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domingo, 24 de julio de 2011

interesante el análisis de Cayetano sobre presidentes del Continente, aunque cuando se ocupa de Bolivia olvida a Victor Paz Estenssoro. nadie ha sido tan grande con todos sus errores.


¿Será cierto aquello de que los niveles de la política han bajado? Hace años que venimos escuchando eso de que ya no hay líderes de las dimensiones de Churchill, Stalin, Roosevelt, De Gaulle, unos gigantes formidables casi erigidos encima de dimensiones terrenales. Y hace tiempo que nos dicen que, también en América Latina, eran mejores. Conste que no se trata de ideologías, sólo de niveles.
Hace unos días y ya lanzada la campaña electoral para las próximas elecciones presidenciales en Argentina, un kirchnerista cercano a la señora constataba que la visita de doña Cristina a Santa Fe había sido más perjudicial que beneficiosa para su causa. Es comprensible que a doña Cristina, con el tiempo que tiene que dedicarle al botox, a los últimos arreglos faciales, maquillajes, vestidos de marca, a su exposición cotidiana de carteras Louis Vuitton, Cartier, etc., no le queden muchas horas para cultivarse. Porque, ¡sí que es mediocre!  Pero, ¿fueron mejores los anteriores?  El difunto Kirchner  --hoy rentable crespón negro de las banderas electorales--, el corrupto Menem, ¿fueron mejores?  Y si uno se pone a revisar los discursos de un Perón o los más famosos de Evita, ¿asumirán los argentinos que llevan años tragando toda la basura que sale de la Casa Rosada?
Los brasileños tienen suerte porque todas sus últimas gestiones de gobierno han sido muy buenas, tanto en su versión académica (Fernando Henrique Cardoso), como en la sindical (Lula da Silva). No sabemos, porque es muy pronto, el balance que dejará doña Dillma.
Los chilenos, sí han bajado de nivel. Muy brillante empresario será el señor Piñera, ¡pero qué malo está resultando como presidente! Si en un país de la fortaleza institucional de Chile, un movimiento estudiantil lo hace temblar, improvisar, lo pone al desnudo, es evidente que es inferior a sus antecesores de la fase democrática, no ya comparándolo con exponentes de brillantez como Ricardo Lagos, sino con el que parecía el más mediocre entre ellos, don Eduardo Frei.
A Chávez y Cía., ya me he referido reiteradamente aunque es imposible no rescatar sus maneras finas, su oratoria elaborada, su sobriedad en el vestir, su parquedad en sus invocaciones religiosas, su particular cuidado en las formas protocolarias y, sobre todo, su esmero para no caer en ninguna exageración.
En Bolivia, para Evo Morales, las cosas son más sencillas. Porque si se trata de comparar mirando para atrás, todas las últimas gestiones de gobierno le resultan alentadoras porque parece tratarse de un concurso de inutilidad. Haciendo la salvedad de Rodríguez Veltzé, que llegó al Palacio de Gobierno por un efecto carambola y que nunca había tenido intención presidencial, desde el gobierno constitucional de Banzer en adelante, el panorama es desolador, porque hay de todo:  exhibiciones gimnásticas y escalamientos andinos en la práctica cotidiana del oportunismo juvenil, inexplicable parálisis y distribución de migajas borrando el recuerdo de una gran primera gestión; práctica --que ya se creía olvidada desde 1964--, de la felonía vicepresidencial seguida de una demostración de inutilidad política en el ejercicio presidencial… ¡venga el diablo y escoja!  Así, debería parecer fácil ser mejor, pero hay que reconocer hidalgamente que don Evo está haciendo todos los esfuerzos posibles para ingresar en la lista de los malos presidentes. Desgraciadamente no se trata de un mérito especial porque en la historia boliviana, esa lista, la de los malos, gana por mayoría  aplastante y abrumadora a la de los buenos.

El autor es analista político

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