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jueves, 21 de enero de 2010

Guillermo Capobianco nos llama la atención sobre el sugestivo título del acto en el Altiplano. Se trata de un monarca criollo? Un presidente supremo?

Desde el punto de vista formal, el pueblo boliviano reeligió a un Presidente del denominado estado plurinacional; sin embargo, en la realidad bajo ese título, se ha instalado en Bolivia una especie de “monarca criollo” con poderes absolutos.

Desde la escuela básica hasta los niveles académicos universitarios, la doctrina constitucional define al “estado” como la expresión formal de una sociedad políticamente organizada.

Sus componentes esenciales fueron y siguen siendo el territorio, la población y los poderes públicos –tres según la definición de Mostesquieu; el ejecutivo, el legislativo y el judicial. El derecho constitucional moderno incorpora otros “poderes” como el electoral, y el social.

El estado sigue siendo eso, la expresión formal de la sociedad.

Es una incongruencia entonces que en vez de un Presidente del gobierno y de uno de los poderes, en este caso del ejecutivo, la misma persona sea Presidente del estado por encima de todos los poderes establecidos.

Es una de las características fundamentales del llamado “proceso de cambio” que lideriza el Presidente Evo Morales Ayma y su Partido MAS que, consecuentes con esta transgresión doctrinaria, han logrado “desmantelar” hasta ahora los otros poderes concentrándolos en la persona y figura del caudillo.

El caso de Bolivia es insólito.

El Presidente concentra ahora constitucionalmente todos los poderes clásicos incluyendo aquellos de carácter social y sectorial como el de las seis federaciones de productores cocaleros del Chapare en donde se concentra la producción de la hoja de coca y sus derivados.

El Chapare en tiempos de la República, fue la base de operaciones del líder sindical que con un bloqueo de la principal carretera del país paralizaba a su economía hasta lograr sus objetivos dominantemente políticos.

Por analogía se evoca el caso del Rey Juan Carlos de Borbón en España que tras la Guerra Civil que cobró un millón de vidas y la feroz dictadura de Franco, protagonizó junto a Adolfo Suárez, una transición impecable hacia una democracia y economía modernas.

La segunda “entronización” del Presidente del estado plurinacional en medio del fasto imponente de las ruinas de Tiwanaku, refleja no sólo una visión nostálgica de las glorias de un pasado sin retorno sino además una voluntad política de reproducirla.

Es además una utilización forzada de los alcances del 64% de la última consulta electoral y del respaldo al Presidente y Jefe del Ejecutivo, no así a una especie de “monarca criollo” jefe de un “proceso de cambio” ideológicamente regresivo.

Chile y su democracia han demostrado en estos días que es posible un régimen de libertad con pluralismo, tolerancia y alternabilidad en el ejercicio del poder como corresponde.

Pero, sin atenuantes, Bolivia sigue siendo un escenario de experimentación histórica como una maldición crónica o bendición... vaya uno a saber.

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