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jueves, 5 de enero de 2012

Juan León Cornejo habla de buenos deseos al inicio del 2012, de las buenas intenciones que alienta el ser boliviano resperando la igualdad de derechos y obligaciones

Una maldición china dice que lo peor que le puede ocurrir al hombre es que le toque vivir tiempos de cambio. Vivimos esos tiempos y vale la pena, entonces, desear que los cambios sean para bien, pues lo último que quedó en la caja de Pandora es la Esperanza. Si no fuera por ella, la vida diaria sería imposible. El camino a la locura está empedrado, dicen, de frustraciones y ansiedades indefinidas.

Este es año de presagios que cada uno es libre de interpretar según sus deseos, intenciones o necesidades. Los más divulgados son los presagios mayas que hablan del fin del mundo “de odio y materialismo”, el 22 de diciembre. Ese día, dicen, “la humanidad tendrá que escoger entre desaparecer como especie pensante que amenaza con destruir el planeta o evolucionar hacia la integración armónica con todo el universo, comprendiendo y tomando conciencia de que está vivo y que somos parte de ese todo, y que podemos existir en una nueva era de luz”.

El sentido común enseña, simplemente, que el hombre como ser pensante es responsable de preservar la casa en que vive. Ese hecho, en la práctica, implica defensa de la madre tierra, de sus recursos y de preservar el medio ambiente. Esa es la razón del apoyo ciudadano a la defensa del TIPNIS. Más allá de discrepancias políticas o intereses económicos coyunturales, el tema es cuestión de principios y valores fundamentales en el tratamiento de ese y otros temas que hacen a nuestra vida en sociedad.

Es también cuestión de sentido común entender, y sobre todo de actuar en consecuencia, que como “somos parte de ese todo” que es la casa común y que “podemos existir en una nueva era de luz”. Cuesta entender, por eso, que a estas alturas del proceso se hable de “k’aras” y “t’aras” como de categorías distintas de hombres, enfrentados en un pedazo de tierra cuya constitución reconoce a 36 naciones. 

Que este sea, pues, un año de esfuerzos compartidos en función del bien común, ajeno al interés de poder político o económico, siempre coyuntural.

El presagio dice también que el 22 de diciembre el hombre tendrá que escoger entre desaparecer o evolucionar. 

En la praxis, esa decisión pasa por respetar normas que garantizan igualdad de derechosy obligaciones a todos. Más allá de lo que dicen los mayas y la fecha que señalan como fatal, el deseo es tomar en cuenta todos los días que la desaparición o la evolución del hombre sólo será obra de él mismo. Nada más.

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