Google+ Followers

jueves, 8 de julio de 2010

Hemos observado siempre que Mario Rueda Peña posee cualidad de visionario. Sus ideas están en concierto con el futuro de Bolivia ni duda cabe

No faltan quienes consideran que el nuestro es un país totalmente incompatible con el afianzamiento de una nacionalidad común.

Creen que permanecerán inalterables en la topografía altiplánica, valluna y tropical las actuales parcialidades de tipo territorial, étnico y cultural. A esta convicción, alentada desde fuera de nuestras fronteras por fundaciones europeas repletas de operadores “verdes” (ex izquierdistas clásicos conversos al etnocentrismo y el ecologismo a ultranza), debemos sucesivas inserciones a nuestra normativa constitucional, de paragrafadas (Estado plurinacional, multiétnico, multicultural, territorialidad política, administrativa y judicial indígenas, etc., etc.) que ahora son la causa del nuevo y riesgoso capítulo de la serie de conflictos que viene padeciendo Bolivia.

Nunca nos cansaremos de insistir en que a Bolivia le espera, a plazo mediato, desde luego, (varias décadas) un destino de Estado Nacional plenamente consolidado. Sí, “Nacional”, y no “Pluri” ajedrezado por lo etnico-cultural. Acelerará el recorrido la creciente e imparable migración campo-ciudad, que es también de “aculturización”, tanto en lo lingüístico como en usos y costumbres, algo que ya se manifiesta en forma ostensible en esa metrópolis de población de origen aimara que es El Alto de La Paz.

Con el paso de los años, se reducirá en forma drástica la población de las actuales comunidades indígenas de todo el país. La población urbana será totalmente mayoritaria respecto a la rural-indígena y la mayor funcionalidad del idioma español relegará a las lenguas nativas, algunas de las cuales desaparecerán por completo. Los indígenas que aún permanezcan en las zonas rurales ya no serán los postergados de hoy, porque accederán a mejores condiciones de vida.

Naturalmente que lo anterior no ocurrirá por casualidad, sino como resultado de un desarrollo económico que acercará a las regiones y acelerará la integración social. No cabe duda que tendremos algunos gobiernos que sabrán aprovechar interregnos de bonanza en el mercado internacional, para ejecutar en forma idónea y con proyección de futuro políticas de Estado que, entre otras cosas, acabe con la pobreza de los indígenas.

Respecto a lo urbano, radica en lo económico y no en lo étnico cultural el rango de la pertenencia social. Para ésta, de aquí a cien años, el indicador referencial será la billetera y no el color de la piel. Nuestros tataranietos verán a gente de origen aimara, quechua o tupiguraní, compartiendo el poder económico y político (o disputándoselo en forma pacífica o rabiosa) con criollos (que ya serán muy pocos) y mestizos (que representarán una aplastante mayoría). Pero todos igualados en la vocación de nacionalidad común: la boliviana,

Vamos a eso. No lo veremos nosotros, pero sí nuestros descendientes.Y nadie detendrá por mucho tiempo marcha tan inevitable.

Lo que actualmente acontece en el país equivale a simples tropezones que no paran, sino demoran un poco el recorrido al tramo final: un Estado consolidado y asentado sobre una nacionalidad común, la boliviana.

No hay comentarios: