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sábado, 13 de abril de 2013

Humberto vacaflor reitera que el precio de las materias primas (bonanza sin igual) ha permitido mejorar las economías de América Latina de tal modo de repartir talegazos y mantener a los del ALBA en el poder


Con el precio del petróleo en 21 dólares el barril, como estaba antes de la “revolución bolivariana”, Hugo Chávez no hubiera podido ser tan dadivoso, ni tuviera ahora tantos seguidores.
Con el precio del estaño en 1,08 dólares por libra fina, como estaba antes del “proceso de cambio”, Evo Morales no hubiera podido sobrevivir ni siquiera seis meses.
Con la soya en 160 dólares, como estaba antes de los Kirchner, la dictadura argentina no hubiera llegado a la sucesión y “la vieja” estaría ahora solamente llorando al “tuerto”.
Pero como el petróleo llegó hasta a los 140 dólares, el estaño a 14 dólares y la soya a 800 dólares, estos gobernantes tuvieron margen para dárselas de filántropos.
Los precios se inflaron, como pocos recuerdan ahora, debido a la incorporación de un tercio de los países del mundo al sistema capitalista, resultado del fracaso del comunismo.
Entonces, estos gobernantes se pusieron a distribuir, a manos llenas, los excedentes que dejaba este subproducto del triunfo del capitalismo.
Y le pusieron nombres diferentes a estas sus “revoluciones”.
Si hubieran tenido que manejar la economía de sus países sin estos factores exógenos, habrían provocado rotundos fracasos.
En Bolivia, si la economía hubiera reaccionado solamente ante la política económica del gobierno del MAS, en este momento el país estaría con otro gobierno.
Sin leyes para las inversiones, con nacionalizaciones caprichosas, los avasallamientos tolerados, permitidos o alentados, la economía hubiera sido un desastre.
“Algo salió mal” dije en una columna el 28 de diciembre pasado aludiendo a esa situación.
Estaba prevista una hambruna, una crisis capaz de generar insurrecciones y guerras civiles pero algo salió mal, y llegó la bonanza de los precios.
Quienes habían planificado el desastre tuvieron que resignarse. Quizá dijeron “otra vez será”.
José Mujica dijo hace poco que los revolucionarios de los años setenta ponían demasiado peso a buscar el control de los medios de producción. Ahora, dijo, mientras preparaba un mate, yo le pondría atención a la gestión de los medios de producción, más que a su control.
Y en eso están fallando estos “revolucionarios” de pacotilla, mientras maman de las infladas ubres de un fenómeno económico provocado por factores externos.

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