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lunes, 6 de agosto de 2012

al cumplirse los 187 años de independencia El Dia reclama una férrea unidad de las regiones en torno de la Libertad, de la Integración y el uso racional del agua, el aire, el litio y el masivo uso del gas


Bolivia celebra hoy ciento ochenta y siete de su traumático e impactante nacimiento como república independiente. En este su aniversario, sin embargo, siguen vigentes sus postulados de libertad y soberanía, porque en su tránsito a la ansiada meta de ser un país digno, libre económica y políticamente, y cada vez más fuerte y organizado en lo social y cultural, enfrenta todavía numerosas dificultades a superar, tanto en lo mental como en lo material. Al emerger como país libre de los bloques hegemónicos que se perfilaron en la larga Guerra de la Independencia, Bolivia asume un inevitable liderazgo regional basado en su privilegiada posición geográfica, abundancia de recursos naturales y de indudable centro geopolítico. Hoy, todo eso ha cambiado.

A lo largo de su vida republicana Bolivia ha visto su original extensión territorial- que le situaba como uno de los países más grandes de Sudamérica- reducida prácticamente a la mitad. No ha sido ninguna novedad descubrir que tales desmembraciones territoriales han obedecido a intereses transnacionales para apoderarse de nuestros territorios ricos en recursos naturales. De hecho, si el despojo del Litoral nos ha convertido en país mediterráneo, la pérdida del Chaco Boreal, en la absurda guerra con el Paraguay, nos ha mostrado la dolorosa realidad de un país multicultural, de escasa integración y sumido en la más dura y vergonzosa dependencia política y económica de los centros del poder.

La insurgencia de abril de 1952 ha permitido que las clases sociales olvidadas del país  ocupen el escenario nacional, para buscar la integración y la soberanía. No obstante, la lucha por el poder político ha desvelado que el doloroso tránsito del autoritarismo crónico y sus revueltas hacia una democracia esperanzadora tiene su costo y su tiempo. Y aun cuando los emergentes movimientos sociales han asumido cada vez más un rol preponderante y hegemónico, el país todavía debe encarar la construcción del modelo económico que le ofrezca a la gente dignidad, desarrollo con equidad y perspectiva real de abandonar la pobreza y el crónico sometimiento a los vaivenes del poder mundial.

El reto de los bolivianos sigue siendo defender la integridad de la patria y la libertad bien entendida. Sin embargo, para ello se precisa pasar cuanto antes de la actividad extractiva a la diversificación  de la economía a través de la inversión pública y privada concertada. Por otra parte, deviene en una responsabilidad colectiva el resolver los desafíos energéticos del país para los próximos cincuenta años a través del trilema: ecología, energía y economía, bajo la égida de “energía sostenible para todos”. Ello significa uso racional y sostenible del agua, las corrientes de viento, la industrialización del litio, la aplicación tecnológica de los rayos solares y la masificación del uso del gas. 

En ese contexto, el 187 aniversario de la patria encuentra a los bolivianos con la esperanza de ser todavía el corazón energético de la región. Pero aún existen otros desafíos fundamentales: Si bien la defensa y el uso sostenible de sus recursos naturales representan un titánico reto, también resulta ineludible lograr la férrea unidad de las regiones en torno a objetivos comunes, sin odios ni discriminaciones. De esta manera, la pluralidad étnica y cultural que nos caracteriza se plasmará en la lucha conjunta, solidaria y de largo aliento para superar los niveles de pobreza y atraso que nos agobian. Entonces será posible esperar por un país mejor, con equidad, justicia y paz palpables.
Si bien la defensa y el uso sostenible de sus recursos naturales representan un titánico reto, también resulta ineludible lograr la férrea unidad de las regiones en torno a objetivos comunes, sin odios ni discriminaciones.

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