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domingo, 9 de agosto de 2009

Harold Olmos ofrece las expresiones críticas de un ex-presidente chileno sobre la situación "de desintegración" que está viviendo Bolivia. Preocupante

El gobierno del presidente Evo Morales enfrenta estos días una decisión que puede marcar su destino y su paso por la historia. Las aguas del Silala, que aprovecha Chile desde hace más de 100 años, contienen los elementos de una dinamita con mecha encendida.

El gobierno boliviano intuye que está ante una situación compleja. El idilio con Chile no ha tenido resultados tangibles y levanta el Silala como un trofeo. La actual presidenta chilena se irá este fin de año y anticipa que con quienquiera que la suceda las cosas no serán iguales. Por exteriorizar imprudentemente esa sospecha, el presidente tuvo que pagar disculpas al contado a Chile y Argentina. Aun si el sucesor resultase el candidato de la Concertación, de la que el gobierno boliviano se siente aliado, hay indicios de que el idilio se derrite. La versión digital de El Mercurio trajo el 6 de agosto (noten la fecha) expresiones críticas del candidato oficial Eduardo Frei a los “ánimos democráticos refundacionales” que en Bolivia –continuó la versión digital- han abierto una tendencia a “la desintegración nacional (…) como lo hemos visto en diferentes etapas en Bolivia”. Las palabras de quien puede ser el próximo presidente chileno son importantes también por el escenario donde fueron dichas: ante un seminario sobre integración latinoamericana organizado por el ejército de Chile.

El informe de la cancillería boliviana sobre las negociaciones respecto al Silala y a un acuerdo que firmarían los dos países dice:

“3: El acuerdo inicial establece que del volumen total del agua del Silala que fluye a través de la frontera (100%), el 50% corresponde inicialmente al estado plurinacional de Bolivia, es de su libre disponibilidad y lo podrá utilizar en su territorio o autorizar su uso a terceros en Chile. Este porcentaje será incrementado a favor de Bolivia, en función de los resultados de los estudios conjuntos que se lleven a cabo en el marco del presente acuerdo. El acuerdo inicial establece que las aguas de libre disponibilidad de Bolivia podrán ser aprovechadas por Chile. En tal caso, el estado plurinacional de Bolivia será compensado por las personas jurídicas de derecho público o privado que se constituyan en aprovechatarias (sic) de dichas aguas en Chile de manera inmediata al celebrarse los contratos respectivos”.

Es decir, el 50% “corresponde” a la plurinacional Bolivia, y sólo inicialmente. Como concesión agrega que el porcentaje aumentará como resultado de estudios conjuntos.

Informes responsables dicen que en un principio se afirmaba que Chile pagaría anualmente unos 6,2 millones de dólares y que hasta ahí el acuerdo valía la pena pues sería señal de buena voluntad. Ahora parece que serán sólo tres y se teme que al ritmo en que decrece la oferta, se llegará a sólo un cuarto del cálculo original.

Nota final: Cuando los generales Banzer y Pinochet discutían una propuesta que daría a Bolivia un acceso limitado al Pacífico, el dictador chileno subrayó que ambos países tenían un problema de opinión pública. Básicamente se trataba de la opinión boliviana, que debía modificar su percepción respecto a Chile y la guerra de 1879. Chile había delineado la suya mucho antes, cuando su ministro plenipotenciario Abraham Konig espetó que la victoria consagra derechos. “Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó al imperio la Alsacia y la Lorena… Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones…”

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