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sábado, 18 de septiembre de 2010

en contraste con Los Tiempos otro diario La Prensa del mismo grupo Líder opina sobre la certificación de la coca. EEUU tiene sobrada razón y Obama

Tiene sobradas razones el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, para manifestar, como lo ha hecho últimamente, que Bolivia ha “fallado” en el cumplimiento de los acuerdos internacionales en actual vigencia sobre la lucha contra el narcotráfico. Tales instrumentos parten de la incuestionable premisa del carácter internacional del combate contra las drogas. Así lo determina no sólo una escala mundial de mercado para los estupefacientes, sino la existencia de poderosas bandas o carteles de droga a cargo de tan vasto tráfago. La réplica al mal, tanto en el orden preventivo como represivo, en consecuencia, debe darse en el marco de la coordinación y cooperación entre los gobiernos de los países que producen la droga y aquellos que le sirven de mercado.

A la cabeza de los primeros se hallan Estados Unidos y la mayor parte de los Estados europeos. La droga que producen Bolivia, Perú y Colombia les llega a través de una compleja red de narcotraficantes muy bien conectada a grupos endógenos que elaboran la cocaína en plantas clandestinas, tras un recorrido casi siempre elíptico por varias fronteras nacionales, cuyas puntas terminales son el norte de México y el Caribe, lugar este último desde el cual la droga arriba a Europa a través de España y otros países de la región del Mediterráneo.

La inteligencia y la provisión de medios económicos y técnicos corresponden a las referidas tareas de coordinación y cooperación. La primera garantiza datos fidedignos del movimiento de los operadores de las “narcomafias”, sobre la base de los cuales los servicios nacionales de lucha contra las drogas pueden dar golpes más o menos certeros. Sin embargo, para estas embestidas requieren de ayuda económica y técnica. Necesitan de ambas cosas, particularmente, países como el nuestro, que cuentan de insuficientes recursos para costearse tales recursos.

Planteadas así las cosas, cualquier postura de insularidad que por causas puramente ideológico–políticas se imponga en materia de lucha contra el narcotráfico empuja a países como el nuestro a todo un descalabro en tan crucial espacio de gestión gubernamental, como ocurre actualmente entre nosotros, desde que la imprudente expulsión de la DEA norteamericana operara efecto de una colosal apertura de puertas nacionales al narcotráfico internacional.

Carente de información y demás medios de ayuda, Bolivia no pudo evitar que los operadores de las grandes mafias de la cocaína ingresaran en el país por todos sus costados. La producción de la droga se incrementó en forma drástica y nuestra FELCN apenas se dio abasto para descubrir plantas e interceptar el tráfico de drogas en casi todas las regiones del país. Otro factor propicio para el auge del narcotráfico fue el crecimiento ostensible de los cocales de Cochabamba, como resultado de la flexibilización de la política gubernamental sobre el tema.

Ha llegado el momento de que el Gobierno reflexione y vuelva a la cooperación y coordinación con países involucrados en la lucha contra el narcotráfico. Estados Unidos es uno de ellos y a su presidente Obama le asiste, repetimos, toda la razón del mundo para reprocharnos por haber fallado en el combate a las drogas.

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