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jueves, 5 de agosto de 2010

uno tras otros los aspirantes al trono del vice han ido desapareciendo. queda Choquehuanca a quién desea tan lejos como EEUU para no hacerle sombra

Evo es frontal y emotivo; Álvaro es frío y calculador. El presidente lloró de alegría por la aprobación de su ley de convocatoria al referendo dirimitorio y aprobatorio de la nueva CPE, fue en octubre de 2008. (Foto Abi)

La pugna de poder en el MAS a estas alturas ya resulta inocultable, al punto que en el propio palacio de Gobierno se ha producido un alineamiento respecto a las dos tendencias visibles: los “evistas” y los “alvaristas” que ya han comenzado a mirarse con recelo.

No es posible decir cuando la sangre llegará al río pero es evidente que lo hará más temprano que tarde. Por el momento el liderazgo de Evo Morales está fuera de discusión pero también es evidente que cada vez está siendo más relegado a una función protocolar y de turista internacional.

Es conocido que las grandes decisiones se toman en el edificio de la Vicepresidencia y no en el vetusto Palacio de Gobierno. Todos los decretos y leyes son elaborados por un equipo que obedece a García Linera y luego son presentados a Evo Morales como si fueran producto de sus instrucciones y de su ilustrada imaginación.

Evo debe limitarse a viajar por todo el país a bordo de su nuevo avión, entregando canchas de césped sintético, inaugurando juegos deportivos estudiantiles o viajando al exterior para promocionar su imagen cada vez menos convincente de líder y redentor de los pueblos indígenas y protector de la “madre tierra”.

Mientras tanto, Alvaro García se dedica a lo suyo: a acumular un poder que ya resulta ostensible. Es muy interesante ver como está logrando anular las fichas más importantes de Evo, en muchos casos contando con la ayuda y con la ingenuidad de los propios afectados. Se comenta en palacio que el artífice para que se hiciera público el asunto de Santos Ramírez, que todos conocían en el ámbito gubernamental, fue precisamente el vicepresidente, con lo que dio el primer paso hacia la eliminación de un contrincante para el segundo periodo gubernamental, mientras daba un paso adelante en el control total del poder, un objetivo que mucho le apetece.

Luego fueron cayendo otros que tenían cierta influencia en Morales como Lino Willka, Román Loaysa (compañero de toda la vida de Evo), Félix Patzi, que aportaba su discurso indigenista y más recientemente el “satuco”, Gustavo Torrico, cuya falta de escrúpulos para entrar en cuanto negocio se le cruce por el camino, no esta en dudas; pero aun así sus métodos políticos le servían al presidente.

Fidel Surco inevitablemente debía estar en la mira de García Linera. Baste recordar que también fue mencionado como “vicepresidenciable” y que sus ambiciones son inocultables. De Surco se puede decir que difícilmente será desplazado del cargo de senador y resulta impensable que vaya a renunciar pero lo que si es evidente que su imagen ante el “guía espiritual” quedará muy disminuida, además por su propia estupidez, la cual viene muy bien a los planes del “Vice”.

La próxima ficha que piensa derribar Álvaro es el actual canciller David Choquehuanca, parte de ese núcleo duro indigenista que ya se muestra abiertamente opuesto a las actividades del vicepresidente.

Se dice que García Linera pretende que Choquehuanca sea designado embajador en los Estados Unidos alegando que podría proyectar una imagen positiva del actual gobierno al ser un indígena de pura cepa.

Por el momento al “Vice” no se la ha ocurrido cuestionar el liderazgo de Evo Morales, lo que podría resultarle suicida pero lo que si está haciendo es cortar las vinculaciones del presidente con sus bases y bloquearle cualquier contacto con la realidad. Considera que las metidas de pata de Evo lo único que hacen es fortalecerlo políticamente y son comentadas sus burlas, en su círculo íntimo que incluye a su hermano, por los frecuentes dislates del “jefazo”.

Mientras tanto astutamente sigue alimentando con lisonjas el ego del cándido presidente, quien se lamenta que quieran separarlo del vicepresidente, a quien llama cariñosamente su yunta. Como suele ocurrir con los maridos engañados Evo será el último en enterarse que entre bueyes sí hay cornadas.

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