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domingo, 4 de julio de 2010

"avión evidencial" bautizó el popular Paulovich al flamante juguete de Evo que ahora más que antes estará siempre en el aire, olvidado de todoytodos

La noticia de la llegada del nuevo avión presidencial al aeropuerto de La Paz causó un revuelo entre los clientes habituales del ‘naiclú’ Malena, por lo que el yatiri Titirico en persona se dio a la tarea de organizar un comité de recepción que marchará desde nuestras instalaciones al aeropuerto del que tratan de apoderarse los ‘hermanos alteños’.
En efecto, ayer muy temprano acudió a casa mi comadre Macacha para acompañarme a la ceremonia que estaba prevista con motivo de la llegada al país del antojo más caro que pudo tener un Presidente en toda nuestra historia, porque los anteriores deseaban caballitos y el más antojadizo un automóvil blindado o una chola con patines.
La presumida de mi comadre quiso lucirse ante la multitud conduciendo mi motocicleta Harley Davidson, pero le dije que ésta se encontraba ‘resfriada’ y que iríamos a El Alto en minibús, que es el vehículo que usamos los pobres, decisión que aceptó a regañadientes diciéndome que estos vehículos están siempre llenos de cholas e indigentes, término que ella usa para referirse a la gente indígena. Cuando le enseñé sus polleras, la cochabambina me dijo: “Yo soy chola superada y pronto seré banquera y colega del ‘Pato’ Bedoya”.
Todos los minibuses que pasaban por mi casa lo hacían velozmente y llenos de pasajeros que, seguramente, también se dirigían a El Alto para ver aterrizar el nuevo avión presidencial, que podría llamarse ‘evidencial’ porque pone en evidencia al Presidente de un país rico al que es necesario promoverlo en el mundo para que vengan extranjeros a explotar nuestras riquezas como socios y no como amos imperialistas.
Hasta que al fin llegó un minibús casi completo, en el que mi comadre pudo sentarse al lado del chofer cubriendo con sus polleras la palanca de la caja de cambios y yo detrás, al lado de una cholita que me sentó sobre una de sus piernas. Así viajamos los pobres.
La conversación en el motorizado giraba en torno a la nave, pues todos se referían con admiración al avión presidencial que verían aterrizar dentro de poco; unos hablaban de su velocidad, otros de su elegancia, también alabaron su comodidad y algún experto se refirió al precio de $us 38 millones que a todos nos pareció una ‘pichincha’.
Mi comadre no decía nada, pues estaba ocupada con la palanca de la caja de cambios, yo tampoco expresé nada durante el viaje sentado sobre la pierna de una cholita con la que intercambiamos sonrisas cada vez que el minibús pasaba sobre los baches callejeros. Al fin llegamos al aeropuerto, pero tarde porque no vimos aterrizar el mágico avión que deseábamos ver descender del cielo como una nave casi divina, la verdadera ‘nave del Estado’ al lado de la cual todos los otros aviones presidenciales no son más que ‘taparacus’ (mariposas nocturnas). ¡Felicidades, presidente Evo!

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