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martes, 12 de noviembre de 2013

OPINION reclama la presencia de las FFAA en las fronteras y su continuada lucha en contra de los narcos partiendo de los sucesos de APOLO que todavía no se aclaran y previniendo que grupos armados estén protegiendo lo narco y lo antinacional.

Los luctuosos hechos que acontecieron en la localidad de San Fermín, fronteriza con el Perú, en Apolo, han dejado al descubierto la falta de protección militar que persiste en sitios considerados estratégicos para cualquier país del mundo y que son sus fronteras.

La emboscada que se registró en la zona de Apolo y San Fermín, con saldo  de cuatro integrantes muertos de la Fuerza de Tarea Conjunta dedicada a la erradicación de plantaciones de coca ilegal, hasta donde se conoce, provino de un ataque de gente armada, posiblemente  grupos que tenían que ver con el narcotráfico. Lo que ha quedado como cierto es que se trataba de un grupo irregular que portaba armas de fuego.

Lo cierto es que los sucesos se registraron en una zona del país que por su lejanía, condiciones de transporte deficientes y otras  que impiden un control adecuado, pero principalmente por falta de políticas de Estado, se encuentra desguarnecida por la escasez de policías estables  y por la falta de vigilancia militar.

Luego de los hechos y las muertes se habló con insistencia de presencia del Estado, y este argumento, es innegable ante la realidad que existe en muchos puntos fronterizos donde se conforman algunas poblaciones que prácticamente desenvuelven sus actividades muchas veces libres de la aplicación de la ley y del poder del Estado que la misma Constitución Política le otorga.

Ahora se anuncia que las Fuerzas Armadas instalarán un puesto militar en la zona de San Fermín, muy próxima a la frontera con el Perú, y cuyo objetivo será realizar un control mediante efectivos y puestos adelantados fijos, aunque la planificación militar determinará el número de efectivos. 

Lo que siempre se ha lamentado, desde hace mucho tiempo y en diferentes gobiernos es la falta de protección de las fronteras del país y el poco interés que se ha demostrado, precisamente,  para  imponer  la   presencia militar, algo que resulta contradictorio con las normas constitucionales que señalan entre las funciones más importantes  de  la  institución  armada, la seguridad y estabilidad del Estado y la defensa de la soberanía del país.

A la hora del balance de la realidad que se vive actualmente en algunos puntos fronterizos más neurálgicos de las extensas fronteras que tiene Bolivia con sus vecinos, no se puede dejar de señalar, que uno de los peligros más grandes que se ciernen contra el país, está precisamente en el narcotráfico, que incursiona por las fronteras con Brasil, Paraguay y Perú. 

El narcotráfico se ha constituido en una fuerza peligrosa que constantemente está atentando contra la soberanía del país, porque con su poder económico y la organización criminal armada que lo sustenta, puede realizar operativos de incursión incluso de magnitud, complicando a grupos de pobladores nacionales.

En los puntos fronterizos, las Fuerzas Armadas, que deben cuidar la soberanía del país,  tienen que estar presentes con todas las condiciones necesarias, porque su primacía que le entrega la responsabilidad de defender la integridad del territorio nacional de peligros frente a incursiones de otros países, debe tomar en cuenta, que ahora, el narcotráfico, representa uno de los factores de enorme riesgo para la soberanía de Bolivia. 

La vigilancia militar y las labores de colaboración entre los países que enfrentan al narcotráfico son elementos decisivos en el combate efectivo contra este flagelo.

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