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jueves, 22 de julio de 2010

Evo cree que insultando a EEUU entre otros mantiene una "popularidad mundial" mientras sigue recibiendo los dólares por debajo de la mesa

El líder de los insultos

Editorial de El Dia. SC, Bolivia

El último insulto de Evo Morales a Estados Unidos ha sido el de “chantajista”. Acusó a Washington de condicionar la ayuda a los países industrializados a cambio de que éstos no defiendan el medio ambiente. El Presidente aún procura convencer al mundo de que es un férreo luchador ecologista, pese al patético discurso que pronunció en Tiquipaya hace unos meses y a la reciente advertencia que hizo nada menos que el secretario general de la ONU Ban Ki-moon, quien afirmó que los cultivos de coca que tanto defiende Evo Morales, “deterioran y dañan la madre tierra y destruyen vastas extensiones de terrenos cultivables y parque nacionales”.
No hay duda que Evo Morales usa sus estribillos ambientalistas para posicionarse como líder de talla mundial, pero para conseguirlo no es suficiente con subir el tono de voz, despotricar contra el imperialismo y comprarse un avión caro. Cuando menos, el mundo le exigirá una dosis mínima de coherencia y que abandone esa actitud de pendenciero internacional que ha llevado a Hugo Chávez a ser considerado un “intratable” en la mayoría de los foros multilaterales. Sin la abundancia de petrodólares para repartir y comprarse amigos, al líder bolivariano le está costando cada vez más mantener siquiera los círculos de lealtad que había creado a través del ALBA y otras instancias. Hoy, su área de influencia está prácticamente reducida al eje Caracas-La Habana y el régimen boliviano como un satélite que no ha conseguido un rumbo propio como lo ha hecho Correa en Ecuador.
Paradójicamente ha sido Estados Unidos el que le ha dado la posibilidad a Evo Morales a dar el salto que lo posesione como un líder de referencia internacional. Durante la visita a La Paz del jefe de la diplomacia estadounidense para América Latina, Arturo Valenzuela, se informó en conjunto con el canciller boliviano, David Choquehuanca, que había un 99 por ciento de avance en la conformación de un “acuerdo marco” para la relación entre ambos países. De lograrse ese pacto, sería la primera vez que Washington hace una concesión de esa naturaleza, un logro que la diplomacia nacional podría explotar a su favor y que naturalmente le daría un espaldarazo a la imagen del Presidente.

Obviamente, el insulto no es el mejor camino para conseguir un acuerdo con Estados Unidos, donde existen sectores políticos que están convencidos que la paciencia que expresa actualmente la Casa Blanca no es el trato adecuado para los que se consideran “enemigos” de Washington. En Bolivia, como es evidente, también hay algunos representantes del Gobierno que constantemente sabotean los esfuerzos por conseguir un entendimiento. Evo Morales parece más influenciado por éstos últimos, pese a que el canciller trabaja en el sentido contrario, porque está convencido que ni la soberanía ni la dignidad de un pueblo se verían melladas mediante acuerdos comerciales, cooperación en áreas sociales y otros aspectos en los que existen grandes posibilidades.

El Presidente deberá tomar una decisión cuanto antes sobre estos aspectos. Los plazos no son eternos y tal como se puede observar en la oscilación del péndulo político latinoamericano, adoptar actitudes aislacionistas puede ser peligroso.

Evo Morales quiere posicionarse como un líder de talla internacional. Pero además de comprarse un avión no hace más que insultar.

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