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sábado, 23 de abril de 2011

Jorge Siles Salinas es un católico profundo. A lo largo de su producción histórico-literaria hemos advertido su profunda formación como ahora Doctrina Social de la Iglesia (1)

Los grandes textos, en los que los últimos papas exponen las ideas capitales de la doctrina social católica han dado origen a muchas y no siempre coincidentes puntualizaciones entre los comentaristas de esas obras. Algunos intérpretes de esos documentos se han creído autorizados a formular de un modo en el que no se rebela precisamente la intervención de un criterio riguroso e imparcial. Al reconocer la importancia de las modernas ideologías implicadas en las nuevas corrientes sociales que tienden a subsumir al hombre dentro de vastas y multiformes asociaciones, habría venido finalmente a admitir la definitiva gravitación del Socialismo en el mundo que se configura ante nuestros ojos. El párrafo 59 de la encíclica no usa expresamente la voz “socialización”; se ha dicho que eso se debe a que el latín no contiene en su vocabulario, como es obvio, la indicada expresión. Algunas traducciones, como la oficial italiana, la utilizan, sin embargo, de un modo explícito.Ciertamente, más allá de esta cuestión de palabras, lo que interesa ver es qué sentido atribuye la encíclica a este problema de socialización contemporáneo. A nuestro juicio, quienes han acertado a mostrar los verdaderos alcances del pensamiento pontificio en lo que atañe a este problema, son los autores que entienden por socialización la necesaria vinculación de los seres humanos a unos organismos intermedios- municipios, cuerpos profesionales, empresa, instituciones regionales, agrupaciones económicas, culturales, religiosas- que constituyen la estructura , el tejido orgánico de la sociedad. La socialización, desde el punto de vista cristiano, no implica, por tanto, estatización ni colectivismo ni masificación, sino todo lo contrario; implica el reconocimiento de que la persona humana no puede cumplir sus fines si no es a través de unos cuerpo u organismos gracias a los cuales la sociedad, lejos de ser un bloque monolítico identificado con los propósitos y los sistemas del Estado, constituye una realidad plural, viviente, poseedora de una variedad de formas institucionales y orgánicas.Se ve así que la socialización, entendida según el recto criterio en que se inspira la Mater et Magistra, no es de ningún modo contradictoria del principio de subsidiaridad; antes, por el contrario, lo complementa y le confiere una plenitud de significado. Inversamente, el socialismo desde su perspectiva radicalmente estatista y niveladora, mira con hostilidad a los cuerpos intermedios, a los que inflexiblemente trata de absorber o de destruir.Los cuerpos intermedios son, pues, los instrumentos más aptos de esta socialización en sentido cristiano. De un modo radicalmente contrapuesto a las tendencias de un socialismo despersonalizador y gregario, que aspira a convertir al Estado en la única fuente generadora de toda dinámica social, la filosofía política cristiana ve en los cuerpos intermedios la más sólida garantía capaz de preservar a la persona humana de los extremos del individualismo y del totalitarismo.

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