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sábado, 18 de enero de 2014


vacas gordas...vacas flacas

"facilito administrar la bonanza,
la cosa es administrar la estrechez

E l titular de Economía y Finanzas, Luis Arce Catacora, ha adquirido la costumbre de presumir que la bonanza económica que vive el país ha sido producto de su gestión y ahora se ha permitido decir que el modelo del cual se dice autor sería capaz de salir indemne de una crisis internacional. Respaldado en criterios de algunos economistas nacionales que han optado por halagarlo, el ministro ha dicho que Bolivia no corre el riesgo de contagiarse de la crisis internacional que en este momento afecta a las economías de Brasil y Argentina, los principales socios comerciales.

Menos mal que un economista serio, y muy conocedor, como Héctor E. Schamis, publicó en El País, de Madrid, un artículo en el que muestra la diferencia entre Noruega, un país que ha manejado de manera ejemplar los recursos provenientes de los hidrocarburos, y los países –como Bolivia– que no han tomado previsiones.

Alude este autor a la metáfora bíblica de los años de vacas flacas y de vacas gordas para decir que ya en esas épocas se sabía que después de siete años de buenos precios, vienen otros siete de malos precios y que es preciso tomar las respectivas previsiones. Es decir que se debe ahorrar, como hacen los noruegos, para los años de las vacas flacas.

Schamis dice que en América Latina hay gobiernos que no han aplicado criterios anticíclicos por presiones políticas. Es decir que las urgencias políticas del momento hacen que algunos gobiernos dejen de tomar previsiones cuando hay una época de bonanza. El artículo alude, por supuesto, solamente a las actividades económicas legales, lícitas, y no a la economía sumergida, como se conoce en España a la economía ilegal o ilícita, y mucho menos a la delincuencial.

Administrar una bonanza es ‘facilito’, dijo hace dos semanas un experto entrevistado por EL DEBER. Y de veras que lo es. Lo difícil, lo que no es ‘facilito’, es aplicar políticas económicas inteligentes. Un ministro de Economía que en ocho años no ha reclamado al Parlamento la aprobación de la ley de inversiones está en deuda con el país.

Pero no es tarde. Quizá ahora se pueda hacer algo, comenzando por evitar que el entusiasmo electoral haga que crezca más todavía el gasto corriente, que la planilla de empleados públicos no siga creciendo tanto. Si no se comienza al menos por eso, no habrá de qué presumir en el futuro. (El Deber. SC)

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