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jueves, 6 de diciembre de 2012

Carlos Cordero Carrafa nos plantea "la cultura de la extorsión" como algo adherido al alma boliviana. analiza la conducta de funcionarios en altos puestos de confianza convertidos en extorsionadores para su provecho propio?


No somos un país de corruptos, en cambio sí somos un país donde la extorsión se campea a sus anchas desde tiempos inmemoriales. El escándalo de la red de extorsión, asociada a los ministerios de la Presidencia y de Gobierno, es la muestra fehaciente de la existencia de una cultura de la extorsión que estuvo siempre del lado del poder y que en el tiempo del Estado Plurinacional se ha exacerbado.
Los testimonios de ciudadanos, víctimas de alguna forma de extorsión por parte de funcionarios o servidores públicos, sería literalmente interminable. No solo tenemos un Estado pobre que destila ineficiencia sino que además funciona gracias a la extorsión. Somos una sociedad, cuesta admitirlo, que vive atemorizada por la posibilidad de caer en manos de un bufete de abogados que nos lleve por los kafkianos pasillos de los tribunales de justicia, padeciendo pleitos indescifrables. Laberinto del cual es posible salir cediendo a la violencia del chantaje o la extorsión. Pues quien tiene una minúscula cuota de poder que le otorga el Estado, como funcionario o servidor público, se vale de ello para beneficiarse y perjudicar al que no paga la tarifa, la cuota o la coima.
La extorsión en el ámbito de la justicia se ha convertido en un moderno leviatán, el monstruo bíblico que vivía en el mar. En la actualidad este detestable monstruo, de múltiples cabezas y mañas, está devorando las entrañas, tanto de la revolución democrática y cultural como del Estado Plurinacional.
El MAS y el presidente Morales llegaron al poder gracias al argumento de que iban a reformar el Estado luchando contra la corrupción. Después de dos gestiones constitucionales, se ha cambiado el nombre del Estado, tenemos una nueva CPE, se ha creado un ministerio de lucha contra la corrupción y todo está peor que antes. La persecución política se ha disfrazado de aplicación de justicia y lucha contra la corrupción. La extorsión por medio de funcionarios públicos ha sustituido a los viejos organismos de represión del tiempo de las dictaduras.
Los ciudadanos estamos francamente decepcionados de que las autoridades gubernamentales hayan sido tolerantes con la cultura de la extorsión que medraba en sus narices.Carlos Corde

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