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miércoles, 27 de noviembre de 2013

ministra Morales, que no es esposa ni hermana de Evo, replicó sin razón al Cardenal cuando éste calificó de estupidez desconocer a los jubilados. Jubilados de Oro, titula El Deber, SC

Los adultos mayores no son parte del aparato productivo en ningún país. La teoría económica los denomina ‘sector pasivo’, porque no trabajan ni generan ingresos reales para la economía. Por eso, reciben una pensión antes que un salario. Pero la realidad en Bolivia es muy distinta. 

Las deficiencias estructurales del sistema de pensiones boliviano han obligado a millones de jubilados a continuar con sus actividades productivas para sostener a sus familias, pese a que ya tendrían que descansar y disfrutar de las rentas producto de décadas de trabajo.

Por la pobreza, la falta de trabajo o los deficientes ingresos, miles de familias bolivianas están obligadas a mantener a sus abuelos entre quienes aún proveen de recursos fundamentales para enfrentar las carencias económicas. Por eso duele cuando el actual Gobierno remarca que los jubilados no tienen derecho a un doble ingreso como premio a sus esfuerzos cotidianos tal como se pretende beneficiar a los trabajadores formales con un doble aguinaldo. 

Es tal el grado de improvisación de las autoridades gubernamentales que dicho beneficio no ha encontrado más que problemas, en muchos casos, casi imposibles de resolver debido a que cientos de miles de pequeñas y medianas empresas literalmente no están en condiciones de pagar ese beneficio.


El frente de conflicto abierto por los jubilados es uno de los más importantes, dado que ellos también contribuyen al desarrollo del país y, con justa razón, reclaman un incentivo. Atinadas y valientes han sido las observaciones planteadas, en ese sentido, por el cardenal Julio Terrazas, que ha remarcado la obligación de las autoridades de no marginar a los hombres y mujeres de la tercera edad. “A los ancianos se los valora en su día y en la práctica los pisoteamos”, ha dicho el prelado.

 “Esas estupideces no tienen nada que ver con nuestra fe, ¿cómo van a decir que no hacen nada?, ¿acaso no decimos que son la riqueza de la Iglesia y del país?”, ha destacado Terrazas y tiene razón.

En una reacción destemplada previsible, el Órgano Ejecutivo ha calificado estas declaraciones de Terrazas como un “exabrupto”, es decir, un dicho salido de tono. Habría que calificar al decreto 1802 como tal, dadas las muestras de improvisación y conflicto que han generado apenas ha salido a la luz pública. Valga la reflexión para un país cuya economía está lejos de tener las condiciones suficientes como para tirar manteca al techo y hacer fiesta con recursos que no nos sobran 

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