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domingo, 10 de julio de 2011

expertos en farras y francachelas, acarrean masistas de un lado a otro, ahora también al exterior, candidatos que no saben una pisca de su idioma, querer librarse del control de la coca, en fin se trata de UN ESTADO CHACOTA.

Solo hace falta ver cómo organiza sus asuntos el Estado Plurinacional para constatar que todo se resume a la chacota. Desde la Asamblea Constituyente, pasando por la Cumbre Climática de Tiquipaya, la nueva estrategia marítima y la amnistía para los autos chutos, los agentes del régimen se han vuelto expertos en organizar jolgorios. No ve cómo, de un dos por tres, el Gobierno central y varias gobernaciones oficialistas a la cabeza del presidente Morales y su avión de 38 millones de dólares, se convirtieron en acarreadores oficiales de cientos de personas a Jujuy para ver a la selección nacional, como si estuviera por disputar la final de la Copa Mundial de fútbol. Todo le sirve para mantener al pueblo en una eterna farándula.

La última semana ha sido rica en chacota. Qué manera de provocar risa los candidatos plurinacionales para ocupar los más altos cargos del Órgano Judicial. Algunos no podían articular dos frases seguidas; los que dijeron que eran indígenas no sabían ni jota de alguna lengua originaria y algunos no tuvieron vergüenza de sacar el “copie” en frente de los parlamentarios que los han estado entrevistando. Tiene toda la razón el Gobierno al implementar la censura para que los periodistas no los hagan “trapo” frente a las cámaras de televisión. No deja de ser una medida preventiva para la higiene mental de la ciudadanía. Para colmo, está prosperando la idea de meter a la cárcel a los que promuevan el voto nulo para esos pobres futuros martilleros.

Al final se detuvo en 128 mil el número de autos chutos registrados en la Aduana, tres veces más de lo que había calculado el Gobierno a la hora de justificar la necesidad de la amnistía. Los verificadores tienen tres meses para investigar cada auto, ver si son robados, pedir información a los países vecinos, inspeccionar el estado de funcionamiento de los vehículos y cumplir una serie de trámites antes de determinar la nacionalización. Es una chacota intentar hacer creer que ese trabajo se hará medianamente bien, cuando se deben revisar algo así como 1.400 automóviles por día.

¿Y el traspaso del servicio de identificación? Todo un atentado al sentido común. A quién se le ocurre hacer el cambio en plena vacación de invierno cuando hay cientos de miles de personas que deciden viajar y por lo tanto requieren el documento con urgencia. Obviamente, la premura no se origina en mejorar el trámite, sino en controlar un importante componente de la trama fraudulenta prevista para las elecciones de octubre.

La chacota más grande; sin embargo, ha sido propalar ante el mundo que Bolivia no quiere saber que ningún organismo internacional ande husmeando ni revisando su política antidrogas, luego de que la ONU y otras entidades han estado llamando la atención sobre los desbordes en la producción de coca y cocaína en el país. Darle el portazo a la Convención de Viena sobre estupefacientes con el pretexto de defender el acullico es un completo absurdo, sobre todo después de lo ocurrido con el general René Sanabria, investigado durante meses y detenido en secreto por la DEA y la Policía de Chile sin despertar la más mínima sospecha del Estado Plurinacional. Se trata de una decisión que no hace más que dañar la imagen del país y que resulta estéril para los fines patrioteros que impulsa el régimen. En poco tiempo más, aviones no tripulados de Brasil se encargarán de patrullar el territorio boliviano y vaya a saber cuántos “sanabrias” más van a encontrar.
 
Algunos no podían articular dos frases seguidas; los que dijeron que eran indígenas no sabían ni jota de alguna lengua originaria y algunos no tuvieron vergüenza de sacar el “copie” en frente de los parlamentarios.

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