones en Latinoamérica es preocupante. Así como llegan inmigrantes europeos a esta región del mundo trayendo ganas de trabajar, algunos de ellos, pero también trayendo sus ahorros, los otros, así los países del continente americano saben que deben competir entre ellos para atraer a esos inmigrantes.
Será más difícil todavía esperar que lleguen extranjeros que quieran invertir si saben que en este momento están tomadas por la fuerza tierras agrícolas en producción, minas en explotación, cementeras y fábricas textiles. Y –esto es lo peor– es difícil que vengan a un país donde saben que uno de los últimos inversionistas que se atrevieron a llegar está preso, en calidad de rehén, de un grupo de abogados que trabajaban para el Gobierno.
El presidente Evo Morales ha dicho que todos estos corruptos son unos infiltrados que se proponían destruir la imagen de su Gobierno. Sería aconsejable que se ponga el mayor esfuerzo a la tarea de esclarecer las cosas para contrarrestar todo el daño que han hecho los infiltrados, que no son solo los que ahora están presos, sino muchos más.

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