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martes, 30 de noviembre de 2010

explaya con hechos irrebatibles "alimentos y coca" Humberto Vacaflor la disminución en la producción de comestibles

Humberto Vacaflor Ganam – Economía de palabras

Según CEDLA, en los últimos cuatro años Bolivia ha ido aumentando su dependencia de alimentos importados, especialmente de papa, arroz, frijoles, hortalizas y productos lácteos.

En volumen, las importaciones pasaron de 33.127 toneladas a 98.292 entre 2006 y 2008.

Las cifras del estudio dicen que las importaciones aumentan incluso cuando no hay problemas climáticos, lo que muestra que el sistema productivo está en muy afectado.

Por otro lado, las exportaciones se están concentrando peligrosamente en las materias primas, a tal punto que algunos expertos han comenzado a hablar de la enfermedad holandesa. Las exportaciones de materias primas representan 80% de todas las ventas (legales) al exterior.

El país más aquejado por esta enfermedad en Sudamérica es Venezuela. El petróleo representa 96% de sus exportaciones y se sabe que de cada diez cucharadas de alimentos que los venezolanos se llevan a la boca, ocho provienen del exterior.

La falta de una producción suficiente de alimentos fue la causa principal del derrumbe de la Unión Soviética y una situación similar en Cuba está obligando a los hermanos Castro a reintroducir el capitalismo en la isla.

El caso boliviano refleja el hecho de unos cultivos que han ido desplazando a otros. La coca ha reducido tanto los cultivos de fruta en los Yungas que en este momento es difícil encontrar en La Paz cítricos y otras frutas que no sean de origen peruano.

La competencia de la coca se da también en la mano de obra, pues los cultivos legales no pueden competir con los niveles salariales que se dan en los cocales.

Es tan grande la diferencia que incluso en este momento la propia minería, con precios jamás vistos, no puede competir con los jornales de los cocaleros.

El gobierno debería entender que el narcotráfico es el resultado de una cadena, una cadena cuyos primeros eslabones están destruyendo la economía.

Ensañarse con quienes denuncian el narcotráfico es torpe, porque perjudica a la imagen del gobierno, pero sobre todo es ciega, porque no mira que el narcotráfico puede acabar con el país.

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