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jueves, 16 de julio de 2009

de tanto querer mandarse la parte, "metió la pata", ja, ja, ja!, lo pone de relieve Palo Santo a raíz del caballo blanco del presidente

De tanto figurar metió las cuatro… por Zoe

Quien quiere ser la novia en la boda, el niño en el bautizo o hasta el muerto en el entierro por lo general termina haciendo el ridículo y eso fue precisamente lo que hizo nuestro presidente cuando quiso hacer gala de sus habilidades en equitación.

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El presidente Evo Morales encabezó una marcha de caballería en el marco de la celebración del Bicentenario del grito libertario del 16 de julio de 1809 (foto Ap)

El incorporarse a una cabalgata programada para realzar los festejos del bicentenario de la revolución paceña fue, sin duda, una exageración motivada por su exacerbado ego que le sugiere que es bueno para su imagen aparecer en todo momento y lugar que sea posible.

Como ya observaron varios entendidos en historia, resultó muy paradójico que el presidente Evo Morales que se proclama “libertador” de los pueblos indígenas y que de manera permanente resalta lo fatal que resultó para nuestros pueblos la colonización española, considere que se puede rendir homenaje a una gesta libertadora, nada menos que montando a caballo, un noble animal sin duda, pero que simboliza todo ese proceso de conquista.

Es claro que los actos conmemorativos no son ceremonias que se realizan sin ton ni son sino que recogen un profundo simbolismo que debe ser adecuadamente captado para no acabar proyectando una imagen exactamente contraria a la que se pretende.

Evo hizo precisamente eso; acabó exaltando uno de los instrumentos más eficaces de la conquista como fue el caballo y que como tal se constituyó en un símbolo de ella como lo es la religión y la espada.

Pero no solo eso. Daba mucha pena verlo montando en un caballo que era conducido por el cabestrillo por dos pajes reproduciendo una de las imágenes más reprochables de las conductas que trasladaron a América los caballeros españoles.

Al parecer algunos de su entorno que ofician como sus asesores de imagen, disfrutan mucho cuando el presidente acaba haciendo el ridículo.

No estaría demás que de vez en cuando consulte a alguno de los historiadores o antropólogos del país para que ellos le expliquen el simbolismo que pueden tener cada una de sus actitudes o gestos. El montar a caballo precisamente en esta oportunidad, proyectó una imagen diametralmente opuesta a la que mostró cuando vistió de galas imperiales incaicas para el acto de su posesión en Tiahuanacu el 2006.

El “intelectual” Felix Patzi quien funge como ideólogo indigenista del gobierno debería orientar mejor al presidente en estos menesteres en lugar de empinar tanto el codo y chocar a cada momento vehículos oficiales.

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