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sábado, 6 de agosto de 2011

cumpleaños de Bolivia. El Deber repasa la historia de estos 186 que ciertamente no es halagadora


Bolivia celebra otro aniversario de su fundación como Estado independiente recordando a quienes estuvieron al frente de una iniciativa que debió enfrentar no solamente a los resabios coloniales sino también fuertes influencias regionales.
Han pasado 186 años desde entonces y el país sigue buscando su destino, mediante la aplicación de ideas que, a juzgar por el estado general de las cosas, han fracasado de manera lamentable.
De los dos millones de kilómetros cuadrados con que nació Bolivia, ahora sólo le queda la mitad, una mitad poco cuidada, si se observa el descontrol en que viven las fronteras.
La independencia fue conquistada cuando el territorio nacional era usado sólo para la explotación de materias primas, que eran llevadas al exterior tal como salían de la tierra.
Primero en nombre de la República y ahora en nombre del Estado plurinacional, se ha hecho y se sigue haciendo lo mismo: exportar materias primas, exactamente como hacía la colonia.
Los bolivianos piden, cada vez que pueden y en diferentes tonos, que los gobernantes cambien esa situación y que el país comience a exportar bienes con valor agregado, como ocurrió con las protestas contra la exportación del gas natural a principios de este siglo.
Pero es probable que los gobernantes, de antes y de ahora, no hayan podido o no hayan querido atender ese clamor nacional porque Bolivia sigue viviendo de extraer de su suelo recursos no renovables requeridos en el exterior, aunque quizá en el exterior los quisieran un poco refinados e incluso transformados.
Lo único que cambia en esto de la venta de materias primas es el precio internacional, lo que, por supuesto, nada tiene que ver con los bolivianos, sus empresas o sus gobiernos.
En lo político, los bolivianos han elaborado o reformado veinticinco textos constitucionales, pero su sistema político no ha mejorado como se podría suponer que sucediera con tal cantidad de reformas.
Las libertades ciudadanas de los bolivianos han sido eliminadas, total o parcialmente, con diferentes propósitos y estilos, de parte de gobiernos de facto y gobiernos democráticos, que lo fueron sólo en apariencia. En este momento, la libertad de expresión, según lo denuncia la Confederación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia, está pasando el peor momento de la historia de Bolivia.
De esa manera el país entró en el siglo XXI, con grandes decepciones por el pasado pero con enormes expectativas por el futuro.
Un nuevo cambio radical se anunció a los ciudadanos con tanto entusiasmo con el que habían sido anunciados proyectos anteriores y con las mismas pretensiones de ser el último, final y definitivo cambio.
Pero algo está fallando, porque la ilusión de los bolivianos ha disminuido de manera abrupta, a juzgar por las encuestas y las manifestaciones de la gente.
El gobierno que llegó con el apoyo popular más alto de la historia podía haber provocado mejores resultados, si no se hubiera dedicado con tanto empeño a subrayar las diferencias y a minimizar las coincidencias.
Si todavía hay tiempo, quizá se pueda enderezar las cosas para que el actual cambio sea mejorado, de tal manera que no sirva sólo para el odio, sino para construir un país mejor para todos.


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