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domingo, 27 de junio de 2010

las promesas que no pasan de lo simbólico en cinco años de haber acumulado el poder no sacaron a nadie de la pobreza (El Dia de SC)


Para cuándo?

“ Refundación”, “Buen vivir”, “Industrialización”, son hasta hoy promesas que no han pasado del plano del discurso, de lo simbólico, pues de lo único que se ha ocupado el Gobierno en casi cinco años es de una bulímica acumulación de poder que todavía no ha tenido repercusiones en la calidad de vida de las grandes mayorías de la población, que aguardan los beneficios del “cambio” en sus bolsillos, en el plato de comida, en la salud, en la educación, en el trabajo.
Nadie se puede quejar de la situación macroeconómica boliviana, alimentada desde hace años por cientos de millones de dólares anuales de las remesas que envían los compatriotas que emigraron a otros países; apuntalada por los elevados precios internacionales de las materias primas exportables y un auge del narcotráfico que hace rotar sumas cuantiosas de dólares en el mercado interno. Ninguno de estos factores, salvo la que corresponde a la economía de la coca, es mérito del Gobierno, que simplemente se ha beneficiado de un contexto externo auspicioso.
La mano del Gobierno en la economía puede verse en la destrucción de la industria gasífera, en la eliminación de mercados de exportación, en la falta de garantías que ha reducido a la mitad las inversiones extranjeras y el azote al sector agropecuario que ha reducido ostensiblemente la oferta de productos alimenticios y obligado a duplicar la importación de comida en tres años. El país está atravesando su cuarto año de sequía intensa y la falta de asistencia a los productores ha puesto en peligro casi el 80 por ciento de la próxima cosecha en el departamento de Santa Cruz.
Los expertos en economía aseguran que Bolivia seguirá usufructuando por un tiempo más del contexto favorable que le ha permitido al populismo reinante repartir dinero a manos llenas a través de bonos y subsidios con orientación netamente electoralista. Pese a ello, ya se observan algunas señales de alerta como lo ocurrido con el bono “Juana Azurduy” que será cubierto con un préstamo del BID y obviamente, la asombrosa ortodoxia con la que enfrentó el régimen las demandas salariales este año. Los cálculos sobre el crecimiento de este año son menores a las del 2009 y todo parece indicar que las barreras que le puso este Gobierno a la inflación podrían crujir en poco tiempo.
Las interrogantes son muy grandes en relación al plan que tiene el MAS para enfrentar los futuros desafíos. El contexto político y social interno aún no ofrece las garantías para atraer inversiones en los sectores estratégicos. La carencia de recursos humanos idóneos ha producido serios problemas en la industria del gas. Habría que ver qué va a pasar en la electricidad y otros campos en los que el Estado pretende ingresar con fuerza, desplazando a empellones a la empresa privada. La crisis europea puede afectar no sólo la demanda de productos bolivianos, sino la disminución de las remesas. La comunidad internacional no se va a quedar inerte viendo cómo se consolida un narcoestado en el corazón de América del Sur, por lo que hasta este factor puede dejar de incidir en la performance económica del MAS. A no ser que hasta hoy, los protagonistas no del cambio no hubieran demostrado su verdadero potencial. Todo indica que van a tener que mostrarlo en muy poco tiempo.
Hay señales que indican el fin de la bonanza económica en Bolivia y el MAS tendrá que mostrar su pericia en la materia.

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