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domingo, 24 de febrero de 2013

Susana Seleme en el más corto artículo que le conocemos es contundente cuando señala a un poder judicial complaciente subordinado el poder político que manipula el caso Terrorismo - Separatismo que se desarrolla en Santa Cruz


Es el complot terrorista-separatista elucubrado por el Gobierno para eliminar a la dirigencia autonomista cívico-política cruceña, obstáculo al proyecto de poder centralista, autoritario, re-re-eleccionario del autócrata presidente Evo Morales. Toma el nombre del infiltrado en la dirigencia cruceña, Eduardo Rózsa, asesinado extrajudicialmente en operación encubierta, el 16 de abril de 2009, en el hotel Las Américas de Santa Cruz.

La audiencia conclusiva oral del proceso se ventila ahora en esta ciudad, luego de 3 años de andar itinerante: La Paz, Cochabamba, Yacuiba, Tarija, violando el debido proceso, amén de ‘esconder’ tachaduras, borrones e irregularidades correlativas en la foliación en el expediente. Si aquí se cometió el atentado al domicilio del cardenal Julio Terrazas, que dio pie al título de ‘terrorismo’, aquí debió haberse sustanciado la causa, respetando el juez natural que correspondía a esta jurisdicción. Sin embargo, todos los miembros del tribunal pertenecen a los estrados judiciales de La Paz.
El actual juez, tras reinstalar el caso en esta ciudad, permitió el ingreso por primera vez de la prensa y familiares de los detenidos a la sala, a lo que se oponían los fiscales y la representante del Gobierno. Aquí se escuchó la defensa del general en ejercicio pasivo Gary Prado Salmón, impedido de asistir a otras audiencias por su condición tetrapléjica. Trasladar el ‘caso Rózsa’ a ciudades de altura puso en peligro la vida de uno de los imputados con graves dolencias cardíacas, que ha acusado al tribunal de intento de homicidio.
El proceso abierto contra 39 personas, unas presas, otras en el exilio, hace aguas por las mentiras y contradicciones del Gobierno, como han demostrado los abogados defensores. Todos los indicios apuntan a que en el ‘caso Rózsa’ sí hubo terrorismo, pero de Estado: los únicos actos terroristas fueron cometidos por sus agentes encubiertos, quienes colocaron la bomba en la casa del cardenal y asaltaron el hotel donde fue asesinado Rózsa, el único testigo que podía acusar al Gobierno como autor del ‘complot’, según declaraciones de un sobornado testigo oficialista, hoy en el bando de acusados.
El ‘caso Rózsa’ es una pesadilla kafkiana, como la obra de Franz Kafka, El proceso, que lo define más político que judicial, sujeto a la impotencia frente al poder de una administración de justicia sometida al poder político. Peor aún, un poder judicial complaciente y subordinado al poder político

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