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sábado, 28 de enero de 2012

Jorge Siles Salinas uno de los probolivianos que conservamos se refiere en términos elogiosos al ilustre chileno Oscar Pinochet que siendo amigo de Bolivia busca caminos de entendimiento

Hasta cuándo!” decimos, en el colmo de la impaciencia, cuando un hecho escandaloso o irritante se prolonga de un modo insoportable para los que lo sufren o lo observan, causando un daño innecesario y absurdo que bien podría evitarse con una actuación guiada por la sensatez. Esta expresión aparece en el título de un libro del diplomático chileno Óscar Pinochet de la Barra, inspirado en el deseo profundo de que “el problema pendiente” derivado de la Guerra del Pacífico, la salida al mar de Bolivia, se resuelva de una vez por todas. Chile y Bolivia: ¡hasta cuándo! es el título de esa obra que, en 125 páginas, ofrece un resumen excelente del proceso diplomático bilateral, desde 1879 hasta nuestros días.

El autor tiene una larga lista de libros en su haber. Varios de ellos se refieren a Bolivia, país en el que tuvo su segunda función diplomática, después de iniciar la carrera en París. Aquí, en La Paz, hacia el año 1951, siendo secretario de la Embajada, conoció a Carmiña Alexander Dupleich, con quien habría de contraer matrimonio poco después.

Nació, pues, en esta ciudad su vinculación afectiva con Bolivia, sentimiento que ha mantenido en el transcurso de una labor profesional que lo llevó a los cargos de Embajador en Rusia y en Japón, Subsecretario de Relaciones Exteriores, Asesor de la Cancillería y Director del Instituto Antártico (1991-2003). Sus condiciones de brillante escritor le han dado un puesto en la Academia Chilena de la Lengua. Sobre Bolivia ha escrito tres obras de máxima significación: Misión en Bolivia de C. Walker Martínez y R. Sotomayor Valdés (1986); ¿Puerto para Bolivia? Centenaria negociación (1987); y el volumen que comento en estas líneas.

Pasados ya los 80 años, rodeado del aura de serenidad que confiere la experiencia de la vida, Óscar Pinochet ha querido entregar un libro, dedicado a chilenos, bolivianos y peruanos, que es como la culminación de sus esfuerzos en pro de la solución definitiva del desacuerdo que impide a Bolivia recuperar su condición marítima.

Su visión serena de las cosas no le impide, desde luego, mostrar su ansiedad para que no se difiera por más tiempo la negociación pendiente entre ambos gobiernos. De ahí el “¡hasta cuándo!” de su requisitoria dirigida a los gobernantes de nuestros países. El texto termina con un Epílogo cuyas palabras finales mencionan a los actuales Canciller y Cónsul General de Chile en La Paz, dando a entender que la negociación debe ponerse en marcha sin tardanza. Pinochet de la Barra no se deja llevar por vanas abstracciones; apunta claramente sobre el mapa y señala el lugar preciso de la solución diplomática: la salida al mar por Arica, al norte de esta ciudad, mediante un enclave o un corredor.

El internacionalista Ramiro Prudencio expuso con acierto en un artículo publicado en La Razón (1-I-05) el contenido fundamental de la obra mencionada, reseñando los diversos momentos en que Chile estuvo dispuesto a llegar a un arreglo con Bolivia, buscando “una solución satisfactoria -escribe Prudencio- con el fin de superar para siempre la cuestión marítima boliviana que hasta ahora ha separado a los dos países”. En su reciente publicación Historia de la negociación de Charaña, presenta, con vigor y lucidez las mismas ideas habiendo merecido elogiosos comentarios de crítica nacional y extranjera.

Pinochet de la Barra se muestra optimista en torno a una negociación directa que dé solución a la mediterraneidad boliviana, pese a los repetidos fracasos que marcan los hitos históricos de las gestiones reseñadas en su libro. En él se señalan con honor los nombres de los políticos chilenos que tuvieron una amplia comprensión de la necesidad de Bolivia de poseer un acceso al mar: Santa María, Barros Borgoño, Emilio Bello Codecido (en1920), González Videla, Horacio Walker Larraín y otros, consignando, por otro lado, una amplia referencia a Abraham König, redactor de la indigna nota dirigida al canciller Villazón en agosto de 1900, sin omitir tampoco el nombre de Conrado Ríos Gallardo, quien reconoció haber sido el redactor de la cláusula maligna del Protocolo Complementario de 1929, entre Chile y Perú, que tanto daño ha causado a la relación entre los tres países vecinos del Pacífico.

El ilustre historiador chileno se ha acogido últimamente al retiro, después de haber cumplido una notable trayectoria al servicio de la diplomacia de su país. Queda, como una nota invariable que inspira toda su obra la idea de lograr un acercamiento entre Chile y Bolivia, reiterando en la mayor parte de sus libros, la necesidad de que se logre un acuerdo positivo para el retorno de nuestro país al Pacífico.

En medio de su vasta producción, el texto al que dedico el presente comentario, debe ser conocido y difundido con pleno reconocimiento a sus méritos, a su calidad literaria y a su espíritu de justicia.

(*) Miembro de las Academias 
Bolivianas de la Historia y de la 
Lengua, correspondientes de las 
Reales Academias Españolas

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