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miércoles, 21 de noviembre de 2012

varios títulos podría tener el acertado texto de Alvaro Rivero "del jersey al casimir", "la magia del jersey" "el desencanto de un líder cocalero" "casi ni mereció atención" ya nos referimos a la presencia de Evo en Cádiz


Haciendo un recuento de la visita presidencial a la Cumbre Iberoamericana de Cádiz, que bien pudo llamarse “quo vadis” por el incierto derrotero de la misma, estableceremos que los logros obtenidos por S.E. fueron considerablemente menores a los alcanzados en su primera expedición a España.
Esta reciente aparición en los palacios reales, ataviado con ese modelito de Mao Tse Tung o Jawaharlal Nehru, que más se asemeja al uniforme de un botones de hotel que al del líder chino o hindú, impecablemente confeccionado por Manuel Sillerico en fino paño negro inglés, de lejos no produjo la misma sensación mediática que causó la chompa o famoso jersey a rayas de la primera visita, la cual, si bien no calificaba en las reglas y normas del estricto protocolo real, inspiró humildad, sencillez y hasta muchísima personalidad.
De pronto, esta vez ya no era el mismo mandatario de marras que puso su nota de exclusividad al bajarse del automóvil que lo llevó al palacio de la Moncloa y le extendió la mano al ujier que le abrió la puerta del auto, antes de saludar a su anfitrión Zapatero. Un trato similar se dio a su llegada a la Zarzuela, donde saludó al Soberano con la mayor naturalidad y desparpajo, casi de igual a igual.
¡Hoy, la magia se ha agotado! Mil veces mejor habría sido vestir un poncho de aquellos de la colección de cien mil dólares, que al menos habría despertado la envidia de los modistos iberos y la ira de algunos sudacas indigentes que deben abandonar súbitamente a la madre patria, que ya no cuenta ni con una gota de leche para amamantarlos, pues un ilustre zapatero socialista y su pandilla de populistas exprimieron hasta su última gota, antes de desaparecer.
La tenaz defensa del akulliku en su calidad de presidente de las seis federaciones de cocaleros, más que como presidente de Bolivia, obtuvo una nota indulgente de parte de los necesitados anfitriones que, atareados con la urgencia de pasar el sombrero a los invitados, en forma paternal nos reconvinieron más o menos así: “Allá ustedes si desean continuar con esa práctica que llaman ancestral y que tanto nos ayudó en la colonia a rebajar costos de producción, sojuzgando a los mitayos de la plata que, en lugar de ingerir costosos y nutritivos alimentos, mascaban esa hoja milagrosa. Hoy sabemos que su mascado abarca sólo al 10% de los bolivianos, pero crece inversamente proporcional al de la ingesta por vías nasales, algo que era de esperarse en una sociedad civilizada que se ha convencido que la masticación solo tiene como resultado afear más el rostro de los usuarios, deformándolo antes que embelleciéndolo, en medio de la fetidez de un aliento espantador, y si bien les fortalece los dientes, estos terminan cayéndose sanitos por el corrosivo impacto de la cocaína sobre sus encías”…
Pero no todo estuvo perdido, en un partido el futbol contra los bufones de la Corte nos fue bien, S.E. metió un gol de penal, que si bien no era lo ideal, fue gol al fin. Dicho tanto fue difícil marcárselo al equipo chileno, cuyo capitán Piñera reforzó la defensa con la manida estrategia de hace 133 años, de no revisar las reglas del juego, algo que ni Azkargorta podría vencer. Ante semejante cuadro desgarrador sólo podemos concluir en la premisa de que no es lo mismo un presidente pobre que un pobre presidente que no supo aquilatar la importancia del jersey en España.

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