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sábado, 26 de mayo de 2012

Chaparina pasa a la historia como el símbolo de la decadencia del evismo. de la violencia policial. del trato injusto a humildes ciudadanos que reclaman sus derechos. Chaparina marcó el principio del fin.


Pablo Ortiz. San Borja
Cuatro cruces recuerdan a los muertos de la octava  marcha. Una para Pedro Moye, el niño de San Pablo del Sécure que cayó de una camioneta antes de llegar a San Ignacio de Moxos. Otra para Juan de Dios Uche, el bebé de ocho meses que murió por una infección en San Borja. Una más para Eddy Martínez Flores, el cacique chiquitano que falleció cuando un avión de Aerocon cayó antes de llegar a Trinidad. Y la última fue para esos tres niños a los que no les permitieron nacer, a los que murieron en los vientres de sus madres por la pateadura que sufrieron en Chaparina, el 25 de septiembre del año pasado. Esas cuatro cruces ahora marcan a Altamira, la hacienda que refugió a los huidos de la represión y que hoy alberga a la columna de la novena marcha, que ayer hizo un alto para rendir homenaje a los caídos de la anterior movilización.
Cuatro cruces recordarán siempre a Chaparina y la masacre

Con un cielo encapotado y con las montañas andinas de fondo, los indígenas armaron un altar con cruces, arcos, flechas y banderas para hacer memoria. “Nuestras heridas no han cerrado porque no hay justicia, tenemos sed de justicia”, dijo Judith Rivero, presidenta de la Confederación Nacional de Mujeres Indígenas de Bolivia, y Nazaret Flores comenzó a llorar.
El acto mezcló el reclamo político con el homenaje a los caídos. Félix Becerra, apu mallku de la Confederación Nacional de Ayllus y Markas del Qollasuyu (Conamaq), exigió  al presidente Evo Morales que reconozca a las naciones y pueblos indígenas para que exista un verdadero Estado plurinacional. Señaló que lo que está sucediendo en el Tipnis, donde el Gobierno ingresa sin pedir permiso e intenta construir una carretera, también pasa en Mallku Qhota, que pese a ser tierra comunitaria de origen de los Charkas Qara Qara, no fueron consultados para realizar un megaproyecto minero. 
Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis, fue el encargado de desmenuzar la plataforma de demandas y la respuesta del Gobierno. Consideró que el Ejecutivo no respondió satisfactoriamente a ninguna de las demandas indígenas. “Eso es dictadura, no democracia”, remató.
Celso Padilla, titular del Consejo Sudamericano de la Nación Guaraní, se preguntó dónde está el Evo Morales en el que el pueblo indígena depositó sus esperanzas, el que se creyó que llegaba al poder para defender a la madre tierra, para hacer valer los derechos de todos los bolivianos. “Simplemente nos usó para sentarse en la silla y convertirse en un verdugo más”, sostuvo.
Planteó que haya una alteración en el proceso de cambio, y aseguró que el movimiento indígena no pretende derrocar el Gobierno. Lamentó que Morales no haya asistido al diálogo planteado por la marcha, pero consideró que si no estuvo es por vergüenza, ya que no quiere pisar la tierra donde mandó a masacrar a los indígenas.
En esa misma línea, Rafael Quispe, dirigente del Conamaq, comparó a Morales con Hitler. Recordó que el alemán era un judío que trató de exterminar a su raza en los campos de concentración y considera que Morales cometió intento de genocidio y etnocidio el 25 de septiembre en Chaparina. Puso una wiphala sobre una silla y lamentó que el presidente la haya dejado vacía. Recordó también la lucha de Tupac Katari y la comparó con la pelea actual del movimiento indígena, que reclama por sus territorios y sus derechos. Cree que en estos momentos el Gobierno intenta matarlos como los españoles mataron a Katari, descuartizándolo. “En lugar de caballos hay cuatro personas: Evo Morales, Álvaro García Linera, Juan Ramón Quintana y Carlos Romero”, agregó.
 El acto cerró con las palabras de Miguel Ángel Uche y de Mazaret Flores. Uche lloró al recordar a Juan de Dios, su hijo de ocho años, y dijo que ha vuelto a marchar porque cree que vivir bien es vivir sin patrones. Nazaret declaró al 25 de septiembre como el día más negro de la historia del movimiento indígena. 
Al final, Bertha Bejarano, presidenta de la marcha, señaló que esperarán dos días a que el Gobierno baje hasta Chaparina como una muestra de la predisposición al diálogo del movimiento indígena.
Quintana ve a pocos dirigentesEl ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, envió una carta a la marcha indígena en la que expresa su extrañeza por la forma en la que la movilización elaboró su pliego. Asegura que los movimientos sociales siempre preparan el pliego antes de salir y no al revés, que los portavoces de la movilización dan discursos contradictorios e incluso cuestionó el viaje a Quito del presidente de la Cidob, Adolfo Chávez, en plena marcha. Para Quintana, solo hay tres o cuatro corregidores del Tipnis en la marcha.
Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis, comparó la habilidad política de Quintana con la del exministro de Gonzalo Sánchez de Lozada, Carlos Sánchez Berzaín. Explicó que hay 26 corregidores del Tipnis en la movilización, pero no le dará el gusto de darle una lista para que inicie una persecución política.
Pero la marcha también envió cartas. En una de ellas denuncia que Víctor Hugo Maldonado, nuevo jefe de la Policía, fue el que dirigió la represión de Chaparina y se pregunta si ese es el pago que recibe por reprimir a los indígenas.
La segunda carta está dirigida a Miguel Insulza, titular de la OEA, al que le piden audiencia para explicar la movilización en la asamblea a realizarse en Cochabamba. Otra misiva fue enviada por Edwin Vázquez, dirigente de la Coordinadora de Pueblos Indígenas de la Cuenca Amazónica, que solicita audiencia a Insulza.
 
Para saber

- Refuerzo. Unas 100 personas partidarias de la Central de Organizaciones de Pueblos Nativos Guarayos (Copnag) que preside Yonny Rojas, partieron ayer a sumarse a la marcha indígena.

- Objetivo. Los manifestantes pretenden llegar hasta la ciudad de La Paz en más o menos un mes.

- Objetivo. Los indígenas realizan su segunda marcha en siete meses.

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