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lunes, 17 de diciembre de 2012

Agustín Echalar reclama libertad para Ostreicher víctima de criminales y de discriminación no por judío, porque es gringo y porque es rico por ésto lo mandaron a la cárcel no está solo millones de bolivianos están con Jacob Ostreicher


El martes pasado Jacob Ostreicher, detenido desde hace casi 19 meses por ser sospechoso de lavado de dineros ilegítimos (aunque en el camino ha podido dar sendas, claras y certificadas explicaciones del origen de los fondos que utilizó para emprender negocios agroindustriales en Bolivia), víctima de una de las más vergonzosas redes de corrupción y extorsión que se haya visto jamás a nivel mundial, en un país democrático, ha debido sufrir una frustración que seguramente le ha llegado hasta la médula.
Puedo imaginar que él estaba seguro de que esta vez lo liberarían; a fin de cuentas, no hay pruebas incriminatorias contra él, y todos, todos, saben de la enorme injusticia a la que ha sido sometido, saben de los robos, las extorciones, y de su larguísima detención. Con la presencia y en cierto sentido el aval de Sean Penn, hombre de izquierda, cercano a Hugo Chávez y al propio presidente Morales, ha debido sentirse algo aliviado estas semanas, pero el martes, la pesadilla continuó.
Estos días los bolivianos hemos podido hacer varias lecturas respecto al caso Ostreicher, hay detalles claros; indudablemente existe una red de corruptos extorsionadores que han manipulado el aparato judicial aprovechando su situación en el Poder Ejecutivo, y aprovechando los mecanismos de injerencia que habían sido heredados del *ancient regime*, pero promovidos y perfeccionados por el régimen actual desde sus más altas esferas.
En lo que no están todos de acuerdo es hasta dónde llega la lana del ovillo, y cuál es el rol de los ministros de Gobierno y de la Presidencia, desde cuyos despachos se armó esta organización criminal, ¿es el señor Romero un valiente y honesto funcionario que está realmente interesado en dilucidar este caso y encontrar a los culpables?, ¿no lo es? Los periódicos, los programas de televisión, el Facebook, el Twitter, están llenos de comentarios, de especulaciones, de condenas adelantadas, de chismes y de dimes y diretes al respecto. Mientras tanto, la víctima ha sido dejada de lado.
El caso Ostreicher ilustra la peor de las caras de la institucionalidad boliviana, la retardación de justicia que es en todos los casos, aún en la inscripción de un inmueble, una injusticia, y que en el caso de una detención injustificada es poco menos o, tanto peor, que un secuestro.
Una sociedad civilizada puede permitirse varios lavadores de dinero sueltos, puede permitirse varios asesinos y violadores sueltos, lo que no puede permitirse bajo ninguna circunstancia es una persona inocente tras las rejas; por eso en este caso es inadmisible que la liberación de una persona que ha sido víctima, no sólo del sistema, sino de criminales incrustados en el mismo, haya sido dilatada una vez más; eso nos hace un país más abyecto aun, y responsabiliza a todo aquel que tiene una opción de expresarse, si no lo hace.
No es éticamente admisible que nos quedemos callados ante una injusticia de estas dimensiones; una injusticia conocida públicamente debe ser rectificada con carácter de urgencia, sobre todo cuando está en juego la libertad, y por eso mismo, eventualmente la vida de una persona.
Ostreicher ha sido víctima de criminales y de un sistema judicial inmundo, pero también es víctima de la discriminación. No, no lo han discriminado por judío, el antisemitismo no es una tara boliviana, lo han hecho, y lo están haciendo, porque es gringo y porque es rico, se ha sospechado de él por esos dos motivos, y se lo ha mandado a la cárcel.
En la liberación de Ostreicher no sólo está en juego el prestigio internacional de Bolivia, sino lo que nosotros podamos pensar de nosotros mismos.
*Agustín Echalar Ascarrunz **es operador de turismo.*

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