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miércoles, 6 de noviembre de 2013

con toda energía El Dia reclama poner punto final "al terrorismo de Estado" en contra de Santa Cruz y su liderazgo con "la patraña del Hotel que dio origen al más burdo proceso de manipulación de la justicia y corrupción jamás vistos en el país", todo para "polarizar, dividir, confrontar?" pregunta

Un tufillo algo fétido está comenzando a expeler esta primera etapa de la campaña electoral que nos puede llevar a un pasado doloroso en el que la política exacerbó la división de los bolivianos, el racismo, la confrontación y el odio entre adversarios.

De pronto surgen los mismos planteamientos que despertaron los más bajos instintos en el país y que desataron una de las etapas más violentas que se haya visto en la historia nacional, con acciones de terrorismo de Estado que dejaron profundas heridas y que aún esperan por el esclarecimiento y la justicia.

Sin el menor anticipo y totalmente fuera de contexto, el presidente lanza la acusación de “separatista” contra el gobernador de Santa Cruz, argumento que tiende a convertirse nuevamente en el caballito de batalla para descalificar a toda una región, a su dirigencia y a quienes tuvieron el coraje de exigir con la autonomía, el cese del monopolio del poder y del control de los recursos.

Fueron esos epítetos los que despertaron la ira de algunos sectores que degollaron perros ante las cámaras de televisión, que organizaron el cerco a Santa Cruz, los que planificaron y perpetraron la toma de Cochabamba, de Pando y muchos otros episodios violentos, como la patraña del hotel Las Américas, que dio origen al más burdo proceso de manipulación de la justicia y corrupción jamás visto en este país.

¿Qué pretende el exalcalde y precandidato a presidente Juan del Granado con su propuesta de revisar el asunto de la “capitalidad”? ¿Quiere que los paceños hiervan de rabia y los chuquisaqueños se revuelquen en su remordimiento? Cuando esa idea surgió de forma genuina en Sucre durante la Constituyente, el mismo líder político que hoy propone sinceridad fue uno de los responsables de la manipulación del debate que derivó en los sucesos de La Calancha, un evento que sigue pendiente, esperando que Del Granado y los que fueron sus aliados, coadyuven para que se haga justicia, como está esperando Leopoldo Fernández y los 39 acusados de terrorismo en Santa Cruz. ¿Por qué no se pronuncia sobre estos aspectos?

¿Qué es eso de pedir una constituyente justo ahora en periodo electoral? ¿De pronto se les iluminó la mente? ¿Queremos volver al mismo zafarrancho que se armó en Sucre, para que se repita lo del cuartelazo de Oruro, lo del episodio en el edificio de Lotería Nacional o la manipulación del Congreso y sus comisiones clandestinas? ¿Qué se está buscando con todo esto? ¿Un nuevo Revocatorio? Son sin duda alguna ideas que despiertan muchas sospechas y que al parecen no tienen otra finalidad más que polarizar, dividir y confrontar, tres verbos que se han practicado de manera compulsiva en estos últimos ocho años en Bolivia.

No es que la autonomía, la reforma de la constitución o el debate que esperan los chuquisaqueños sean innecesarios. De hecho, sin autonomía o federalismo este país está condenado al eterno caudillismo centralista que lo mantiene ahogado; con la actual carta magna es imposible que el país pueda avanzar y por supuesto, la capitalidad es un tema que el algún momento va a tener que cerrarse.

Lo que llama la atención es el oportunismo de algunos líderes y los propósitos que surgen alrededor de sus propuestas guiadas únicamente a polarizar, a dividir las aguas y por supuesto, como siempre, pescar en río revuelto.
El presidente lanza la acusación de “separatista” contra el gobernador de Santa Cruz, argumento que tiende a convertirse nuevamente en el caballito de batalla para descalificar a toda una región.

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