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miércoles, 8 de agosto de 2012

Demetrio Reynolds se adentra en el fenómeno del mestizaje y recomienda no continuar con la mentira política...las cholas masistas como Lazarte, Ramos, Terán son mestizas no hay cómo negarlo


No es bueno cerrar los ojos a la realidad ni actuar con las espaldas a la historia, porque ello acarrea funestas consecuencias.
En el proyecto de la boleta censal se quería inducir hacia una postura demagógica, frecuentemente utilizada en los últimos años. Ya no existe el tal “indígena originario campesino”, aunque estén plagadas de este fantasma retórico la propia Constitución y la Ley de la Reforma Educativa.
A estas alturas, después de 500 años, es absurdo hablar de algún grupo étnico no traspasado por el fenómeno del mestizaje.
No sólo ocurrió en América; es la historia del mundo de todos los tiempos, por lo que la discriminación racial es una aberración.
Obama no hubiera permanecido un mes, que digo, ni siquiera elegido como presidente, si agitaba las aguas de su origen. Lo lleva en el rostro, pero su personalidad es netamente norteamericana. Aquí, en el santo suelo nuestro, ese término es Bolivia.
El mestizaje en América es el resultado de un proceso evolutivo que empieza con la llegada de los conquistadores y luego prosigue –pasando por la colonia y las diversas etapas de la República– hasta nuestros días. Es más patente y más incuestionable ahora con la globalización. La comunicación tecnológica ha reducido el mundo a dimensiones mínimas donde se mezcla todo, lo extraño con lo nativo; lo de ayer con lo de hoy. A los que pretenden ignorar esta realidad, Tamayo les habría endilgado aquel apóstrofe suyo conocido: “triples cretinos”.
Pero acerquémonos un poco al polémico asunto. Por la confluencia de dos vertientes se operó el referido mestizaje: la biológica y la cultural. No sólo se mezclaron las sangres; la parte espiritual también se mezcló. Fue muy importante la una como la otra.
Las evidencias históricas son harto conocidas y están a la vista los ejemplos ilustrativos. El primer gran mestizo se llamó Inca Garcilazo de la Vega, hijo de un capitán español y una princesa de la familia real de los Incas. En Bolivia destacan Andrés de Santa Cruz y Calahumana y Franz Tamayo, entre los más eminentes personajes de la cultura nacional.
Para los forasteros allende el mar la Pachamama fue el elemento demiúrgico que selló el mestizaje de forma irreversible. “La tierra –dice Tamayo– hace al hombre, y en este sentido la tierra no sólo es el polvo que se huella, sino el aire que se respira y el círculo físico en que se vive”. Por su parte, Uslara Pietri anota: “El español que vino a las Indias, al cabo de cierto tiempo, ya no se parecía al español que se quedó en España… porque ya en él había tenido efecto el formidable proceso del mestizaje cultural”. “Las razas --remata Arturo Capdevila-- no son sino la misma tierra hecha hombre”.
A los puritanos indígenas, a los originarios de alguna parte, a los que presumen ser un enclave vertical del ancestro remoto, hay que informarles que su mestizaje está chillando por fuera y por dentro. Desde sus apellidos, hasta la lengua que hablan; desde sus tradiciones y sus costumbres, hasta la música y la danza con que alegran su vida. Incluso lo que visten y lo que comen; los medios que utilizan para sus viajes; los rituales terrígenos combinados con los símbolos de la fe cristiana. ¿Por qué entonces se empeñan en ser lo que no son? ¿O quieren negar su auténtica identidad? ¿Por qué tiene que avergonzar el ser cholo o chola? Las masistas Lazarte, Zurita, Torrico, Ramos, etc., ¿son indígenas? Las polleras revelan su mestizaje femenino. El indumento de la mujer aborigen era el “ajzu”. No es que el hábito hace al monje, pero ayuda a identificar.
Concluyamos. Hace medio siglo la población rural alcanzaba a dos tercios; ahora es apenas el 30 por ciento. Éste es también un indicador del mestizaje. El censo parece que quiere informarnos cuántos y quiénes somos, pero para eso no sirven las mentiras políticas; tampoco la artera disyuntiva de que si uno no es “originario”, no es nadie.

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