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martes, 5 de abril de 2011

la carrera armamentista de Morales provoca recelo en Paraguay y piden a Lugo sus opositores tomar en serio protestando en los foros

En su visita de un día a Bolivia, el pasado jueves 31 de marzo, el dictador venezolano Hugo Chávez dio muestras de una total falta de tacto diplomático y de la realidad, al pasar revista a la actual situación internacional y sus posibles repercusiones en el ámbito de los intereses nacionales de sus respectivos países. El encuentro presidencial llevado a cabo en la ciudad de Cochabamba, ante una masiva concurrencia pública, contó también con la presencia del vicepresidente de la República, Álvaro García Linera, y el pleno del gabinete de ministros, a más del canciller venezolano, Nicolás Maduro.

En la ocasión, el verborrágico dictador venezolano, con su acostumbrada incontinencia verbal, criticó en airados términos la reciente visita del presidente Obama a Brasil, Chile y El Salvador, calificándola como enderezada a manipular y engañar a los pueblos de la región. “Señor Obama: nunca más Estados Unidos será dueño de América Latina. América Latina es libre y será libre para siempre, cueste lo que cueste”, fanfarroneó el dictador en un pasaje de su discurso. Se despachó también con acerbas críticas contra la intervención militar de la OTAN en Libia, calificándola como “locura imperial”, y acusó a los Estados Unidos de estar preparando similar acción militar contra Siria. Finalmente, anunció que en los próximos días habrá una reunión de la ALBA en Caracas.

Ratificando su paranoica fascinación por su autocrático mentor político, Evo Morales no ahorró zalamerías de adulación rastrera al responder a las palabras de su ilustre visitante: “No faltan amenazas (...) Pero quiero decirle, compañero, hermano presidente de Venezuela: Que vengan las amenazas de donde sea, de Estados Unidos o de otras partes del mundo, hermano Chávez, aquí está tu pueblo; siempre estará contigo para defender la revolución bolivariana y para defender al hermano Chávez”.
El vicepresidente García Linera tampoco desaprovechó la ocasión para sumarse a las diatribas contra el “Imperio”, en referencia a los Estados Unidos: “Lo que sucede en Libia es el matonaje planetario, abusivo, indigno”, dijo el Vicepresidente.

Ambos mandatarios aprovecharon la ocasión para firmar varios acuerdos de cooperación en las aéreas de defensa, educación, salud, energía, minería, comercio, agricultura y seguridad. A propósito, con relación a la cooperación de defensa, cabe destacar que, desde la asunción de Evo Morales al poder, el Gobierno venezolano viene asistiendo con prodigalidad a las fuerzas armadas de Bolivia con dinero, armamento y personal para su reestructuración orgánica y modernización.

La visita -con motivación más ideológica que política- del dictador venezolano a Argentina, Uruguay y Bolivia fue a todas luces una réplica más bien caricaturesca a la realizada recientemente por el presidente norteamericano Barack Obama a Brasil, Chile y El Salvador, para congraciarse con sus aliados dictadores Gaddafi y Ahmadinejad y ganarse así alguna repercusión internacional que de alguna manera distrajera el descontento de su propio pueblo con su mal gobierno. De paso, aprovechó la ocasión para darle un espaldarazo a la alicaída popularidad doméstica de su aliado Evo Morales. Resta por verse si tales afanes se concretan en esos escenarios y si sus resultados son duraderos.

A causa del fundamentalismo ideológico que los fanatiza y de la naturaleza antidemocrática de los gobiernos que presiden, tanto Chávez como Morales se han tornado altamente sensitivos a las críticas de sus propios pueblos, por lo que buscan contrarrestarlas de cualquier modo, respondiendo con rigidez y hasta con arrogancia a los desafíos foráneos, reales o inventados.

La agria relación que por muchos años mantuvo Chávez con el presidente colombiano Álvaro Uribe es un buen ejemplo de ello, como lo es también el inatendible reclamo de Evo Morales al Gobierno chileno por una salida soberana al mar; o la absurda concentración de fuerzas militares sobre nuestra frontera del Chaco, donde nuestra presencia militar ha sido hasta ahora mantenida a un mínimo por el presidente Lugo.

El advenimiento de éste a la presidencia de la República ha servido muy bien a Evo Morales para encubrir el rearme militar de su país con una fingida política de amistad y buena vecindad con el nuestro, merced a la afinidad ideológica marxista que ambos comparten. La compra de armas y equipos militares modernos por parte de Bolivia, con el falaz pretexto de defender su soberanía y combatir el narcotráfico, ha creado para el Paraguay un serio dilema de seguridad nacional que es obligación de todo paraguayo tener muy bien en cuenta: mientras el efecto del rearme boliviano aumenta la seguridad nacional de ese país,
la seguridad nacional del Paraguay disminuye proporcionalmente. Y la única forma de contrarrestar esta vulnerabilidad es rearmándonos también nosotros, con lo que sin proponérnoslo, caeríamos en el círculo vicioso de la nefasta carrera armamentista que a toda costa deseamos impedir, pero que el “comandante” Hugo Chávez está meta y ponga impulsar lo más aceleradamente que puede.

Siendo una realidad geopolítica incontestable que para Bolivia el Paraguay es el único enemigo potencial posible, el aumento de su seguridad nacional implica necesariamente una directa amenaza para nuestro país, por lo que no podemos permanecer indiferentes ante ello. Para peor, tenemos un presidente de la República que, por fanatismo político, les facilita el juego a nuestros enemigos de ayer, haciéndose eco de su falaz retórica pacifista.

Afortunadamente, ante tan grave desidia gubernamental, el presidente de la Delegación de Paraguay ante el Parlamento del Mercosur (Parlasur), Alfonso González Núñez, denunció el jueves en un comunicado la amenaza que representa para nuestro país el injustificable rearme de Bolivia. “La vivaz carrera armamentista desencadenada por el gobierno del señor Evo Morales provoca en la sociedad compatriota, hondamente pacifista, fundados recelos respecto a los verdaderos motivos que mueven a la hermana República de Bolivia a instalar fuertes contingentes militares y equipamientos bélicos en la frontera con el Paraguay (...) Por ende, la lógica conclusión a que arriba la población paraguaya en su conjunto, guiada por la prensa independiente y expuesta, en este caso, por la Presidencia de la Delegación de Paraguay del Parlamento del Mercosur, es el recóndito designio boliviano (...) de exhumar, sea por la vía diplomática o tal vez en el campo de batalla, aquel aciago episodio (...)”, expresa parte de la patriótica denuncia del parlamentario paraguayo en concreta referencia a la Guerra del Chaco.

Cabe esperar que, de una vez por todas, el presidente Fernando Lugo tome finalmente en serio la amenaza que para nuestra seguridad nacional representa el rearme boliviano, haciendo escuchar su protesta en los foros internacionales a los que concurre con asiduidad, con y sin motivos valederos.

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