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miércoles, 1 de julio de 2009

para el album de lo anecdotario "los hartos de zelaya" es una buena pieza con mucha dosis de verdad o díme con quien andas...

PONGAN a un señor fornido y corpulento, de bigotón virreinal, ataviado con inconfundible blanca guayabera centroamericana, con planta de cantor solista de conjunto vocal acompañado por la marimba nacional, y sitúenle a estribor al nicaragüense Daniel Ortega con cazadorilla verde oliva, y a babor al gorila rojo del zoo hispanoamericano, al venezolano Hugo Chávez, vestido con el uniforme del cuerpo al que pertenece, militar naturalmente. Con esa compañía, a la que pueden añadir al boliviano Evo Morales con su aguileño perfil y a algún cogecosas del castrismo cubano, ¿qué puede ser el señor fornido y bigotudo de la blanca guayabera como de mozo de espadas por el plan antiguo? Pues con esa compañía, dime con quién andas, no puede ser otra cosa que un sátrapa populista hispanoamericano o al menos un aspirante a serlo, uno que está haciendo un máster en dictadura bolivariana pasada por las urnas, punto en el que nunca debe olvidarse que a Hitler también lo llevaron al poder unas elecciones.
Este señor, como habrán podido imaginar, no es otro que el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya. Sí, el que se llevaron los milicos como si fuera un actor de «Escenas de matrimonio»: en pijama. Y las gracias al cielo daba el hombre porque no le descerrajaron cuatro tiros.
Choque usted esos cinco: no es justo que los milicos, y menos los milicos de la América hispana, que sabemos cómo se las gastan y qué pasado tienen, se lleven a nadie así de madrugada para deportarlo. Eso es terrorismo. Así se llevaron en Madrid los guardias de Asalto una noche de julio de 1936 a don José Calvo Sotelo, y por lo menos tuvieron la delicadeza de dejarle que se quitara el pijama y se vistiese. No, no es justo ni presentable cómo han apeado del poder al señor que está ahora con la guayabera en vez del pijama, contentísimo entre sus coleguillas los sátrapas bolivarianos de nuestra América. Sí, la parte del continente donde dejamos nuestra fe, nuestra lengua, nuestras costumbres...y nuestros cuartelazos y pronunciamientos del XIX. Es sintomático que en la América anglosajona no exista la tradición de golpes de Estado que al sur de Río Grande.
Pero hablando de golpes de Estado y de golpistas, me pregunto como Jaime González la otra noche en Radio Intereconomía. Respondan a la pregunta que se hacía Jaime González: ¿quién ha dado en Honduras el golpe de Estado? ¿El Congreso soberano que ha cumplido la ley o el presidente que quería saltársela y que al margen de su propio partido quería alterarla en beneficio propio, para perpetuarse en el poder al castrista modo o a la hugochávica manera? Lo políticamente correcto está muchas veces reñido con el sentido común y la presente es una de tales ocasiones. En la que no se explica cómo el mundo mundial de las democracias a las que les duele la boca de proclamar que lo son, con Obama a la cabeza y con la Unión Europea, se haya puesto de parte del golpista de la guayabera, de quien de mayor quería ser como Chávez, Ortega, Morales o Castro.
El domingo abría yo aquí el banderín de enganche del Club de los Hartos de Maiquelyácson, de los que estamos hasta el gorro de la glorificación post mortem del Caranina. He recibido muchos boletines de alta. En una accesoria del mismo edificio de lo políticamente incorrecto abro ahora la inscripción en el Club de los Hartos de Zelaya, de los que queremos que Honduras no se una al coro de las lamentables dictaduras hispanoamericanas pasadas de urnas y por las urnas. Esperemos que Micheletti, nombrado por la soberanía parlamentaria, convoque elecciones que garanticen que Honduras no caerá en la tentación del carnaval bolivariano de estos sátrapas retratados con la guayabera de Zelaya.

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