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lunes, 19 de julio de 2010

por el momento inservible. alocada compra de un lujosísimo avión francés que le queda muy grande al originario. quizá sería mejor devolverlo opina LP.

La Prensa:

¿Y si se devuelve el Falcon?

El avión es demasiado moderno para ser operado en el país, como quedó patentado por la incapacidad de los pilotos de la FAB para conducirlo.

En los hangares de la Fuerza Aérea está estacionado desde fines de junio uno de los aviones más lujosos del mundo, comprado por el Gobierno nacional a un precio muy elevado (38,7 millones de dólares), pero que no puede ser usado por falta de personal calificado.

El Falcon 900 Easy provocó críticas desde antes de su adquisición, sobre todo por el hecho de que su compra no fue precedida por una licitación como ordenan las leyes del país. El Gobierno nacional no prestó atención a esos detalles legales, seguramente confiado en que después el equipo de abogados o, en último caso, los parlamentarios, defenderían la decisión Presidencial.

Para justificar la compra fue puesto a prueba todo el equipo de comunicación que responde al Gobierno, que debió insistir en la importancia de renovar el avión presidencial porque era vergonzoso que el Presidente siguiera usando aviones facilitados por sus colegas amigos, como Hugo Chávez, de Venezuela. El mensaje de estos profesionales de la comunicación decía que Bolivia había dejado de ser un país mendigo y que ahora podía darse el lujo de proporcionar a su Presidencia una nave que sea digna de su cargo del orgullo de Bolivia. El detalle del precio fue relegado por estos mensajes, lo mismo que la irregularidad de que no se había hecho una licitación.

Las alusiones a que se trataba de una compra de lujo, un exceso de parte del Gobierno de un país pobre, tampoco fueron respondidas por el Órgano Ejecutivo, a pesar de que se dieron en medio del debate sobre el incremento de salarios. Sin embargo, algunos medios internacionales hicieron esa referencia.

Pero lo que ha quedado de esta observación es que el avión, de veras, es demasiado moderno para que pueda ser operado en el país, como ha quedado patentado por la incapacidad de los pilotos de la FAB para conducirlo.

Si los pilotos no son capaces de hacer volar este prodigio de la tecnología moderna, las pistas de aterrizaje del país no son aptas para sus características. Las autoridades de AASANA han hecho saber que, en efecto, para comenzar, la pista de aterrizaje del aeropuerto de La Paz (en la ciudad de El Alto) adolece de graves defectos que es preciso corregir para la operación de aviones comerciales. Las demás pistas de aterrizaje del país no están en mejor estado que la de la sede del Gobierno.

Los países vecinos están más adelantados, pero algunos de ellos han optado por comprar aviones presidenciales menos sofisticados y más aptos para sus propias realidades, como el BAE de Inglaterra que usa el TAM.

Para contar con un piloto que sea capaz de poner en vuelo el Falcon sería necesario traerlo del exterior. Se trata de profesionales muy caros, como lo demuestra el hecho de que el piloto que trajo el avión al hangar de la FAB desde Estados Unidos cobró 30.000 dólares.

Por todas estas consideraciones, quizá sea conveniente revisar esta compra, devolver el avión, asumiendo los costos de esta decisión y, con la lección aprendida, proceder a comprar un avión que sirva para el Presidente de Bolivia, uno seguramente mucho más barato y menos complicado que el Falcon 900.

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