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lunes, 29 de noviembre de 2010

a la primera "purga" vendrá otra, así en interminable sucesión. la "desconfianza" carcome al Gobierno. "no confían ni en su camisa" afirman...

La búsqueda de “infiltrados” dentro del gobierno se ha intensificado luego de las grabaciones presentadas por el gobernador tarijeño, Mario Cossio, en los que se desvelan las conspiraciones orquestadas desde el gobierno central contra diversas autoridades regionales opositoras. Los miembros del oficialismo, incluido Evo Morales, no se han referido al contenido de las grabaciones pero si han reprochado la “conducta antiética” de la gente de Cossío al haber grabado las maquinaciones masistas.

Mientras tanto en Palacio de Gobierno se ha dispuesto que antes de entrar a cualquier reunión, incluidas las de gabinete, los asistentes deberán dejar sus celulares no vaya a ser que a alguien se le ocurra hacer otras grabaciones y revelar cuales son los verdaderos métodos e intenciones del gobierno, que a estas alturas ya no son un secreto dado la ostensible campaña de persecución política a los opositores al régimen. Sin embargo toda precaución es poca para los masistas ante la evidente inclinación melgarejuna de Evo que le lleva a desconfiar hasta de su camisa.

El drama policial

Los asesinatos del peruano Junco y David Olorio dan la pauta de que algo muy turbio se está cocinando en la Policía. En el primer caso es dudoso que se trate de un simple ajuste de cuentas y en el segundo había la más que evidente intención de acallar a alguien que por lo visto sabía demasiado de la corrupción que campea entre los de uniforme verdeolivo.

imageEl comandante de la Policía, Oscar Nina, se refiere frecuentemente a la institución como una entidad sacrosanta y a sus miembros como monjes trapenses o caballeros cruzados pero está claro que esa no es la situación y que la corrupción, si bien existió siempre, se ha acrecentado en el último tiempo debido a la politización existente y al control que han asumido las logias del MAS en diversos niveles llegando al extremo de que los cargos más apetecidos son literalmente subastados y los ascensos deben ser estimulados al influjo de fuertes sumas de dinero.

Eso lo saben el comandante policial y el ministro de Gobierno, Sacha Llorenti pero está visto que prefieren una institución adicta y sumisa al proyecto político del gobierno a una institución idónea y eficiente.

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