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miércoles, 9 de marzo de 2016

el verdadero sentido de la decisión por el NO. tiene varias lecturas, la correcta es que se unió Bolivia en contra del prorroguismo, del abuso, del atrolpello, la corrupción y en contra de la Injusticia.El Dia, de SC.

Hacemos mal -y el propio Carlos Valverde lo ha reconocido en un brillante artículo de prensa- en atribuirle la victoria del “No” a una sola persona, a un solo asunto, a un lío de faldas, a un hijo cuya existencia se desconoce, a un solo escándalo de corrupción. Eso le conviene al Gobierno, pues quiere hacer creer que todo fue producto de un accidente, un tropezón y nada más y que pese a ello, las cosas pueden marchar como estaban. 
Tampoco es correcto afirmar que fueron las redes sociales las ganadoras del referéndum. Es verdad que estamos frente a poderosas herramientas de comunicación que sirven para canalizar el descontento popular y las críticas que ya no hallan espacio en los medios tradicionales, pero las bromas, las burlas y las expresiones espontáneas que constantemente se publican no dan golpes de urna y menos aún, no llegan a constituir un movimiento ciudadano como el que surgió en los meses previos a la consulta.
Lo ocurrido con sectores juveniles que se organizaron, que construyeron espacios de discusión y participación, que se movilizaron y lograron consolidar un discurso claro y convincente, se puede equiparar a los ya célebres movimientos de indignados que han surgido en todo el mundo y que, como es natural, usan todos los recursos que tienen a mano para convocarse e intercambiar información, entre ellos las redes sociales. 
Estamos ante una corriente generacional que no sólo se rebela contra la hegemonía imperante, sino también contra la partidocracia tradicional y los viejos liderazgos que siempre vociferan, pero que hasta el momento no han dado señales claras de resistencia a la impostura y las falsas revoluciones y más bien parecen acomodarse a las circunstancias con el objetivo de medrar política y económicamente.
Fue importante el aporte de intelectuales, periodistas, dirigentes sectoriales y líderes de opinión que se rebelaron contra la dictadura comunicacional que trata de imponer el régimen y que desafiaron las cortapisas que todos los días surgen contra la libertad de expresión.  
En los países árabes del norte de África, en el Medio Oriente, en España, Inglaterra y también en Brasil, Argentina y Venezuela, los indignados no sólo se manifestaron a través de una genuina expresión democrática como es el voto, sino también salieron a las calles, organizaron cacerolazos y se enfrentaron a la dura represión policial que les cerraba el paso a sus demandas, enfocadas en la corrupción, la crisis económica y la ausencia de respuestas de las élites. 
Por ahora, los indignados bolivianos han sido absolutamente ortodoxos para hacerse escuchar y muy respetuosos de la autoridad, pero lamentablemente han pasado más de dos semanas desde que se produjo la advertencia más clara que se le puede dar al Gobierno boliviano y nadie atina a reconocer un episodio tan contundente, no hay señales de autocrítica y menos de comenzar a delinear un cambio de rumbo.

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