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domingo, 16 de agosto de 2009

El Deber profundiza el sentido y la simbología de la bandera nuestra. La tricolor boliviana


La Ciencia Política nos enseña que, desde los tiempos más remotos, los símbolos han sido poderosos instrumentos en el proceso de socialización de las comunidades organizadas. Es así como, ya en la temprana niñez, se enseña a distinguir y respetar los emblemas básicos que distinguen a una sociedad de otras. En la era moderna de los estados nacionales organizados, la bandera es el símbolo por excelencia, agregando a ella el escudo y algunas otras particulares simbolizaciones fruto de la tradición de cada pueblo. Estos emblemas pasaron a ser casi sacralizados, su sola presencia impone respeto, devoción y genera patriotismo. Nadie los discute y su abuso o mal uso genera sanciones.
Nuestro país ha seguido obviamente esta tendencia universal. Con los sucesivos cambios que hubieron, llegamos finalmente -desde mediados del Siglo XIX- a ostentar con orgullo nuestra bandera tricolor y nuestro escudo de armas, prácticamente igual a como lucen hoy. Ellos son los símbolos primarios por excelencia, a los que cabe agregar otros secundarios de naturaleza regional (banderas departamentales), naturalistas, folclóricos o de carácter social.
Décadas atrás, un emblema de origen colonial –lo portaban los regimientos denominados Tercios de Flandes del Rey de España- fue adoptado en el altiplano boliviano como expresión de diversos movimientos sociales. Se trata de la wiphala. Dejando de lado su origen indiscutiblemente europeo, merece todo nuestro respeto, al igual que los otros símbolos, tanto propios como ajenos. Ese mismo respeto, motiva que la imposición unilateral de la wiphala sobre todo el país provoque naturales reacciones.
La nueva Constitución Política del Estado incluye a la wiphala como uno de los símbolos del Estado, junto con nuestra bandera tricolor, el himno boliviano, el escudo de armas, la escarapela, la flor de la kantuta y la flor del patujú. Hasta ahí perfecto. Mas he aquí que sobre esta base, el Poder Ejecutivo ha dictado un controvertido Decreto Supremo regulando que la wiphala flamee al lado de la bandera en los actos oficiales e instituciones públicas. Esta dualidad traerá problemas y confusiones. Siguiendo la misma línea de aglutinar símbolos, podríamos formar un ramillete con bandera tricolor, banderas regionales, wiphala, escudo, flores kantuta y patujú. Semejante aglomeración no sería lo más aconsejable. Se requiere medida y armonía. Además, tiene que haber un símbolo único por encima de todos y ese debe ser la bandera nacional. Otro símbolo, en paralelo y discutiendo supremacía, no es lo más aconsejable para una Bolivia unida.
Al celebrarse mañana 17 de agosto un aniversario más del Día de la Bandera, reforcemos nuestro vínculo entre bolivianos mediante este único símbolo, superior a todos los demás. En segunda escala y como representaciones de regiones o de diversos sentimientos, podrán ondear las banderas departamentales, el resto de los símbolos patrios y regionales y la wiphala.
Lo verdaderamente obligatorio debe ser la bandera tricolor que simboliza a Bolivia. Todo lo demás está por debajo o es voluntario. Ojalá el Gobierno así lo entienda y modifique el decreto emitido. ¿O será que este es el inicio de otro seudo cambio para derrumbar lo que llaman -desde el oficialismo- el “Estado Colonial”? Esperemos que no sea así. Bolivia ya tiene sus símbolos comunes consolidados. Cada región tiene además lo suyo en materia emblemática. No impongamos nada de unos sobre el resto. Caso contrario, el lema “Bolivia unida en la diversidad”, será lamentablemente una frase sin sentido.

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