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sábado, 10 de noviembre de 2012

datos inapreciables ofrece Daniel Pasquier en su último artículo "lo mejor está por venir" de Obama. al desempleo pero también al lanzamiento de los bonos y "al gasolinazo pendiente" como una espada de dos filos y la persecusión a los medios. Excelente Daniel!

El discurso del presidente Barak Obama, tras su victoria en la reelección, es un canto a la esperanza para su pueblo. Con visión moderadamente optimista, señal de madurez política, del mandatario y de la nación. El  reto inmediato es continuar viviendo, construyendo el país que todos han soñado, promoviendo libertad y democracia en el mundo, conscientes de que nada es perfecto pero que sí es perfectible. La conclusión realista que convoca al esfuerzo continuo,  “más de 200 años después de que una colonia tuviera el derecho a determinar su propio destino, la tarea de perfeccionar nuestra unión sigue". El tradicional saludo a su principal oponente, Mitt Romney, es el colofón demostrando la solidez institucional de la democracia americana.

La situación económica y social de EEUU es todavía crítica, pero no hay convocatoria a  mirar para atrás. Nada de echar culpas a nadie. Ninguna frase de revancha. Los enfrentamientos electorales ahí se quedan; se acabó la campaña, se acabó el enfrentamiento. Personajes y cadenas de medios  vuelven al trabajo cotidiano. Algo así como, solo con trabajo conseguiremos el liderazgo soñado. Allá lejos, otros aires, se ocupan en  buscar cambios constitucionales, tratando de burlar la institucionalidad, solo para justificar la ambición de darse continuidad en el poder. ¿Para qué? El permanente dilema de las sociedades con democracias débiles: unir sus destinos al futuro de sus instituciones o a los humores de sus caudillos ocasionales. Construir país, donde la alternancia es una de las claves o, confundir democracia con el juego de “pasiones democráticas”, definidas por Tocqueville.

Calidad en la información a la ciudadanía marca otra diferencia en democracia. El presidente del Estado Plurinacional (EP) anuncia con entusiasmo la disminución del desempleo, como sinónimo de todo marcha bien. Le da lo mismo que sea un 6, 5, o menos de 3%, cuando cada punto son miles de empleos. Suficiente para un público poco instruido y ávido de buenas noticias. El contraste con la realidad nos arranca del sueño: gente en la calle, en mil oficios, sin distinción de género ni de edad. Haciendo cualquier cosa.

El trabajo debe ser estable, con salario suficiente para mantener una familia –por pequeña que sea-, con garantía de atención a la salud y a la educación de los hijos. Eso es empleo. Por suerte, otras instituciones, aparentemente más serias que los suministradores de datos oficiales, señalan entre 70-73% de empleo “informal”. Están más cerca de la realidad. Lo corroboran, desgraciadamente, otros investigadores apuntando la horrorosa cifra de 1/10 (uno de cada diez) bolivianos urbanos con empleo. El estudio no se ha repetido, pero el resultado se adivina, en el área rural. Queda claro para el ciudadano común, hasta para el menos ilustrado en éste sufrido país, que el empleo informal no es empleo. Es el sálvese quien pueda, no importa cómo.

El éxito del programa de creación de empleo para jóvenes. Con dinero prestado, 20 MD para capacitar a 20.000 candidatos que, después del programa, tendrán que buscarse empleo. Aún así, los requerimientos anuales del país son diez veces más. De esta forma las actividades ilícitas podrían considerarse beneficiosas porque al fin y al cabo resuelven el tema de la subsistencia a miles de ciudadanos y sus familias. Es evidente, la especia humana ha dado señales inequívocas de sobrevivir a las situaciones más exigentes y desesperadas durante miles de años. Para eso no hace falta Estado.

El ministro de Economía da otra puntada, en medio de grandes expectativas. Después de la “exitosa” nacionalización, con fuerzas armadas e invasión de oficinas de las petroleras incluidas, nos anuncia que el 2013 se contemplan en el PGE 1.060 MD (millones de dólares) para subvencionar el consumo de gasolina, diesel y gas licuado. Tanto esfuerzo por exportar el gas, para que  las rentas se vuelvan a Venezuela, Argentina y otros en importación de líquidos. YPFB no se cansa de invitar a foros, dentro y fuera del país, donde se exponen las “maravillas” de invertir en el EP. Ni a Gazprom se la ha conseguido convencer. Desde Texas, la meca capitalista de la industria del petróleo,  un funcionario plurinacional da a conocer la noticia, “el próximo año” seguramente tendremos empresas interesadas en venir a invertir. Es decir, por ahora, en las condiciones actuales, no. Los ojos siguen atentos a la esperada ley de inversiones, las garantías jurídicas, la resolución de los juicios y problemas con los anteriores inversionistas. Muchas cosas pendientes.

La sorpresa. Se colocan Bonos Soberanos en la bolsa de New York por 500 MD, a diez años, con una tasa de 4.87%, el doble de la que pagan países vecinos.  El BID prestó 315 MD el 2011 y el  2012, y  está dispuesto a subir la apuesta a  356 MD para el 2013. Pero, si hay 13.000 MD en reservas (RIN) y la banca nacional goza de una liquidez considerada histórica, al punto que suenan voces pidiendo que el EP saque otra serie de bonos a través de la Bolsa Nacional de Valores para invertir unos 500 MD. Todo esto sin entrar en las cuentas con Venezuela, CAF, BM, ¿el círculo de siempre? ¿No recuerda a la experiencia vivida en la época de Banzer y el boom de los petrodólares?

Sin duda, grandes economías deprimidas liberan ingentes recursos financieros especulativos, como aves de rapiña, revoloteando. Al final, todo se cobra y se paga. Cuando ya a Bolivia se le habían condonado la mayor parte de su deuda pública externa, ¿vuelve a las andadas? Porque la subvención a los combustibles no es sostenible, ¿cuadrarán los números, por lo menos hasta llegar al 2014? ¿La reelección en la mira?

Lástima, con la prensa amordazada –cuando no quemada-, la persecución política sin descanso, copando medios de comunicación independientes por empresarios afines al gobierno (sin  importar las formas), y una ciudadanía poco instruida y menos democrática, no garantizan que lo que venga será  mejor.

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