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miércoles, 29 de enero de 2014

lleno de afecto para con sus anfitriones Mario y Patricia han recorrido la tierra de Misiones Jesuítas en Santa Cruz. abrumados por la generosidad y arropados por el pueblo, expresó su gratitud a los chiquitanos.

LEYLA ANAS - leylaa@eldeber.com.bo
Mario Vargas Llosa cerró su gira por las Misiones de Chiquitos con una advertencia: “Cuidado con la palabra identidad”, que considera peligrosa. 
Desde el púlpito de la iglesia josesana, alertó enfático que “por un lado identidad puede querer decir ‘esto es lo que yo soy’, pero lo que yo soy no puede estar reñido ni enemistado con lo que son los otros. Yo y los otros tenemos mucho más denominadores comunes que diferencias”, opinó el escritor al finalizar, en San José, una gira que además lo llevó por San Javier, Concepción, San Ignacio, Santa Ana, Santiago, e incluso el santuario de Chochís.


Motivado por las muchas veces que durante su viaje escuchó de la identidad chiquitana “con gran orgullo y desde luego que muy justificado”, aclaró el nobel de literatura 2010, “con todo el enorme cariño que tengo por los chiquitanos y por la felicidad que me han deparado en estos días”, el autor de Civilización del espectáculo lanzó la reflexión luego de escuchar un concierto de la Orquesta San José Patriarca, que actuó para él, dirigida por el maestro Antoine Duhamel.
En un discurso sentido, elocuente y que hace que trascienda su vivencias en el territorio cruceño, el autor de decenas de historias y padre de otro tanto de personajes que colman sus libros de identidades, recalcó que “la identidad chiquitana es formidable, la identidad cruceña es formidable, no es menos la cochabambina, o la paceña o la arequipeña, o la peruana. Todos somos matices de una cosa maravillosa que es América Latina y América Latina es una parte maravillosa de la comunidad de la lengua española que atraviesa los mares, que cuenta con decenas de países y por lo menos con 500 millones de personas. Pero ni siquiera esos 500 millones pueden hablar de una identidad enemistada con las otras identidades que pueblan esa riquísima floración que es el mundo de los seres humanos”, acotó.
Identidad universal
Para Vargas Llosa “por más rica que sea nuestra identidad es insuficiente para explicar todo lo que somos. Todo lo que somos se integra, tiende puentes, intercambia ideas, formas, sensaciones, creencias con las identidades de los demás. Precisamente la identidad chiquitana es una identidad universal porque está hecha de cosas tan diversas: el cristianismo está aquí mostrando una vitalidad que ha perdido en muchas partes del mundo, incluso en las que fueron sus fuentes. España está viva en estas iglesias, en la maravillosa lengua que compartimos, en la música barroca que ustedes han hecho suya. Por eso, porque tienen ustedes un espíritu universal, abierto, es que pueden tocar a Bach, a Vivaldi y a Tchaikovski y a Elgar como si fueran compositores suyos, nacidos aquí, en el oriente boliviano”. 
Un milagro cultural
Por esta universalidad Vargas Llosa considera que las Misiones de Chiquitos, Patrimonio Cultural de la Humanidad,  merecen ser visitadas no solo para gozar de su belleza arquitectónica, musical o geográfica, sino para descubrir que el pasado se puede volver presente y cómo se absorbió la cultura occidental en lo mejor que ella tenía con los matices de sus usos y costumbres, sus mitos, leyendas y creencias.
“Los chiquitanos no lo saben, pero han operado un verdadero milagro cultural que debería ser ejemplo para aquellas sociedades que rechazan su pasado o lo miran con desprecio o que lo ignoran porque piensan que la mejor manera de vivir el presente es dando la espalda al pasado. No es así. Yo creo que la mejor manera de encarar este presente difícil, turbio e incierto es como han hecho los chiquitanos, viviendo su pasado como un arma extraordinaria para enfrentar el presente de una manera creativa”.
Con razones históricas
Como corolario de una maratón que exigió del nobel una entrega -que no le cuesta dar- y hasta resistencia física, la vivencia que tuvo en Chiquitos fue para él “una lección de historia viva, conmovedora” y para los testigos de su recorrido, la constancia de que Santa Cruz recibió a un personaje que prueba su grandeza en su sencillez.
