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sábado, 5 de marzo de 2016

movilizados los principales del Régimen no hacen más que deambular entre los canales entre dimes y diretes, entre insultos y provocaciones cual estuviesen en eterna "campaña electoral", sin liderazgo alguna e ignorando el 21F

Los voceros oficialistas no hacen más que repetir que la derecha no tiene agenda. Que la oposición carece de una alternativa de gobierno y que no hay nadie en el país que sea capaz de estructurar una visión nacional de futuro para los bolivianos. Lo siguen diciendo como si no estuviera pasando nada y como si el 21 de febrero hubieran obtenido un resultado favorable en la consulta ciudadana, que el propio gobierno convirtió en plebiscito, confiado en que las supuestas grandes hazañas del proceso de cambio iban a ser premiadas en las urnas.
Increíblemente, las principales figuras del régimen siguen de gira por los medios, haciendo costosas apariciones “exclusivas”; se la pasan brindando extensas exposiciones frente a las pizarras, dando conferencias de prensa y en un ir y venir de declaraciones, dimes y diretes, insultos y provocaciones, tal como lo hacen en campaña, en la que perdieron precisamente porque no estaban descalificando a los opositores de siempre, sino a un movimiento ciudadano que impulsó el voto por el “No”.
Curiosamente  después de la derrota aparecen los contendores y el oficialismo arremete contra ellos ante el peligro de que pueda descollar alguna figura que opaque definitivamente al partido gobernante que luce desconcertado y desparramando maniobras con munición gruesa.  
Lo que está pasando es semejante a lo que cuentan las telenovelas, con capítulos cada vez más emocionantes; también es una historia de terror y otros dicen que se parece a la famosa fábula del “Rey desnudo” que de pronto queda expuesto ante todos, sin sus atributos morales y lo que es peor, sin discurso, sin propuesta ni estrategias de gobierno, ya sea para enfrentar la crisis institucional que ha quedado a la vista, para combatir la crisis que se avecina y ni siquiera para encarar una renovación política que les asegure una continuidad más allá del 2019.  
Es verdad que son muy hábiles para disimular, distraer, crear cortinas de humo y armar estrategias envolventes. Algunos están con temor de que se pueda desencadenar un proceso represivo muy fuerte, con restricciones a las libertades, pero sin duda alguna cualquiera de esas maniobras sólo tiene el objetivo de recuperar a través del miedo, el respeto y la confianza perdidos, por la corrupción y el abuso de los bienes del Estado.
Más allá de todo, ha quedado al descubierto que el país carece de líderes que sean capaces de estructurar líneas de acción en lo económico, en lo social, frente a los desafíos de la justicia, el narcotráfico, la corrupción y un sinfín de urgencias que están presentes en la respuesta del 21 de febrero y que refleja la preocupación del electorado por las tormentas que se avecinan.
Lamentablemente, en la vereda opuesta el panorama tampoco es alentador y en eso tiene razón el Gobierno de que no hay una propuesta concreta que ayude a definir un horizonte más prometedor para Bolivia. En realidad, nuestro país jamás ha necesitado una agenda de desarrollo, pues su marcha ha estado marcada por factores externos que obligan a aplicar periodos de ajuste después de una temporada de derroche y desorden como el que hemos estado viviendo en estos diez años. Sólo nos queda prepararnos como podamos.
Ha quedado al descubierto que el país carece de líderes que sean capaces de estructurar líneas de acción en lo económico, en lo social, frente a los desafíos de la justicia, el narcotráfico, la corrupción y un sinfín de urgencias que están presentes en la respuesta del 21 de febrero y que refleja la preocupación del electorado por las tormentas que se avecinan.

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