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viernes, 14 de septiembre de 2012

arrastra a Venezuela a incertidumbre nefasta. Karen Arauz se refiere a la amenaza apocalíptica de Chávez con una guerra civil si no le dan sus votos.


Si Hugo Chávez no está curado -lo que es altamente improbable- está demente. El frenesí con el que encara su campaña y la irresponsabilidad con la que está manipulando el sentimiento de los ciudadanos venezolanos que lo siguen o al menos piensan votarlo, es indecente. Se sabía que usarían el voto solidario y compasivo para llevar agua a su molino, pero las últimas actuaciones del candidato está tomando un cariz muy ruin. La base de sustentación de Chávez, son los sectores más deprimidos y por ende los más proclives a creer en el espejismo que su situación -en virtud a programas populares asistencialistas- son la solución a su problemas actuales y su garantía de sobrevivencia futura.
La necesidad de un milagro referido a la curación de su líder es precisamente eso, una necesidad, pues de otro modo no sería ni creíble ni admisible que alguien en sus cabales, estuviera arrastrando a millones de personas a una incertidumbre nefasta. Qué pasa si la salud de Hugo Chávez se deteriora a días de la elecciones o días después? Con algo de cordura, hubiera sido más conveniente que en su delirio de trascendencia declinara su candidatura a un delfín por él mismo criado reservándose el papel de rey mientras la vida se lo permitiera.
Parece que su alucinación patológica lo lleva de Luis XIV y “el Estado soy yo” por el modo como ha dispuesto de bienes y vidas de la gente, para abandonar por momentos la idea de que es inmortal y hace suya -en los hechos- la sentencia de Luis XV “después de mi, el diluvio”. De ahí su amenaza apocalíptica que de perder las elecciones en Venezuela correrá mucha sangre, pues por su suprema voluntad, se desatará una guerra civil, lo que en su demagogia equivale a decir que después de él, o sin él, están todos perdidos. Qué gran demostración de entrega y amor a su patria. Y encima tiene el tupé de compararse con el Libertador.
No sería de extrañar, que en sus cálculos prefiera que Romney sea elegido presidente de EEUU. Obama, no se sabe si por buen criterio o distracción no le ha dado la repercusión anhelada a sus bravuconadas ni le ha prestado más importancia de la que tiene. Es evidente que esto lo saca de sus casillas. Quién sabe los republicanos, para quienes Chávez y su estrecha amistad con el terrorista iraní Ahmadineyad es un asunto de seguridad a no dejar pasar, probablemente le dará la relevancia que él cree merecer y si todo sale bien, hasta amenazas de intervención a Venezuela pueden surgir.
La indiferencia y ninguneo de la actual administración hacia él, es una desventaja bajo su óptica. El arremeter verbalmente a quien le compra tanto petróleo, le ha reportado réditos políticos y una imagen del “macho” revolucionario que ha encandilado a varios de sus émulos, la amistad incondicional de los Castro y hasta la simpatía de ciertos rusos y chinos nostálgicos de la guerra fría. Su batalla de improperios hacia los “pitiyanquis”, es una lección aprendida por los otros comulgantes de la esotérica comunidad del Alba, a la que no podemos dejar de incluir a la Argentina, pues su presidenta, tiene aproximados delirios de perenne permanencia en el poder.
Sería fantástico que los gringos le levantaran la voz. Recuperaría su carácter de líder indiscutible del Sur de las Américas que a estas alturas, está siendo copado por reyezuelos locales tipo Correa, que le están resultando demasiado independientes y contestones para su pretendido liderazgo hegemónico. Su campaña para implantar el terror en los medios de comunicación por no hacerse eco de sus relatos que tiene alelado a un gran porcentaje de la ciudadanía para quien es más cómodo creer que analizar, no es óbice para que la opinión internacional observe detenidamente al gobierno venezolano como tolerante ante el narcotráfico, obscena cercanía a terroristas internacionales, manos libres a la corrupción y utilización inmoral de las formas democráticas.
Su estilo chabacano y soez, se está volviendo empalagoso aún para sus interesados seguidores que lo soportan por la conocida ecuación costo- beneficio. El despilfarro en gastos públicos que beneficia a unos cuantos, es la principal causa de la inflación en Venezuela y como todos sabemos, no hay modo mejor para empobrecer a la gente, que una buena inflación. El control de precios de los más elementales productos ocasionan con demasiada frecuencia escasez y especulación.
La generosidad de Chávez hacia sus pares aplaudidores que asciende a cientos de millones de dólares, con una prensa controlada y opiniones sojuzgadas, está comenzando a resonar en los oídos de los más fervorosos que aún así, apenas pueden mantener a una familia con mediano decoro y vivir con un nudo en el estómago esperando que sus hijos no se conviertan en un número estadístico de los aproximadamente veinte mil asesinatos violentos por año que se registran en las calles venezolanas apenas iluminadas.
Ojala que el miedo sea vencido. De otro modo, nada bueno se avecina para esa hermosa Venezuela atrapada y atormentada en virtud a la manía patológica de un personaje que con demagogia y sin ninguna piedad, ensombrece día a día su futuro.

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