De palabra firme, mirada siempre atenta y de frente con la claridad de sus ojos verdes, Mario Vargas Llosa, en su 1.85 de estatura, es un ser vital y exponente de una inusual juventud aún en sus casi 78 años de edad.
No escatimó elogios, pero no los lisonjeros, sino los que con razones históricas, el escritor peruano declaró admiración por los sitios a los que llegó. El pasado hecho presente, la vocación musical materializada en el Archivo de Ñuflo de Chávez, las orquestas y los niños y adolescentes dedicados a la ejecución instrumental y vocal, los pueblos “sencillos” y los templos “elegantes”, son aspectos que destacó el novelista, convertido ahora en embajador de esta cultura a la que considera un ejemplo 
Detalles del personaje en su gira chiquitana
AFINIDADESLa Fundación Nueva Democracia de Bolivia invitó a Vargas Llosa a visitar Santa Cruz por la afinidad de trabajo que tiene con la Fundación para la Libertad que preside el escritor. A su vez, el autor llegó a la capital cruceña con su esposa Patricia Llosa, Gerardo Bongiovanni y Alejandro Chafuen, directores de la Fundación para la Libertad y gestores de desarrollo social y de ideas en América Latina, personajes que también vivieron la experiencia chiquitana con sorpresa y satisfacción.
Lleno de regalosUna característica de la recepción que mereció Mario Vargas Llosa en todos los lugares donde estuvo en las misiones fueron los múltiples y diversos obsequios que tuvo. Decenas de libros, incluso una Biblia y un diccionario en bésiro, cerámicas, tallados, un bastón de mando de cacique chiquitano, camisas propias de la zona, horneados típicos, frutas y tejidos fueron enviados en una carga por separado a su equipaje.
Actitud elocuenteCuatro días de viaje, seis pueblos visitados, además del santuario de Chochís fuera del programa, casi mil km que grafican el área geográfica por donde anduvo e insistentes flashes de prensa sobre él no mermaron la amabilidad del escritor para caminar, para degustar todo lo que se le invitó, para conversar con la gente, para acceder a todas las fotos, firmas y entrevistas que le solicitaron.
Al menos este año no regresaráAunque quedó cautivado, no sabe si escribirá en su producción de ficción algo sobre Chiquitos, pero quizá sorprenda a Bolivia con un regalo como ese. Lo que sí adelantó es que este año no estará en Cochabamba, ante una invitación del colegio La Salle. “Ya respondí que no y me disculpé”, dijo.
PUNTO DE VISTA
Me voy con más ganas de ayudar a Chiquitos
Alejandro Chafuen / Pdte. Fundación Atlas y dir. Fundación para la Libertad
En mi  labor que es ayudar a gente que trabaja haciendo estudios para mejorar su ciudad y su región trato de buscar burbujas de sanidad, sectores de países donde encuentro que la sociedad civil es vibrante, pujante.
Ya conocía Santa Cruz de la Sierra y lo mucho que hizo la sociedad civil para construir esa gran ciudad pujante con espíritu empresarial. Lo que no sabía es cómo se llegó a esa cultura y este viaje me ha maravillado porque vi que es algo que se desarrolló durante siglos en los que ustedes aprendieron a vivir con gente de diversos talentos, culturas y orígenes. Eso es lo más importante de mi experiencia en esta gira por Chiquitos. Me voy con más ganas de ayudar y de conseguir gente que quiera ayudar a reforzar lo que está haciendo en Chiquitos la sociedad civil de Santa Cruz, tanto de los municipios como de la Gobernación, en este pulmón de las Américas.
Dejando de lado el aspecto patrimonial de la cultura, también me llamó la atención la geografía porque por más de que tengo una hermana que vive hace más de dos décadas en Santa Cruz, nunca había estado en otras zonas del departamento de Santa Cruz. La variedad geográfica acompaña la variedad de las personas.
Pero lo que más me llamó la atención es el trato cordial, la generosidad, ese espíritu de querer dar regalos y de recibir bien a la gente aquí es algo espontáneo. Yo viajo por todo el mundo y uno nota cierta apariencia de querer quedar bien.  Te dicen amigo, pero no quieren decir amigo, sino usted turista, extranjero, hombre blanco... Y aquí realmente lo piensan, la amistad es muy natural
No solo yo tengo esta impresión, sino que alguien como Mario Vargas Llosa, que cuando habla lo escuchan miles, se lleva la misma imagen, lo que es más importante 

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