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martes, 13 de septiembre de 2011

"el perro se muerde la cola" compara Claudio Ferrufino. Morales no es Hussein ni Gadafi y no tiene un bunker que se sepa. se encontrará sentado en un sillón con las puertas abiertas a la masa linchadora...abandonado...interesante!


Asistimos solo al comienzo del proceso de desintegración del MAS. Ya no únicamente se deslindan, de un lado y del otro, con las siniestras ONG que ejercieron actividades patriarco-coloniales sobre una nación de indios, pobres y desamparados, creando una casta de individuos bien pagos que ostentaban la dualidad de ser nuevos ricos y supuestos defensores de los míseros. Ellos crearon esta mórbida gesta de rejuntados que hoy gobierna, sobre tesis vacuas, irreales, corruptas; intentaron sacar de la nada una Arcadia que nunca existió, que condescendió con sus intereses de salvadores del mundo y aprovechadores, asuntos que ni en teoría, y mucho menos en práctica, concuerdan.
El fatuo presidente de los bolivianos fue su cría, se alimentó de ellos, y de diversas fuentes, incluida la norteamericana, que lo apuntalaron hasta llegar a donde está, un endeble trono de coca, que parece inclinarse con peligro a ceder el bastón de mando a los oscuros artesanos del crimen, siendo Evo una pieza más de su feroz juego global. Pero en un país de tremendas ambigüedades, a ratos esta inclinación oficial por el crimen semeja conceder espacio al campo contrario, desarrollando una cacería de brujas antinarcóticos para complacer al todavía amo del norte, y protegerse -quizá- las espaldas de la debacle que asoma con la sentencia del reo Sanabria en una corte de Miami. Creen los jerarcas que sacrificando a los peones, el tablero se mantendrá incólume, sin darse cuenta que el objetivo es la cabeza, aunque en una primera instancia caigan los alfiles, Llorentty entre ellos, y luego los caballos y las torres. Después viene la reina seguida por el rey.
En esta brega, que resulta ser interna, los masistas se muerden unos a otros; se acusan, se venden, tratando cada uno de salvar el pellejo y salvárselo al Apu Mallku que en su momento se verá también abandonado. Lo cierto es que cambiaron las reglas del juego. Ya se barajan nombres. Por poco no se le dice al ministro de Gobierno que aliste maletas para la perpetua. El millonario Felipe Cáceres, digno ejemplo de la pericia comercial de los indígenas del Ande, en esta separación aguda que ellos mismos proponen en relación a los salvajes del oriente, ya ha sido mencionado (equivale a marcado) y dudo que pueda comprar amistades de cien mil dólares entre los que en su momento lo han de condenar a prisión. Esa diferencia, la de los nombres, alerta sobre la proximidad del fin. Y Evo lo sabe, por eso se revuelca incómodo en la silla. Amenaza, intenta alianzas internacionales, propone las bases de un aeropuerto privado del narco en medio de su territorio. Hasta es posible que se haya construido un bunker en el Chapare que supone ha de preservarlo del castigo. Pero Morales no es Saddam Hussein ni Gaddafi. Poco puede esgrimir en su favor para que valiera la pena jugarse en su defensa. ¿El litio? Se explotará con él o sin él cuando el mercado lo considere imprescindible. Los chinos no moverán un dedo por una pieza intrascendente en el panorama mundial.
Cuando las papas queman, los cocineros se acusan unos a otros de haber incendiado el festín. No hubo ni cordura ni mesura entre los del gobierno. A pesar del discurso de que todo está bien y bajo control, los secuaces ya piensan en las posibilidades y certezas de fuga personal. Si Morales es tan tonto de no haberse levantado un refugio, de pronto se encontrará sentado en un sillón abandonado, con las puertas abiertas a la masa linchadora que se encargó de azuzar.
Los perros se muerden la cola cuando les escuece el trasero. La salida de una entrega total al narcotráfico, a que en el país gobierne él, son inviables. El narco sobrevive porque mantiene un flujo monetario que beneficia a los estados. Cuando no les conviene lo barren. Y para Bolivia se preparan escobas de hierro.

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