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sábado, 16 de marzo de 2013

OPINION benévolo y complaciente insta a resolver el problema de Oruro, instando a encontrar solución mediante el diálogo sin embargo todo depende de UNA SOLA palabra de Evo. retiren mi nombre y se acabó. falta humildad, desprendimiento, visión de Patria!

Se debe imponer un análisis sereno de las instituciones y, en última instancia, la mediación del Presidente, para evitar enfrentamientos entre los sectores.

Muchos de los conflictos y enfrentamientos que se presentan en diferentes momentos de la vida nacional, se originan en decisiones de las autoridades, que no siempre tienen lo que se llama, de manera tan repetida, el consenso o cuando son adoptadas de manera apresurada sin el análisis correspondiente.

Cuando el conflicto estalla, las soluciones resultan más complejas, porque en ellas se involucran a personas, instituciones o finalmente a los intereses generales del pueblo y sus aspiraciones, que unas veces tienen que ver con el desarrollo y otras, con causas que son consideradas inherentes a las tradiciones, costumbres y sentimiento de la gente.

Ésto viene ocurriendo desde hace algunos días en la ciudad de Oruro, donde se registra un movimiento ciudadano respaldado por el Comité Cívico y ahora por organizaciones laborales, que se oponen a una Ley departamental mediante la cual se nombra al aeropuerto de Oruro con el nombre del presidente del Estado Plurinacional Evo Morales, en reemplazo de la tradicional nominación de “Juan Mendoza”, el primer piloto boliviano de origen orureño.

El rechazo citadino encuentra una respuesta en la movilización de la Federación Sindical Única de Trabajadores campesinos de Oruro, que emitió sendas resoluciones declarando estado de emergencia de las 16 provincias , otorgando un plazo de 48 horas para que las organizaciones impulsen piquetes de huelga de hambre y advierten un cerco a la ciudad sino aceptan el nombre del Presidente para la terminal aérea.

El problema ha llegado a extremos insostenibles y debe merecer soluciones inmediatas, porque de un asunto que debería ser analizado en su justa dimensión y proporcionalidad, se puede llegar a situaciones de enfrentamiento.

Por un lado, el pueblo orureño debe estar agradecido al Gobierno del presidente Morales por la magnífica obra del aeropuerto internacional, que gravitará en el desarrollo de este departamento, pero por otro, se tiene que analizar con la debida prudencia la pertinencia de la Ley departamental que dispone el cambio de nombre del aeropuerto. Otra vez habrá que recordar que las leyes tienen efecto en su aplicación, cuando toman en cuenta realidades concretas del entorno donde son aplicadas, cuando asumen un estudio sobre aspectos históricos, de tradiciones y costumbres y, finalmente, cuando analizan lo que se denomina, el espíritu de la ley, que de alguna manera tiene que ver con el sentir de la gente.

La leyes que no guardan condiciones ni se relacionan con el entorno, siempre ocasionan conflicto y rechazo y, muchas veces, descontrol en su aplicación, como se está observando en el actual conflicto de Oruro.

Las soluciones no se darán a partir del enfrentamiento, de marchas y contramarchas, de manifestaciones y advertencias, sino mediante un análisis sereno de las instituciones, es decir del movimiento cívico y de los campesinos y, en última instancia, la mediación del propio Presidente, quien tendrá que decir su última palabra, en un asunto que posiblemente se ha originado, incluso, sin el requisito elemental que en el caso de las nominaciones, se tiene que cumplir, que es la consulta previa al interesado.

Una obra transcendental como es el nuevo aeropuerto de Oruro, ha sido concebida para beneficio de todos los orureños, para mejorar las condiciones de vida y para abrir espacios aéreos buscando mejores oportunidades en un departamento que ha sido relegado históricamente. Es una obra para el bienestar común, no para el enfrentamiento.

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