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sábado, 29 de diciembre de 2012

del humor...al sarcasmo. un texto para entender el de Humberto, entre la realidad y la ficción. entre "la jauja" y la miseria persistente


Algo les salió mal a quienes planificaron lo que iba a ocurrir en la economía de Bolivia.
Con las condiciones actuales, en este momento el país tendría que estar viviendo una carestía total, pero ha ocurrido una bonanza.
Quienes diseñaron la política económica que se aplica desde 2006 tenían, con toda certeza, otra idea de los resultados que habrían de producir.
• Sin una ley de inversiones,
• Sin una ley de hidrocarburos
• Sin un código de minería,
Y con una actitud del gobierno muy permisiva a los avasallamientos, a las tomas violentas de las unidades productivas, el resultado tendría que haber sido otro.
El territorio de la minería tendría que estar ahora ocupado por ladrones de mineral a cargo de todas las minas, privadas y estatales.
El territorio cruceño tendría que estar tomado totalmente, y no sólo en parte, por los asaltantes.
Todas las industrias, y no sólo Ametex, estarían tomadas por grupos de asaltantes.
En suma, después de siete años de una política económica semejante, en este momento tendría que haber una hambruna general.
Hordas de famélicos desocupados tendrían que estar exigiendo una revolución urgente en las calles y las plazas del país.
No habría trabajo en las minas ni en el campo ni en las fábricas.
Sería el momento de una gran insurrección popular capaz de acabar con todas las estructuras establecidas. Hambre, desesperación, odio, es todo lo que necesita una revolución.
¡Mueran los patrones, mueran los lacayos del capitalismo, viva la revolución!
Quienes soñaban con una situación así deben estar, si no decepcionados, por lo menos confundidos. Esperaban una situación de hambruna; la habían diseñado cuidadosamente, pero se les presenta una bonanza.
¿Cómo hacer una revolución en medio de la bonanza? Nadie lo ha propuesto hasta ahora, ni siquiera los teóricos más empeñosos.
¿Qué hacer con la bonanza? Gastar el dinero como locos. Contratar a miles de supernumerarios. Comprar aviones caros, fábricas inservibles, lanchas que no flotan, abogados, fiscales, vocales, todo lo que sea.
Para los revolucionarios este es un problema. Arrojaron la taba y les salió del lado opuesto de la suerte. Querían que se produjera un desastre, pero las cotizaciones internacionales dijeron otra cosa.
¿Qué hacer? Provocar a los inversionistas es una idea, pero se necesitaría algo más.
Van a perdonar, pero la hambruna que estaba planificada salió al revés. Otra vez será.

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