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sábado, 30 de julio de 2011

Cayetano Llobet encontró con perspicasia que el propio EVO reconoció que las elecciones judiciales fueron el resultado de "un mal cálculo" que modo que en nuestra presunción serán suspendidas...

Hay alguna gente en el oficialismo que sabe disimular los disgustos que le ocasionan sus propias metidas de pata. E incluso están los que, entre las martingalas de vocabulario, pueden transformar los pecados en virtudes. Cuando se trató el tema de la reelección, Evo Morales, sin ningún disfraz ni maquillaje, habló de la trampa en la que cayó la oposición. Horas después, García Linera convirtió la “trampa” en una “maniobra de estrategia envolvente”. Es la tarea del ilusionista con bastón, chistera y formas académicas.
Pero en el tema de las “elecciones” judiciales no ha habido ningún mago y el oficialismo ha hecho actuar muy protagónicamente a su tercera división, sin experiencia, sin conocimiento, expertos sólo en dar patadas, convirtiendo a su Asamblea Plurinacional en una suerte de circo de provincia incapaz de disimular maniobras, convirtiendo en letrados a aquellos que ni siquiera tenían la posibilidad de copiar correctamente una lista de candidatos que se les había distribuido ya marcada y con detalles televisados del analfabetismo erigido en acto legislativo. Qué tal habrá sido el espectáculo chapucero que ofrecieron, que hasta lograron que ese modelo de inutilidad que es la oposición, aparezca ingeniosa, agresiva, con iniciativa y, de algún modo, derrotando y derrumbando todo el montaje de la utilería gubernamental, sólo con la aparición de la palabra “nulo”.
Y para completar el show de ínfima categoría, se le ocurre al Presidente del Tribunal Supremo Electoral aparecer como intérprete de leyes, como malhumorado fiscal amenazador y como prematuro defensor del oficialismo y de sus procedimientos. Fatal conducta para desgarrar el delgadísimo velo de imparcialidad que tenía que cubrir sus actos de sumisión al gobierno.
El gobierno ha entendido que las “elecciones” judiciales se han convertido en la posibilidad de un espectacular autogol y, aparte de ensayar la más variada lista de calificativos, hasta ha casi anunciado que no se dará el porcentaje de votos anulados ¡Conste que no hay delegados para controlar las mesas! Al gobierno le ha entrado el miedo, y los que tienen experiencia dicen que “el miedo es peor que la borrachera”…
Lo que pasa es que la tal “elección” fue pensada en otros momentos: momentos de euforia, de órdenes a los movimientos sociales, de lucha contra los oligarcas… ¡Y después del gasolinazo las cosas han cambiado! Es exactamente lo que acaba de confesar el presidente Evo Morales en el encuentro nacional de mujeres campesinas, en Cochabamba. Allí les dijo que la decisión de incorporar en la Constitución Política del Estado el mecanismo de voto popular para elegir a las autoridades judiciales fue un “mal cálculo”… “Hasta yo puedo pensar que tal vez en nuestros constituyentes ha habido un mal cálculo” (Página Siete, 26 de julio, 2011).
Traducido al vocabulario gubernamental en el que se describen todas las trampas (perdón, las maniobras envolventes), los mecanismos de sumisión legislativa, las condiciones para la judicialización de la política, etc., la confesión de ese “mal cálculo” es, simple y sencillamente, el reconocimiento oficial de una de las más espectaculares metidas de pata del gobierno, ¡y con observadores internacionales!
En política, es muy peligroso pensar que la fuerza que se tiene en un momento va a ser eterna. Pensar eso en Bolivia es, además, una demostración de ignorancia de nuestra historia. En cualquier parte, los “malos cálculos” traen consecuencias nefastas. Y cuando se está jugando a tener todo, absolutamente todo, el “mal cálculo” puede conducir a perder todo… ¡se aprende en el póker!

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