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martes, 19 de enero de 2010

Juan Boliviano escribe, expresa alegría por la elección de Piñera a tiempo de despedir a Bachelet que de verdad nos hizo un flaquísimo favor apoyando.


Seguramente dirán -quizá no les falte razón- que soy un fósil neoliberal. Llegarán a decir que soy un derechista empedernido muy cercano al fascismo, un racista impenitente, un federalista y aun separatista. Sucede que he resuelto hacer público mi entusiasmo, mi contento, mi satisfacción, etc., por el resultado de las elecciones en Chile que terminó con los 20 años del gobierno de la llamada "Concertación".

Seguramente también me verán como “pinochetista”, porque creo que el innegable ascenso y el éxito de Chile, son los frutos de la continuidad durante veinte años, de la política del régimen militar que, luego los 17 años de eliminar de su país los resabios del comunismo, dejó el camino trazado para los gobiernos que le sucedieron.

Por eso, repito: Me complace que los comunistas, socialistas y los otros extremistas chilenos, al final, pasen a la oposición, con la complicidad de los ingenuos demócratas cristianos

En verdad, a los socialistas Lagos y Bachelet no se les conoce una sola acción que tienda a una transformación, como las que proclama su partido de raigambre marxista, ni de sus desprendimientos radicales, como el extremista MAPU de inspiración castrista, donde alguna vez recaló el impresentable José Miguel Insulza.

Pero este, fue, en realidad, un período de excepcional crecimiento chileno. Virtudes las hubo, especialmente la de transitar por el pragmatismo, negando las oscuras opciones del extremismo. Por ejemplo, es notable que, mientras chillaban los “progres”, incluido al sinuoso Lula, Chile suscribiera Tratados de Libre Comercio, comenzando con Estados Unidos, mandando a la mierda a los comunachos, extremistas y “termocéfalos”. Así se dedicaron en serio a continuar en el camino sensato, rumbo al bienestar.

Otro mérito que se debe reconocer a la Concertación: no llegó internamente al populismo primitivo de Chávez, y se mantuvo con una economía abierta y de libre mercado. Y respetó la iniciativa privada, de la que surgió el ahora presidente electo Sebastián Piñera.

Por todo lo anterior, en Chile, aunque el nuevo presidente cambiará el estilo -cada mandatario impone el suyo-, se mantendrá la esencia de un país resuelto a vivir en democracia, con una economía libre y respetando el Estado de Derecho.

Donde se advierte que habrá un real cambio, será en el ámbito de las relaciones internacionales. El Presidente Piñera es demasiado serio para compartir algo con los populistas de la ALBA, especialmente con Chávez o con su despatarrado discípulo Evo Morales, tan tentado al insulto y a la calumnia; menos aún con el inmoral Ortega, ni con la estrafalaria Cristina tan aporreada últimamente.

No es de esperar que se repitan las poses de la señora Bachelet, tan tentada a la figuración, como cuando presidió la sesión de UNASUR a instancias de Chávez, traicionando sus deberes democráticos: la imparcialidad y la justicia. Fue ella la que nos metió al canalla Mattorolo, para que “investigue” la matanza de Pando, sabiendo que ese argentino es un terrorista irredento. Doña Michelle cambió la seriedad y la consecuencia para acallar a Evo Morales, que pudo alcanzarla con sus diatribas.

Por supuesto, señora Bachelet, con el alto aprecio de los chilenos, cuando ya se va le decimos: velas y buen viento...

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