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jueves, 21 de julio de 2011

la platita se acabó. se acabó la fanfarria. no podrá repartir más "talegazos" por tanto no podrá comprar conciencias ni populismo barato

Apocos días de confirmarse el cáncer del presidente venezolano, Hugo Chávez, el mandatario boliviano Evo Morales, anuncia en Santa Cruz la suspensión temporal del programa de cooperación “Bolivia Cambia, Evo Cumple”, que durante cuatro años ha repartido más de 300 millones de dólares a municipios, sindicatos, movimientos sociales y organizaciones campesinas afines al Gobierno.

Un día antes, Evo Morales había anunciado la interrupción del envío del dinero venezolano que durante todo este tiempo le ha permitido al presidente repartir cheques a diestra y siniestra, una forma muy efectiva de comprar la lealtad de autoridades y líderes locales en todo el territorio nacional.

Cada vez que el presidente llegaba a una localidad, a bordo de un helicóptero venezolano por supuesto, era recibido por multitudes acarreadas por dirigentes ansiosos por sus cheques, tal como sucedió el pasado lunes en Cabezas, donde repartió los últimos 22 millones de bolivianos y anunció que ya no recibirá más proyectos, porque la plata se ha terminado y hay que diseñar un nuevo plan, pero esta vez, con recursos del Tesoro General de la Nación. Sin los dichosos cheques en la mano, podría ocurrir algo parecido a lo de San Julián donde el presidente se enfureció por el escaso público que fue a recibirlo y amenazó con prohibir las fiestas populares.

No deja de ser una buena noticia que se haya terminado esta farsa de los cheques, cuyo destino final jamás podrá ser conocido por nadie, ya que los recursos entregados no han seguido el flujo regular que estipulan las normas para los fondos públicos, hecho que impide el control y la fiscalización. Los proyectos presentados eran apenas una simple formalidad y el único resultado ha sido un reguero de obras inconclusas y elefantes blancos en todo el país, dinero que terminó en los bolsillos de los avivados de siempre y que en todo caso, ha fomentado también la conflictividad y la inestabilidad en los municipios del país.

Para el presidente Morales es la oportunidad de construir su liderazgo en base a gestión y la transparencia y no mediante la compra de conciencias; también es la ocasión de recuperar su propia dignidad, sometida vergonzosamente al embajador venezolano, el encargado de firmar los cheques que hallaban en el jefe de estado boliviano a un simple mensajero. Obviamente, es el momento de encarar también otro tipo de visión política alejada del caudillismo centralista que acentúa el paternalismo que condiciona y limita a las instancias de poder locales. Conviene por supuesto, establecer otros mecanismos para el tratamiento de las donaciones extranjeras sometidas en los últimos años a un manejo discrecional que ha impedido efectuar el control respectivo y se ha prestado para movidas espurias comparables a lo que ocurría en el pasado con los gastos reservados. Por esta razón es que países como Holanda decidieron suspender la cooperación con Bolivia y Estados Unidos la ha reducido.

La gran pregunta es qué pasará con el régimen boliviano si es que Venezuela reduce aún más la cooperación que le ha estado prodigando a manos llenas. La enfermedad del caudillo caribeño puede traer consecuencias inesperadas para todos aquellos países que se plegaron a su proyecto de expansión política auspiciado por una lluvia de petrodólares que puede amainar y dejar sin posibilidades de acción a los gobiernos satélites. Esta pregunta se la hacen en Cuba y en Nicaragua. En Bolivia se han producido ya las primeras señales.
Cada vez que el presidente llegaba a una localidad, era recibido por dirigentes ansiosos por sus cheques, tal como sucedió en Cabezas, donde repartió los últimos Bs 22 millones y anunció que no recibirá más proyectos, porque la plata se ha terminado .

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